Espectaculos Sábado, 28 de abril de 2018

Un asesino de niños en las calles de Nueva York

The Alienist. La serie de Netflix cuenta la historia de un homicida de pequeños que se prostituyen en la ciudad norteamericana a fines del siglo XIX. Una gran recreación de época que se ve empañada por la mirada anacrónica de sus personajes.

The Alienist se estrenó en la plataforma Netflix el 19 de abril y en10 capítulos cuenta la historia de un pedófilo homicida que asesina a niños que se prostituyen en las sórdidas calles de Nueva York en 1896.

En los roles protagónicos están Daniel Brühl, Luke Evans y Dakota Fanning. El primero es el "alienista" del título, ya que esa denominación se daba en aquellos años a quienes estudiaban las patologías mentales.

Evans es un ilustrador del New York Times y Fanning es la primera mujer que se ha incorporado a la policía de la ciudad en un cargo administrativo: es la secretaria del jefe de la fuerza, llamado Theodore Roosevelt, político que en la vida real se hizo fama al luchar contra la corrupción policial, algo que hace en esta serie.

Los personajes de Brühl, Evans y Fanning formarán un singular equipo que tratará de descubrir las motivaciones de este asesino para poder no sólo descubrir su identidad sino también anticiparse a sus crímenes.

La serie tiene algunos puntos sobresalientes, como la inmejorable recreación de Nueva York a fines del siglo XIX, con todos los aires de cambio que surgen en varios frentes, desde los avances tecnológicos hasta el crecimiento de la ciencia, en este caso en lo aplicado a la medicina forense y en el estudio del comportamiento humano.

El asesino tiene notorias similitudes con Jack el destripador -incluso se lo menciona- porque descuartiza a sus víctimas y porque ellas ejercen -al igual que las mujeres que murieron a manos del homicida inglés- la prostitución.

Ese submundo de hombres ricos que para satisfacer sus execrables impulsos frecuentan lugares donde los niños se visten de niñas, es una de las más duras realidades de esa época que la serie retrata con fidelidad.

Entre sus mayores desaciertos es la mirada del siglo XXI que los personajes poseen, que aceptan el travestismo de este pequeños como una elección más, algo absolutamente impensado para la época.

Eso desdibuja el relato histórico, que está atento a los detalles más pequeños pero pasa por alto una realidad que era parte de la ceguera de aquellos años, que aislaba como "pervertidos" a aquellos que tenían orientaciones sexuales diferentes.

Lo mismo sucede con ciertos diálogos, demasiado progresistas para una época en la que el sexo seguía siendo un tabú. Una lástima, porque por ser "políticamente correctos", el retrato histórico pierde veracidad.