Espectaculos Miércoles, 21 de marzo de 2018

"Una obra, un sueño y un niño que cambiarán pensamientos"

Esta puesta teatral de Leandro Chapuis esta basada en situaciones acaecidas en plena época de la última dictadura militar y se montará sólo cuatro días, en el teatro Cajamarca

Esta obra de teatro transcurre entre 1976 y 1979, durante la última dictadura cívico militar. La historia narra la vivencia de una mujer en la búsqueda de su hijo desaparecido. Es protagonizada por Lorena Membrive y Beto Di Cesare. La obra transcurre en 1976 y Soledad es acechada noche tras noche por una pesadilla en la que, en pleno cautiverio, le es revelado un nombre y una fecha. Entiende que se trata de un niño, porque además aparecen unos escarpines y escucha una voz que le encarga su cuidado. Tal vez por ser hija de un militar y viuda de un ex agente de las fuerzas, emprende la tarea de ir detrás de esas pistas y, para su sorpresa, descubre que esa pesadilla tiene conexión con la realidad.Leandro Federico Chapuis, quien escribió y dirige la obra, se formó en actuación con numerosos maestros y luego se desvió a la dramaturgia con maestros como Kartun, Barchilón, Palacios y otros. Finalmente se inclinó a la puesta en escena con el maestro Szchumacher. Como autor, Invasión fue su primera obra, llevada a escena en 2016, con dirección de María Rojí; le siguen La pancarta, que se estrena este viernes 23 de marzo; Los frenólogos, que se encuentra en proceso de montaje; El papelito y El lunar, ambas obras sin estrenar. Actualmente reparte su tiempo entre la investigación, la docencia, la escritura teatral y narrativa y la producción y dirección de sus obras. En esta nota habla sobre esta obra que seguro dejará profundas huella en los espectadores. -¿Por qué elegís dirigir esta obra? -Lorena Membrive, actriz de la obra, un día me ofrece actuar un texto que le había llegado de un tal José María Vega, que estaba situado en la época de la dictadura. Cuando leí el texto me di cuenta de que era una hermosa literatura, pero que iba a representarnos muchos problemas a la hora de la puesta. Así fue que le propuse adaptarlo, pero en el intento vi que iba a ser mejor escribir una obra desde cero, tomando algunos de los elementos de la obra de Vega. Con muchas dudas empecé la escritura porque no quería que fuera una obra con víctimas, ni que hubiera malos y buenos. En un proceso que duró un poco más de dos años, con una reescritura en el medio, surgió así la primera versión de la obra. Para ese entonces ya me interesaba más dirigirla, así que salimos en busca de un actor, y dimos con Beto Di Césare. Ahí empezó el viaje. Si bien tuve experiencias previas en dirección, esta es la primera obra en la que puedo decir que ocupo plenamente el lugar de director.-¿Qué hace que la obra sea tan conmovedora?-Si en toda época de dictadura hay un "ellos" y un "nosotros", la obra está encarnada por dos personajes que pertenecen al "ellos". Y de este modo podemos ver algo del lado humano de estos personajes que podrá hacer identificar a cada espectador en algún sentido. El resto corre a cuenta de la trama, que es lo que revela cómo esa mujer, Soledad, gracias a la visita del agente, va atando muchos cabos que estaban sueltos.-¿Cómo es la puesta en escena?-Está trabajada en un código realista, pero con ciertos escapes o licencias. La escenografía, por ejemplo, no es realista, porque nos permite transformar con mayor fluidez el ambiente en los momentos de quiebre de la obra. Desde lo visual trabajamos con la idea del encierro, y el punto de fuga como conceptos presentes en el inconsciente de la época. El embudo que se genera invita a la mirada a percibir constantemente al reloj en el centro del escenario.-Transcurre entre el '76 y el '79. ¿Es difícil marcar la época desde todos los aspectos?-Como autor, y sin haber vivido esa época, tenía el desafío de lo verosímil, por lo que hubo mucha investigación previa. Me pasé horas viendo documentales y leyendo notas y libros. De ahí sólo restó confiar en que la escritura estaba siendo coherente con ese universo.La otra marca temporal es el vestuario, área en la que contamos con la experiencia de Andrea Cardozo. Y los objetos y el mobiliario también cumplen su función temporal, detalles que fueron cuidados por la experimentada Graciela D'Alessandro.-¿El apoyo logrado es por la temática que tocan?-Tal vez sea más bien porque es una propuesta diferente para una temática que a mucha gente cansa. Nos hicimos conocidos en el EPM (Espacio Para la Memoria) a través de Lorena Membrive que milita en la agrupación HIJOS. En ese espacio nos recibieron con mucha confianza y de a poco empezamos a ganarnos un lugar cuando recibimos tan buenas críticas después de una serie de ensayos con público. Mucha gente ya nos ha visto y confía en la función sanadora que tiene esta obra. De ahí el amor y el apoyo de mucha gente.-Contame algo de los dos protagonistas ¿Cómo componen sus personajes?-El proceso de montaje fue muy desafiante para todos. Con Lorena tuvimos que hacer un exhaustivo análisis para entender qué clase de personaje iba a estar encarnando, y desde qué lugar: la psicología de Soledad, su refugio en la Iglesia, aquello que sabía pero no se animaba a cuestionar, su relación con su padre y su marido, y la importancia en el contacto con Madres de Plaza de Mayo. Todo esto atravesado por la propia historia de ella que es hija de Miguel Membrive, desaparecido en la última dictadura.Con Beto también tuvimos un proceso intenso pero diferente. Hubo que hacer un trabajo de indagación en el imaginario de los que se dedicaban a causar el dolor, para luego abandonarlo y quedarnos con la forma, vaciando a Beto de esa oscuridad del personaje. En lo general, en cada ensayo nos encontrábamos con más y más detalles que nos hacían profundizar más y más sobre la composición de los personajes y la comprensión del contexto de la historia, por lo que la motivación siempre estuvo presente. Ambos actores tuvieron un crecimiento enorme y eso me da muchísima satisfacción como director, pero por sobre todo como amigo.-¿La visita que recibe Soledad cambiará su vida? -El espectador es testigo de la lenta transformación de Soledad, condensada en el breve tiempo de la obra, proceso que a cada persona en la vida real nos llevaría días o semanas o incluso meses. Y como resultado toma una decisión que, al no ser enunciada en palabras, queda libre a la interpretación de cada espectador. El cambio en su vida será tan significativo como cada uno lo decida. "El teatro sana. El arte en sí nos invita a abrirnos, a sentir, a soltar por un rato todo lo que somos para poder encontrarnos en el aquí y ahora con eso que nos mantiene entretenidos. Luego viene el fin y la sensación de que algo cambió dentro de nosotros. Una pieza más, aunque más no sea pequeña, está en otro lugar", finalizó Leandro Chapuis, el director.Cuándo viernes 23 y 30, sábado 24 y 31, a las 22Dónde teatro Cajamarca(España 1767, Ciudad)Entradas$120