Espectaculos Jueves, 22 de febrero de 2018

Una historia de amor que rompe prejuicios

Triunfadora. Una mujer fantástica, del director chileno Sebastián Lelio, se estrena esta semana. Ya ganó el Goya y el 4 de marzo competirá por el Oscar en la categoría mejor película extranjera.

En Una mujer fantástica, el cineasta chileno Sebastián Lelio se juega con lo que el mismo define como un ejercicio narrativo, una historia que no pretende ser denuncia de conductas sociales, testimonial, ni oportunista, sino simplemente cine, algo que, no obstante, es difícil de separar del contenido, una obra que permitió a un largometraje de su país ganar por primera vez el Goya y ser candidato al Oscar.

El relato que se estrena esta semana tiene como protagonista a una mujer, que es la amante de un empresario textil maduro, recién separado, con el que planea una vida en común, una segunda oportunidad para los dos, en vistas a un viaje a las Cataratas del Iguazú que puede marcar el inicio de un tiempo que dejará por completo atrás un pasado simplemente por el hecho de querer ser cada uno como lo desea, rompiendo, incluso, prejuicios.

Esa noche en la que el hombre pone sobre la mesa los pasajes ocurre un imprevisto que nadie había incluido en medio de tanta seducción y sensibilidad, de tanto poner la mirada en ese porvenir, que proponía ese primer rato en el que apenas se sabe algo de esos dos protagonistas, porque la muerte golpea la puerta, y no será fácil para ella, transexual, enfrentar un universo lleno de prejuicios.

Lelio, que comenzó carrera hace tres décadas, conocido por sus anteriores La Sagrada Familia, Navidad, El año del tigre, pero especialmente por Gloria, de la que él mismo acaba de dirigir su remake estadounidense con Julianne Moore y John Turturro, estrena en las próximas semanas Disobedience, una producción británica según la novela de Rebecca Lenkiewicz, protagonizada por Rachel Weisz y Rachel Leibowicz.

El director, ganador de la Beca Gugenheim, conversó sobre Una mujer fantástica, protagonizada por Daniela Vega, Francisco Reyes y Luis Gnecco, del momento que vive el cine chileno y de su propia experiencia internacional.

-¿Cómo se hace para conservar una identidad habiendo tenido un recorrido con tantas escalas, en Estados Unidos, y ahora finalmente en Alemania, donde vivís?

-Luego de Gloria y Una mujer... filmé en Estados Unidos, y más recientemente Disobedience en Gran Bretaña. En realidad uno nunca sale ni de la infancia ni de la patria, da lo mismo que esté en Júpiter. La distancia sirve para mirar mejor la propia procedencia. Parece una paradoja, pero creo que hay mucho de eso.

-En estas películas se toca el tema de las diferencias, las segundas oportunidades...

-Creo que tienen que ver con la separación que existe entre la libertad individual y el mandato social, el potencial revolucionador de sus personajes. En Gloria es una mujer juguetona mientras que en Una mujer... se trata de una más dura. Se trata de una gran lucha que permite abrir un camino dejando lo malo por detrás.

-Son temas que superan la geografía en la que ocurren...

-Creo que eso es lo que es la vida. Vivimos por default, automáticamente, o nos enfrentamos al desafío de la aventura, como dice la canción, de pagar un alto precio por vivir. Creo que eso es humano. Las victorias pueden ser locales, en Santiago o en un barrio específico judío ortodoxo del norte de Londres, como el de Disobedience, pero la única manera de tocar una fibra universal es siendo radicalmente local.

-La película nace con la idea de una actriz con una característica singular. ¿Cómo fue ese nacimiento de la película?

-Fue al revés. Jugando con la pregunta "¿qué pasa si la persona que quieres muere en tus brazos?". Y se me ocurrió que fuese una mujer transgénero de Santiago. Por eso busqué una consejera sobre el tema, que fue Daniela Vega, y fue ella quien finalmente se convirtió en el personaje protagónico, la que me aportó muchas ideas acerca su propia experiencia, y fue quien tuvo mucha influencia en la escritura final del guión. Es decir que pasó de consejera a protagonista.

-Sacás partido de un par de macguffins, elementos de suspenso así definidos por Alfred Hitchcock, que hacen que los personajes avancen en la trama, pero que no tienen mayor relevancia en la trama...

-Sí. Para mí el proceso de escritura fue un momento importante, el momento en que decidí hacer una historia transgénero, en el sentido de género cinematográfico, sobre un personaje transgénero en cuanto a identidad sexual. La película no solo aborda qué es una mujer, sino que se convirtió en algo interesante para mí como director, porque la película misma era capaz de preguntarse qué es una película. El tema de la identidad no sólo abarcaba al sujeto observado, estudiado por la película, sino a la película misma como dispositivo cinematográfico.

-Va pasando de un estilo al otro, entre lo real y fantástico...

-Por eso oscila en su identidad y se resiste a ser definida en un solo texto rápido. Parte como un melodrama de los años '40, tiene un arranque de cine romántico convencional, coquetea con el thriller, hay fantasmas y hay coreografía, Va mutando, expandiendo los límites, como preguntándose "¿qué soy?" y eso resuena en sus personajes, está pensado, diseñado para ofrecer un viaje cinematográfico potente, ojalá.

-No hay solución de continuidad entre realidad y fantasía...

-Como yo la entiendo, la película no es realista, mucho menos una película de causa, es una película sobre el cine, que aborda un tema que cuando lo comenzamos a escribir, el mundo estaba pegando un giro, con las extremas derechas en Europa, Trump y otros, es como que las fuerzas satánicas están dando sus últimos aletazos antes de morir, pero lo nuevo aún no acabando de nacer.

-Definitivamente no pensaste en una película de causa...

-Lo que quiero decir es que nunca pensé en hacer una película de causa porque no me interesaba. Lo importante era que superase diferentes capas, con dimensión política y fantástica y el coqueteo con el thriller, y esta complejidad es la que me movilizó para superar la mera causa, y creo que aún así esa función se cumple con más fuerza porque el espectador es capaz de conectar con las tripas.

-"Gloria", venía de ser aplaudida en Berlín y su actriz, Paulina García, premiada con el Oso de Plata, pero "Una mujer..." ya se llevó el Goya y aspira al Oscar. ¿Cómo vivís esta experiencia?

-Vivo esto con mucho agradecimiento y alegría. Es como un amplificador que se le pone y esto va a significar que más gente la vea, que es para lo que se hacen las películas. Hay toda una generación de cineastas que han venido creciendo en Chile, un logro colectivo, de colaboradores y creadores que se ven reconocidos en este momento. Para mi, como director, es particularmente emocionante. El cine chileno ocupa ahora un espacio que hace doce años no existía y es lo más importante.

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