Ver a Caviar en vivo es lo más cercano a recibir un shock a los sentidos. La música, el baile, las actuaciones y el espectacular vestuario transportan al espectador a un lugar en el que todo es posible y en el que todo está teñido de humor, esperanza y arte en su sentido más glamoroso.
Difícilmente haya una canción que alguien en la audiencia no conozca y aún más difícil es retirarse de la sala sin la certeza de que el arte indefectiblemente eleva a los seres humanos. Sobre todo un arte como éste, totalmente despojado de prejuicios y límites.
El año pasado la compañía visitó Mendoza en dos oportunidades y ofreció una serie de funciones en Arena Maipú.
Ahora la empresa que creó el director Jean François Casanovas, quien murió el año pasado, vuelve para ser parte de la edición 2016 de la Vendimia gay, organizada por Gabriel Canci Difusión.
Dirigida por el maestro Walter Soares, heredero de Casanovas, la obra con la que viajan es la misma con la que debutaron recientemente en el Maipo, de Buenos Aires, y con la que siguen ofreciendo funciones a sala llena.
Con una fuerte impronta de music hall, combinada con cabaret berlinés y transformismo, esta compañía porteña promete transportar al espectador al estrafalario Club Capo Cabana, un mundo del que quizás no quieran volver.
En diálogo con Escenario, Soares adelantó cómo será el aporte de Caviar a esta fiesta mendocina, en la que además serán elegidos la reina y el rey de la Vendimia para Todos 2016, y aportó detalles del detrás de escena de esta celebrada empresa artística.
-¿Cómo es "Club Capo Cabana", el espectáculo que traen a la Vendimia para Todos?
-El 90 por ciento del show es igual al que hacemos en el teatro Maipo, que es un show nuevo que estrenamos el mes pasado. Es muy grande, incluye a los ocho integrantes del elenco más otros artistas que hemos contratado para darle más cuerpo y espectacularidad. Somos 15 artistas arriba del escenario. Esto es porque están Gabriela Figueroa, Marcelo Iglesias y cuatro pole dancers, que son expertos en el baile del caño. El elenco viaja en avión, pero los trajes y el decorado van en camión. Llegamos cuatro días antes de la fecha del show para hacer ensayos diarios así todo sale perfecto. Es un show de gran calidad.
-¿Por qué elegiste ese nombre y cómo fue dirigir por primera vez solo una obra de Caviar?
-Lo elegí porque en italiano Capo Cabana significa el jefe o la jefa de la cabaña. Yo venía dirigiendo espectáculos junto con Jean desde al menos cuatro años, como pares. La verdad es que no sentí inseguridad, porque trabajamos tanto que cuando llegó el día del estreno, muchos me preguntaban si yo estaba nervioso, pero la verdad, no lo estaba. Y eso es algo que me enseñó Jean François: cuando uno trabaja mucho y ensaya con todo, los espectáculos salen mínimamente bien y, si se puede, excelentes. El día del debut todo salió excelente, y hoy el espectáculo es un éxito en el Maipo. Brindamos funciones a sala llena de miércoles a sábados.
-¿En qué se diferencia este espectáculo del que mostraron el año pasado, cuando vinieron también al Arena Maipú?
-Se diferencia en los números. Hay sólo un par de actos que se repiten, porque son clásicos, pero el resto del show es nuevo. Hay mucha más desnudez y es más atrevido, lo cual encajará perfecto con la Vendimia gay. Además, Gaby (Canci) me pidió que fuera así: un show más atrevido, con mucha pluma. Este es un espectáculo inspirado en el Moulin Rouge y el Lido de París. Va a haber mucha producción, como en todo lo que hace Caviar desde siempre.
-Cuando estuviste en Mendoza, saliste al escenario y compartiste con el público que no te sentías nada bien. Sin embargo, diste todo. ¿Cómo hace el artista para dejar de lado los males físicos y del alma para seguir con el show?
