El director de la cinta argentina El inventor de juegos habla de su filme que llega el jueves a las salas locales.

Una película argentina que parece hecha en Hollywood

Por UNO

Por Fernando G. [email protected]

Una aventura se despliega con aires de maravilla. Un niño, un enigma y un mundo que empieza a mostrar sus rostros más extraños. Esos son algunos de los ingredientes de El inventor de juegos, la novela del autor argentino Pablo de Santis que llega esta semana convertida en una película de aventuras muy particular: fue producida por Argentina y España y rodada en nuestro país, pero con los cánones, el idioma y algunos actores de Hollywood. Sin nada que envidiarles a productos cinematográficos de la línea de la saga de Harry Potter o Narnia, El inventor de juegos está concebida como una fantasía en la que el niño Iván Dragó participa en un concurso de juegos y aunque lo gana no conoce cuál es el premio. Averiguarlo le demandará una cadena de sucesos extraordinarios que incluirá la pérdida de sus padres y el enfrentamiento con Morodian, un malvado poco convencional.

Juan Pablo Buscarini, director de exitosas cintas argentinas destinadas al público infantil (Cóndor Crux, El ratón Pérez) es quien encabezó el proyecto y el desafío. Enamorado de la historia desde que leyó el libro de De Santis, el realizador se propuso llevar a la pantalla grande este proyecto complejo y exigente. Al encontrarse con el interés de Disney Latinoamérica, el camino se allanó y concluyó en esta cinta rodada en la Argentina, con Joseph Fiennes (Shakespeare apasionado), David Mazouz (Touch) y actores argentinos en los protagónicos.

Antes de llegar a Mendoza para una ronda de prensa (el próximo viernes) y poco antes del estreno de su más esperada película, el realizador rosarino anticipó sus expectativas sobre esta cinta que promete ser uno de los éxitos de la temporada en las taquillas del mundo.

–A poco del estreno de El inventor de juegos, ¿qué expectativas tenés sobre la película?–Estoy muy tranquilo por la película como obra artística y como producto. Cuando uno hace cine infantil entiende que va a un público amplio. Con el cine infantil se despejan las ilusiones de ganar en Cannes o Venecia. Uno tiene otras expectativas. Algunos han visto la película y no dejo de recibir elogios sobre la factura técnica y la actuación.

–Pero hacías una distinción entre el logro artístico y el “producto”. ¿Esto se refiere al éxito que se espera pueda tener?–El hecho de que le vaya bien no es un hecho menor: implica seguir soñando. Nos arriesgamos a una jugada que era distinta a lo visto en el cine argentino. Cuando leí El inventor de juegos y empecé a pensar en que esta iba a ser una película grande, nos jugamos a un modelo de ir a buscar socios canadienses, europeos y empezamos a pensar en una escala grande. Por suerte Disney acompañó de una manera intensa. Así que hoy estoy ante una película a la que me gustaría que le vaya bien, porque inaugura una forma de producir contenidos infantiles que tengan desde el inicio una producción nacional. El que está en la industria del cine sabe lo que es. Estoy tranquilo con la película, pero ansioso con lo demás.

–¿Cómo llegaste a la novela de Pablo de Santis y qué desafíos representó la producción, que, por cierto, se realizó en la Argentina?–Era lector de De Santis desde sus novelas para adultos. Me enteré de este libro y lo leí justo cuando estaba filmando El ratón Pérez. Lo llamé en el rodaje porque ya se me puso en la cabeza la adaptación. Cuando lo leés desde el cine también te imaginás lo grande que puede ser. A él le gustó mucho lo que hice con El ratón Pérez, me dijo que se notaba que quería hacer un cine industrial de calidad y con sello argentino. Me cedió los derechos y trabajamos en la adaptación. La decisión de hacerla global me llevó también a hacerla en inglés. No es cuestión de encontrar un traductor, nada más. Es adaptarlo a giros, a gags, a todo. Tuve la suerte de que había un inglés de la industria del cine que lee en español y amaba esta historia, y me ofreció el ingreso al casting internacional. Al trabajar con Damon Syson salió un buen guión que capturó la atención de los productores.

–La cinta se entronca con antecedentes como Harry Potter, Narnia o La brújula dorada. Pero además en tu caso has dirigido sólo películas que puede considerarse como destinadas al público infantil y juvenil. ¿Existe una especialización? ¿Hay una manera diferente de filmar para un público u otro?

–Tiene que existir una gran pasión por esto. Es un cine que da satisfacciones. No creo que uno se tenga que encasillar, pero tampoco es tan fácil dirigir cine y si aquí está mi espacio, lo aprovecho. Tengo ganas de hacer un film noir, en Bolivia, pero en ese segmento hay muy buenos directores.

–Hay varios sentidos en la historia. Por ejemplo, la idea de la vida misma es un juego o puede serlo, aunque no conozcamos bien su objetivo. Y, por otro lado, la tensión que se produce entre el pasado y el presente, en el sentido de aquellos hombres que mantienen la tradición de los juegos frente a los que buscan innovar a como dé lugar. ¿Te interesaba mostrar esas tensiones?

–Absolutamente. Y te diría que el que vea El inventor de juegos y haya leído antes la novela va a encontrar que la película cambió algunas cosas. Pero es muy buena tu lectura, por la tensión entre el mundo romántico que representa el personaje de Fiennes (Morodian) y lo que representa la ciudad Zys. Creo que por eso la película tiene una profundidad filosófica grande sin dejar de ser un thriller de aventuras.

“Este chico es de otro planeta”

El inventor de juegos tiene dos personajes principales, los antagonistas: el pequeño Iván Dragó (interpretado por David Mazouz) y el extraño Morodian (Joseph Fiennes). El niño se destacó por su papel en la serie Touch, con Kieffer Sutherland. En tanto Fiennes es recordado por encarnar al bardo inglés en Shakespeare apasionado. El director rosarino Juan Pablo Buscarini contó sobre la experiencia de dirigir a estos actores.

–Esta es tu primera experiencia en una película que no es sólo de animación. Pero, además, trabajás con actores de renombre, tanto locales como internacionales. ¿Cómo te resultó ese cambio?–No lo percibí como un salto. El ratón Pérez se filmó de manera convencional. Además yo tenía experiencia en dirigir segundas unidades, y en los ’90 hice muchos comerciales. El verdadero desafío fue filmar en Argentina en inglés. Esta gente no venía con un ejército de afuera, sino para trabajar con gente local. A mí me preocupaba el protagonista infantil, David Mazouz, que actuaba en 56 de los 57 días de rodaje. Pero es increíble su profesionalismo. Hay una escena de una película con un plano secuencia de dos minutos con Joseph Fiennes. Fiennes se me acercó después de conseguir la escena en la segunda toma y me dijo: “Este chico es de otro planeta, jamás pensé que lo íbamos a poder hacer”.