Espectaculos Miércoles, 7 de diciembre de 2016

Todos odian a Bertolucci 44 años después

Sus declaraciones sobre "El último tango en París" generaron una polémica enorme.

En estos últimos días ha surgido una polémica en el mundo de la cinematografía a raíz de una escena de la cinta El último tango en París, filmada en 1972 por Bernardo Bertolucci y protagonizada por Marlon Brando y María Schneider.

Que 44 años después de estrenada la película volviera a los titulares de los diarios del mundo se debe a un video, ligeramente editado, acerca de la famosa escena en que Paul, (Brando) un hombre de 45 años, viola a Jeanne, una joven de 20 años con quien mantiene una extraña relación. El video se publicó con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (el 25 de noviembre) y luego trajo a colación las declaraciones que en su momento hizo María Schneider de que no estaba al tanto de la escena -en la cual era sodomizada utilizando manteca como lubricante-: "Me lo dijeron justo antes de que tuviéramos que filmar, y estaba muy enojada. Debí llamar a mi agente o hacer que mi abogado fuera al plató porque no puedes forzar a alguien a hacer algo que no está en el guión. Pero entonces no lo sabía", contó la actriz, quien falleció de cáncer en 2011. Incluso llegó a afirmarle al Daily Mail en una entrevista del año 2007 que se sintió "un poco violada" por Brando y el director al no haber sido advertida de dicha escena.

A través de un comunicado, el cineasta de 76 años decidió aclarar "por última vez la ridícula equivocación que sigue suscitando El último tango en París en diarios de todo el mundo", y expresó: "Yo he precisado, aunque quizá no he sido claro, que decidí junto con Marlon Brando no informar a María sobre el uso de la mantequilla. Queríamos su reacción espontánea ante ese uso impropio", explicó en un comunicado.

Pero sobre la afirmación de quienes creen que la actriz no fue informada sobre la escena de la violación, fue categórico: "¡Falso! María sabía todo porque tenía el guión, en el que se describía todo. La única novedad era lo de la mantequilla. Y eso, como supe muchos años después, ofendió a María, no la violación que sufre en la escena y que estaba prevista en el guión", subrayó.

Actuación y dirección

Si fuese cierta la afirmación de Bertolucci, no le explicó a la actriz esta escena y no sería el primero -y seguramente no será el último- en esconderles información a los intérpretes para que la cámara capture las emociones más allá de un método interpretativo.

John Ford, por ejemplo, no dudó en capturar la reacción de John Wayne en El hombre quieto (1952) luego de que la protagonista femenina, Maureen O'Hara, le susurrara al oído una grosería que el mismo Ford le dictó y que Wayne desconocía. La sorpresa y el desconcierto que demuestra el actor en la escena final de la cinta son genuinos.

Más cercana en el tiempo, la película El exorcista (1973, William Friedkin) incluye escenas donde el director indicó a los actores relajarse y a quienes movían los arneses que provocaban caídas o movimientos involuntarios, que utilizaran toda la fuerza posible. El resultado fue que la actriz Ellen Burstyn se fisuró dos costillas producto de una caída al ser jalado brutalmente el arnés que la sostenía y la niña protagonista, la actriz Linda Blair, que entonces tenía 13 años, se lastimó con las varillas metálicas del corsé que la hacía mover convulsivamente en la cama. Sus rostros de dolor al ser lastimadas quedaron plasmados en la cinta.

Otra de sus escenas famosas, el vómito verde (que era sopa de arvejas), sobre el rostro del sacerdote interpretado por el actor Jason Miller, estaba guionada, pero no que ese desagradable brebaje daría de lleno en su rostro. El asco y el enojo del actor se ven en el filme.

El director Ridley Scott utilizó el método sorpresivo en la escena del nacimiento del alien en el tórax del actor John Hurt, de quien surgía el tenebroso engendro. Hizo salir a todos los actores del set, colocó la cavidad torácica falsa y los hizo ingresar nuevamente. Los rostros de terror de los protagonistas al ver nacer a la criatura son genuinos.

En el otro extremo están los actores que deciden improvisar, actuar una escena que no ha sido indicada por el director. Quizá el caso más famoso sea la frase "Are you talking to me?", que Robert De Niro dice frente a un espejo en Taxi driver (1976, Martin Scorsese). El director lo dejó improvisar y el talento de De Niro dio una de las más famosas líneas del cine contemporáneo.

Lo mismo hizo Francis Ford Coppola en Apocalypse Now (1979). Luego de darle unos cuantos tragos a uno de los protagonistas, Martin Sheen, le indicó que improvisara y éste terminó golpeando un espejo y lastimándose una mano, que comenzó a sangrar. Coppola decidió no parar el rodaje y esa escena quedó en la edición final.

Es decir, los directores y los actores suelen tomarse ciertas licencias con el fin de lograr una mayor verosimilitud en una escena, pero en el caso de El último tango en París, al ser una violación, la controversia no se ha detenido ni siquiera más de cuatro décadas más tarde.

Incluso hay algunos que han llegado a afirmar que el realismo de la misma se debe a que Marlon Brando realmente violó a Maria Schneider, algo que el mismo Bertolucci ha desacreditado afirmando: "Aquellos que no saben que en el cine el sexo es (casi) siempre simulado, probablemente, cada vez que John Wayne dispara a un enemigo creen que este muere de verdad".

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