-Me descompuse, sí. Había comido algo que me cayó mal y tenía problemas estomacales. En cuanto a cómo se sale adelante, diría que es algo que sale natural. Uno se puede estar sintiendo muy mal, pero cuando empieza el espectáculo le sale una energía que no tiene origen, pero existe. Termina el espectáculo, te bajás del escenario, y otra vez te sentís mal (risas). Es algo muy difícil de explicar y que al artista al que le preguntés te lo va a definir de la misma forma. El escenario es un lugar en el que la enfermedad se va y uno tiene toda la energía del mundo.
-¿Habías escuchado hablar de la Vendimia para Todos? ¿Qué expectativas tenés?
-Había escuchado hablar de ella, sí, y por televisión me di cuenta de que es un megaespectáculo. Con respecto a estar presentes, las expectativas que tengo son muy completas porque sé que es un gran evento, pero al mismo tiempo estamos acostumbrados a que nos contraten para espectáculos privados. Aún en los días en que no tenemos función, tenemos eventos. Por ejemplo, ahora me estoy levantando de la siesta porque estamos invitados a participar en la obra The Hole, de Moria Casán. Hace 30 años que me dedico a esto y el elenco va con todo, vaya adonde vaya.
-Acá en Mendoza es habitual dormir la siesta así que te vas a sentir como en casa...
-¡Ay, sí! Pero siempre que me quedo a descansar en Mendoza, de inmediato me voy a San Rafael. Allí vive una familia a la que quiero mucho, los Franchetti, que son los dueños del restorán Manos Morenas. Luciano Franchetti es como un hermano para mí. Él fue quien me llevó durante dos años seguidos a hacer temporada a Las Leñas. Me encanta Mendoza, es un lugar hermoso, donde hay gente que quiero y que me quiere.
-En octubre pasado estuviste al frente de un homenaje a Jean François Casanovas, ¿cómo lo viviste?
-Fue impresionante. Se llenó la sala grande del Maipo y pudimos recaudar $70.000 para LALCEC (Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer). Estuvieron invitados Antonio Gasalla, Eleonora Cassano, Marilina Ross, Walter Ríos, Plácido Donato, Patricia Profumo. Toda, gente muy importante para él y para la compañía. El show fue muy emocionante, la gente lloró y se río en igual proporción. Nunca me imaginé lo grande que iba a ser. Gasalla me decía que parecía un show que habíamos ensayado por cinco meses, pero recién ese día los pude reunir a todos para decirles lo que les tocaba hacer. Manejar un espectáculo tan grande, con pausas y cambios de luces, necesita como mínimo varios días de ensayo. Sin embargo, salió todo perfecto. Fue algo mágico. Ensayamos mucho, pusimos todo y la energía fue increíble. Creo que mi vida cambió a partir de esa noche.
-Además de su gran aporte artístico, Jean François fue un pionero, contribuyó a hacer de la Argentina una sociedad más inclusiva...
-Caviar siempre tuvo eso y creo que fue indirectamente lo que más me gustó cuando empecé. Quienes no suelen ver arte piensan que este es un show solamente de gays, porque en nuestras obras el hombre se viste de mujer y la mujer se viste de hombre, pero no es todo lo que hacemos. Lo que logró Caviar fue que todo lo que tuviera que ver con el arte gay fuera respetado y tuviera un nivel alto. Eso sentí yo desde que era chico y por lo que quise sumarme. No sabía bien qué era, pero sabía que había algo que me atraía. Tenía que ver con la formación y el prestigio de la empresa.
-¿Sentís que vivimos en una sociedad tolerante?
-Siento que hay una parte que es tolerante y otra que no. La gente es muy mentirosa. Uno puede ir a la Vendimia gay, que va a ser una fiesta maravillosa y la vamos a pasar hermoso, pero convengamos que hay lugares en el mundo en los que a la gente gay la están matando. Entonces sí, en Argentina hay tolerancia, pero tenemos que seguir trabajando de adentro hacia afuera. De todas formas, nunca me importó demasiado la tolerancia porque nadie tiene por qué tolerarme. Si no me tolera, que salga de mi mundo. Nunca necesité la aprobación del otro y no es de soberbio, siempre fui así.


