Ramiro Ortiz [email protected]
Juan Leyrado cuenta la experiencia cuasi religiosa de tener que interpretar a un Dios en crisis que hace terapia en la Tierra
Una terapia celestial con dos maestros de la actuación
Dios. Creador. Sean muchas deidades o una, desde la perspectiva religiosa que fuere, la idea o creencia de un ser superior y omnipotente persiste milenariamente. ¿Qué pasaría si trizamos la idea de su omnipotencia y lo ponemos en crisis? ¿Se puede, vale? Claro, sobre todo si se es un dramaturgo y hay ganas de crear sobre el creador.
La guionista y dramaturga israelí Anat Gov fue quien dejó fluir su pluma con astucia e ideó la obra teatral Dios mío, cuya exitosa versión argentina (Premio Estrella de Mar) se estrenará esta noche en doble función en el Independencia. Con las actuaciones estelares de Juan Leyrado y Thelma Biral, y dirección de Lía Jelín, la puesta, en clave de comedia, hace que Dios (Leyrado) conflictuado baje a la Tierra para ver a una terapeuta (Biral).
He aquí la palabra del Señor (Leyrado), quien señala el camino recorrido en este desafío escénico.
“Cada personaje que uno transita –cuenta Juan–, cada momento es único para uno y para el espectador. Aunque sea la misma obra y compañeros, uno no es el mismo. Y en realidad los compañeros y la obra tampoco. Todo se transforma, es la forma de seguir existiendo y eso es lo maravilloso. Como el saber acompañar el proceso de modificación que día a día hacemos los seres humanos. Por lo tanto, en la base de una obra extraordinaria y con una compañera extraordinaria yo voy haciendo mi experiencia de un personaje en el que cada día me reencuentro con una visión profunda de lo que significa para mí la presencia de Dios”.
–¿Y cómo sentís esa experiencia?
–Cuando salgo a hacer la obra no salgo ensanchado porque me creo Visita Leyrado y Biral en Dios mío Una terapia celestial con dos maestros de la actuación. No. Salgo cada vez más pequeño, porque me doy cuenta que es un partícula de un ser, de una cosa cósmica de la cual yo soy apenitas, como todos, lo más pequeño que existe. De todas maneras, eso en mí es una totalidad, esa pequeñez para mí es mi totalidad, es lo que me rodea y ya no la vivo como una pequeñez. A partir de la experiencia de vida y de este personaje, la vivo como una totalidad enorme que tiene una connotación de felicidad inmensa. Porque hago lo que me gusta, porque tengo la familia que quiero y porque puedo adentrarme en un personaje desde un lugar que me permite este crecimiento y estas apreciaciones.
–¿Fue un autodescubrimiento?
–Claro. Yo creo que fui descubriendo la visión que tenía sobre Dios, por eso también me fui amigando. Crecí en una familia católica, hice la comunión, desde el punto de vista cultural yo tenía una bajada de línea de lo que significa Dios. Y al encontrarme con este Dios con dificultades me emparenté un poco más y fue mucho más cercano, yo siempre sentí y tuve la percepción de que nosotros al ser una creación de Dios teníamos mucho que ver con esa imperfección que Él puso. Creo que la imperfección es parte del juego y de esa totalidad genial, como el Yin y el Yang.
–¿Una mirada más oriental?
–Eso yo lo leía mucho en otra época, cuando avanzaba en temas relacionados con otras formas de pensamiento filosófico, si se quiere algo más oriental. Bueno y ahora descubrí que estoy mucho más cerca, que no me tenía que ir al Tíbet ni cambiar de visión o de registro para estar cerca de Dios. Seamos de la religión que seamos y a pesar de nosotros mismos, siempre estamos cerca de Dios si estamos cerca de nosotros.
–¿La comedia no hiere alguna susceptibilidad religiosa?
–No es una obra religiosa. No habla de religión. Las religiones fueron creadas por el hombre y se basan en determinados momentos de esas creencias de los hombres con sus imperfecciones y subjetividades. Esto no es una mirada religiosa, por lo tanto vienen a verla muchas monjas, rabinos, gente de distintas religiones, los que se piensan ateos también. Lo inteligente de la obra es eso, que plantea otra cosa y es importante la adaptación, que la acercó más al mundo de nosotros.
–¿Cuál creés que es el secreto del éxito de este arriesgado texto?
–Uno nunca puede descifrar con objetividad el secreto del éxito porque siempre nos la pasaríamos haciendo esa misma idea. Creo que la obra llega a un lugar fantástico, espersonaje, al no haber antecedentes. Siempre digo que si hago de mecánico voy ver a mecánicos y veo cómo son. Acá tuve que bucear por otras zonas y lo hago todas las noches, este personaje no termina de construirse. En general ningún personaje termina de construirse porque nosotros tampoco terminamos de construirnos. Pero este en particular es más infinito.



