Por Selva Florencia Manzur - [email protected]La delicadeza, potencia y legado del maestro mendocino de las artes plásticas Antonio Sarelli puede ser apreciado en todo su esplendor desde este viernes, en la Nave Cultural. Esto porque la Municipalidad de la Capital ofrece en ese espacio, hasta el 8 de noviembre, una retrospectiva de su obra formada por 68 pinturas de distintas etapas de sus más de 60 años de carrera, titulada En el latifundio del arenal humano.
Sarelli tiene 79 años, estudió en la Academia Provincial de Bellas Artes, obtuvo diversos reconocimientos a lo largo de su carrera y sus obras pueden encontrarse en museos y colecciones privadas desde Mendoza, su tierra natal, hasta Barcelona, España. Su enorme talento y dedicación –durante décadas trabajó de día y pintó sin cesar por las noches– lo distinguen como uno de los referentes de la pintura contemporánea local y del país.
La muestra en la Nave fue curada por su hija, la también artista Rebeca Sarelli, y Pablo Chiavazza. Está organizada por décadas en torno a dos obras centrales, Evocación y Resurrección, y estará también en exposición un poema que el recordado Alberto Cirigliano escribió para él con motivo de la inauguración de una muestra de Sarelli en los ’80.Los cuadros en exhibición son propiedad de Sarelli, a excepción de tres que estaban en poder de familiares suyos y fueron cedidos para la ocasión. También estará El entorno de siempre, obra con la cual ganó un concurso en 1973 y que forma parte del patrimonio del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza.En el interior de su taller, ubicado en Villa Hipódromo de Godoy Cruz, el artista nos recibe –mates de por medio– para entablar una charla en la que habla de sus orígenes y reflexiona sobre el presente.–Es conocido por su gran humildad, por eso es inevitable preguntarle: ¿cómo se dio esta retrospectiva y cuánto tuvieron que convencerlo su hija, Rebeca, y su esposa, Silvia, para que aceptara? –Fue una invitación de la Municipalidad de la Capital, pero fueron ellas dos las que me conminaron a que aceptara este desafío. Y realmente, Pablo (Chiavazza) y Rebeca trabajaron maravillosamente porque no me dejaron hacer nada (risas). Es decir, seleccionaron las obras, prepararon la muestra y dicen que esta noche (por este viernes, día de la inauguración) me van a dar la sorpresa. ¡No sé qué sorpresa será! Porque a estos cuadros los he visto tanto ya que no creo que me sorprendan (risas). Sin embargo, yo digo que la vida siempre te da nuevas sorpresas.–¿Por qué se llama “En el latifundio del arenal humano”? –Yo no recordaba de dónde venía esa frase, pero mi hija me hizo recordar que es parte de un poema que Alberto Cirigliano escribió para mí con motivo de una muestra mía que tuvo lugar en los ’80. Ese poema habla de la tierra, el espacio y el arenal refiere a que uno siempre está yendo y viniendo, con piedras en el camino o sin piedras en el camino. Es el recorrido del hombre. Ese poema también va a formar parte de la muestra. –Si hubiera tenido que elegirlas usted, ¿hay alguna obra en particular u etapa de su carrera con la que esté más encariñado? –Hay muchas obras que son significativas para mí. Hay una que tengo sobre el marco de una de las puertas de mi taller que se llama Diciembre, enero y febrero de 2001. Esa la hice cuando fue la crisis de ese año y tuvimos cuatro o cinco presidentes en un mismo mes. Son tres rostros de mujeres expresando una continuidad en el tiempo y todo lo que sucedió: una dice cuidado, la otra dice ¡no! y la última dice “sonamos”. Y vos sabés que ahora estamos exactamente igual. –Y con más de 60 años de carrera, ¿sólo está encariñado con esa? –Todas tienen un valor por uno u otro motivo porque al artista no lo hace un cuadro o 10 cuadros, al artista lo hace toda su vida. Es decir, toda su obra. He pintado 2.000 cuadros y todos tienen, en mayor o menor medida, alguna significación especial para mí, y eso hace al gran cuadro, a mi humanidad como símbolo. –¿Esa es la cantidad de cuadros que ha pintado? –Ignacio Gutiérrez Zaldivar visitó mi taller y dijo que aquí (en el taller) debía de haber por lo menos 2.000 cuadros. Lo más importante es que la mayoría están en casas y por ende, están vivos. Aún más, han ido pasando de generación en generación. Cuando alguien me dice: “Sin el cuadro suyo que tengo en mi casa, yo no puedo vivir”, a mí me pega fuerte.–¿Qué sensaciones le despierta que hoy se lo homenajee con esta retrospectiva? –Me siento muy agradecido, pero también me surgen miedos. Pienso en que los jóvenes me van a juzgar, en si les parecerá que lo que hago vale o no la pena, en aceptar las críticas y miedos en general. Temor, quizás, a defraudar a quienes confiaron en mí.–Es increíble lo que dice, usted es un maestro consagrado, el valor de su obra no está en duda... –¡Pero no puedo dejar de pensar así! No puedo separar los sentimientos de lo que pienso.–Cuando era chico trabajaba en la viña y asistió a una escuela rural, ¿ya le gustaba pintar? –Desde chico tuve un impulso. En mi casa, mi hermano leía revistas como Intervalo y El Tony, y me acuerdo de haberlas visto. En una de ellas, en la última página publicaban los dibujos de los lectores. Se me ocurrió pedirle a mi mamá tinta china y me puse a dibujar, hice un dibujo del personaje Rip Kirby y lo mandamos por correo. ¡Me publicaron por primera vez a los 8 años! Y en la escuela tuve un maestro, de apellido Gutiérrez, que me tenía de ayudante de pizarrón. Cuando llegaban las fechas patrias, él me ponía a dibujar a los personajes en el pizarrón. –¿Y cómo llegó a la Escuela de Bellas Artes? –A los 14 años terminé la primaria, porque como también trabajaba en la viña, me demoré más. Un día, el maestro Gutiérrez fue a hablar con mis padres, a mi casa, y me llevó a la Academia Provincial de Bellas Artes. El día que entré, paso por la dirección de la escuela y escucho que alguien estaba recitando. Resulta que era (Jorge Enrique) Ramponi recitando de memoria Piedra infinita. ¡Imaginate mi sorpresa! Me ubicaron en primer año de la escuela y ahí empecé. Fue una época muy linda. Lamentablemente hoy la escuela vive un presente muy triste.–¿Cómo recuerda esa época y cuál fue el legado de esa institución? –Cuando yo estudié allí, existía el turno noche. De allí salieron muchísimos pintores, como Alfredo Ceverino, Ángel Gil, José Scacco, muchísimos autores que ahora son representantes de la plástica mendocina. Pero al cerrar el turno noche, se le ha quitado la oportunidad de asistir a muchos chicos que de día no pueden ir porque trabajan. Si se volviera a abrir ese turno nocturno, si volviera a haber ese tipo de maestros, como los de antes, quizás le ganaríamos a la noche, porque ahora la noche nos está ganando a nosotros. Porque los delincuentes nos están ganando. Quizás recuperando esas épocas disminuiría la delincuencia, porque los muchachos tendrían más oportunidades. Para saber En el latifundio del arenal humano Dónde: Nave Cultural (España y Maza, Parque Central, Ciudad)Cuándo: hasta el domingo 8 de noviembre, de martes a sábado, de 10 a 13 y de 18 a 21. Domingos, de 18 a 21Entrada gratis.


