Espectaculos Jueves, 22 de noviembre de 2018

Vincent Cassel vuelve Sin dejar huellas

El filme de Erick Zonca cuenta la historia de un joven que desaparece y comienza la búsqueda al mando de un detective con problemas de alcoholismo.

Vincent Cassel vuelve a la pantalla grande y fiel a su costumbre mutará en otra de sus sorprendentes criaturas. Después de ser el famoso y polémico pintor en Gauguin, viaje a Tahití ahora será un alcohólico detective en busca de justicia en Sin dejar huellas. El filme de Erick Zonca, que se estrena esta semana en todos los cines, cuenta además con el coprotagónico de Romain Duris, en una coproducción de Francia y Bélgica.

"Cassel lo consigue. Le da fuerza a uno de los personajes más interesantes de su carrera", reseña The Hollywood Reporter en una producción que el diario El Universal la tildó de "devastadora, al mejor estilo noir clásico".

Sin dejar huella gira en torno al drama de Dany, el hijo mayor de la familia Arnault, quien desaparece sin dejar rastro. En medio de la desesperación de todos, su madre Solange (Sandrine Kiberlain) llama a la policía pidiendo ayuda. Allí es cuando aparece en escena el comandante François Visconti (Cassel), un cansado y desilusionado detective con problemas de alcoholismo que acaba de ser abandonado por su mujer y será asignado para este complejo caso.

Al principio, Visconti está seguro de que Dany simplemente escapó de un ambiente familiar lleno de problemas, pero una llamada anónima lo hace contemplar otras hipótesis. Y es allí cuando la trama toma un vuelo apasionante en un thriller que lleva la tensión hasta el final.

"Esta es una historia que aborda la relación a veces difícil, otras veces terrible, entre padres e hijos, representada a través de una intrincada trama plagada de pistas falsas y de una humanidad violenta y maltratada", dijo el realizador Erick Zonca, quien agregó que su película toca "cuestiones muy sensibles, ya que también alcanza los peores temas: el incesto y el asesinato".

Sin dejar huellas es un thriller con tintes de filme noir, con el suspenso necesario para atrapar al espectador, con unos diálogos simples pero contundentes, con secuencias desgarradoras y una ambientación sombría. La narración lineal poco a poco va llevando a la pistas para descubrir qué pasó con el joven. En este sentido, cumple con los requisitos de su género y lo hace con un ritmo acorde.

Sobre este punto también se explayó el realizador: "Utilicé el género del cine negro con policías, noticias, suspenso y misterio. Sentí que era importante anclar esta realidad monstruosa en la ficción para permitir que el público se acercara a las orillas del terror a través de una historia inventada que les permitiera mantener una distancia suficiente de la espantosa verdad".

Basada en una novela del escritor israelí Dror Mishani, conocido por su serie de obras criminales, el cuarto largometraje de Erick Zonca es un relato en donde se sigue al comandante François Visconti, un detective muy singular, que entre muchos de sus problemas. tiene una pésima relación con su hijo; un joven que se dedica a vender drogas.

El personaje de Visconti es agresivo, alcohólico, vive obsesionado con su ex esposa y trata de ayudar, a su manera, a su hijo de una manera particular. El detective irá entendiendo de a poco las dificultades entre la relación de un padre y su hijo cuando tenga que resolver el caso que le asignaron.

Además Cassel mantiene una actuación corporal extraordinaria, que refuerza la forma y fondo de las características del detective Visconti.

"Elegí un personaje que corresponde a los códigos del género: los de la desilusión, el cansancio, la ceguera, pero que también tenga una determinación implacable de desenterrar la verdad. De hecho, el héroe del cine negro pierde y se encuentra de nuevo enfrentando el mal, que es la única forma en que puede renacer de las devastadoras y humeantes cenizas de un mundo insoportable", destacó el cineasta que ya había trabajado sobre el tema del alcoholismo en Julia (2008), aquel filme protagonizado por Tilda Swinton en la que se inspiró en la película Gloria, de John Cassavetes.

El realizador francés de 61 años había ganado jerarquía en el mundo del cine a partir del premio César a la mejor película obtenido en 1999 con La vida soñada de los ángeles.

Más noticias