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Tenet: cine a gran escala y enorme frustración

Con un presupuesto estimado de U$S 205 millones, el director británico Christopher Nolan vuelve con una película sobre agentes secretos en la que desarrolla, como en ninguna de sus anteriores producciones una de sus obsesiones temáticas: el flujo del tiempo

Tenet fue durante la pandemia, casi un símbolo de la resistencia, ya que su director, Christopher Nolan, se negó a que fuera estrenada en la plataforma de la compañía Warner, destino que siguieron otras cintas de la compañía estadounidense, como Mujer Maravilla 1984.

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El director británico logró encolumnar a varios famosos colegas en su causa, con el fin de que se respetara su trabajo, es decir que se estrenara en pantalla grande lo que había sido pensado y producido para tal formato. Y logró torcerle el brazo a Warner, a pesar de que su destino se viera incierto por el cierre de las salas cinematográficas en gran parte del mundo a raíz de la pandemia.

Y cuando uno ve Tenet, de vuelta en la butaca (un sueño hecho realidad), se entiende el por qué de la intransigencia del realizador. Es una cinta que reclama pantalla grande y el mejor audio posible, porque de lo contrario, parte de las más asombrosas escenas (elijo esa palabra porque realmente mueven al asombro) perderían parte de su encanto y efectividad.

Vamos a la historia: una gente de la CIA, conocido como “el Protagonista” (John David Washington) es reclutado en la organización llamada Tenet para detener una amenaza que podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial. No se trata de armas nucleares, sino de una nueva tecnología que permite disminuir la entropía en personas y objetos y así facilitar la inversión del flujo del tiempo, que vaya “en reversa”.

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La explicación de este fenómeno la hace una científica a Protagonista con una acción que anticipa el espectáculo visual que Nolan nos deparará: cuando dispara contra un muro una bala, en el “efecto invertido” no se trata de disparar un proyectil, sino de atraparlo.

Protagonista iniciará su investigación para saber quién está detrás de esta amenaza junto al agente Neil (Robert Pattinson) y, como toda película de espías (muchas de sus escenas remiten inevitablemente a James Bond o a Misión Imposible) habrá un villano, en este caso un magnate ruso, interpretado por Kenneth Branagh.

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Esta sinopsis, bastante simple, no es lo que Nolan nos presenta en pantalla, a través del guion que también es de su autoría. El desarrollo de la línea de investigación o adolece de falta de información o de excesos explicativos. Entonces uno comienza a hacer un esfuerzo para comprender algo de lo que está sucediendo (sobre todo en la primera de sus dos horas y media de duración), a la par que Nolan demuestra que puesto a hacer una película de acción, sabe cómo brindar una antología de imágenes para atesorar.

A veces da la impresión de que el director mismo pone en duda su enorme versatilidad. Cuando hace una película de superhéroes, nos regala a Batman con una profunda y oscura mirada, cuando quiere filmar una historia en el espacio, llega Interstellar, si aborda el cine bélico, llega con Dunkerque. ¿Por qué entonces en muchas de sus obras parece renegar de su capacidad complicando de manera innecesaria el guion? Es como si relegase del concepto de entretenimiento del séptimo arte y tuviera que justificar sus películas con aires de intelectualidad.

La mayoría de las personas que han visto Tenet me dicen que querrían verla al menos una vez más para poder entenderla. He visto cinco o seis veces películas que he amado, pero lo hago por placer, no para terminar de entender lo que el director quiero plasmar. Me parece un ejercicio absolutamente innecesario y que entorpece la experiencia emocional del filme. ¿Cómo disfrutar si parte del tiempo se va en tratar de entender lo que está sucediendo, merced a un artificioso modo de narrar?

Muchos artistas creen que el artificio le da a su obra un pase sólo para “entendidos”. Lo expresamente rebuscado puede ser un elemento estilístico, pero cuando se abusa de él, imprime lejanía entre el artista y sus espectadores. Además, en la simpleza hay también un complejo sistema que debe ponerse en funcionamiento para alcanzar la belleza. Escribir un poema con palabras simples, las que usamos cotidianamente, es un prodigio y como muestra sólo basta leer “Oda al gato”, de Pablo Neruda. Los vocablos de todos los días, se vuelven poesía.

No digo que Nolan debería ser simple en su obra, sino simplemente vislumbrar que su talento no necesita de complicaciones, se justifica a si mismo. En Tenet una frase explica el modo en que este tiempo invertido se expresa: “hay que sentirlo”. Ojalá Nolan nos hubiera facilitado esa premisa.

Tenet Trailer Subtitulado Español