Cuando el puñado de periodistas entra en la suite, Al Pacino ya está ahí, parafraseando al dinosaurio de Monterroso. Primero se escucha su voz, grave, gutural, que gorjea cantarina; después se ven unas opacas gafas de sol. Pelo cardado, camisa negra abierta casi hasta el ombligo, mechones canosos que asoman a borbotones desde el pecho, muñequera, coca-cola y agua. Es decir, aspecto de rolling stone, hermano carnal de Jagger, Wood y Richards. Pacino hombre (East Harlem, Nueva York, 1940) es igual que el Pacino leyenda. Los cinéfilos babean: el mito supera el examen.Festival de Venecia. Finales de agosto. La noche ha sido larga, como atestiguan las fotos en la Red. El actor que explicó en dos pinceladas el capitalismo salvaje (“Mi padre le hizo una oferta que no pudo rechazar”) está feliz. Ha presentado dos películas. Una ha sido recibido con críticas divididas: en Manglehorn encarna a un cerrajero encallado en su solitaria existencia; la presencia —enorme— de Pacino hace imposible que alguien se crea el personaje. Pero en la otra... en la otra encarna a un actor, leyenda del teatro, fanático de Shakespeare, grande del cine, que ha perdido su talento para la interpretación y por tanto roza en su depresión el suicidio. Hasta que se lía con una joven lesbiana (a la que da vida Greta Gerwig) y empieza a cabalgar por una surrealista montaña rusa vital.
La sombra del actor se rodó en 20 días en la casa de su director, otro gran veterano, Barry Levinson, y se basa, aunque muy expurgada por el guionista y actor Buck Henry, en la novela La humillación, de Philip Roth. “Tanto Barry como yo nos interesamos por los derechos del libro y acabamos por cruzar nuestros pasos. La filmamos al estilo guerrilla: en 20 días, en su casa, en unas jornadas en otoño y otras en invierno. Sinceramente, es que queríamos hacer la película”.Sus proyectos
Entre los proyectos que maneja Al Pacino está el trabajar por primera vez con Martin Scorsese en The Irishman, “con Joe Pesci y Bobby [Robert de Niro], y se mantiene en pie a pesar de los retrasos. ¡Vaya grupillo de italianos!”.A Scorsese le conoció al inicio de su carrera: “Yo existía antes de El Padrino [ironiza], pero nunca ha surgido la posibilidad de colaborar juntos”. Dos rodajes que sí ha acometido son Danny Collins, del debutante Dan Fogelman, un drama basado en la historia real del cantante folk Steve Tilston; y Beyond deceit, de Shintaro Shimosawa, un thriller que filma ahora mismo con Anthony Hopkins.Pacino se presenta ante los periodistas: “Solo entiendo las charlas hablando con los ojos, como la gente normal”. Entran oleadas de luz entre las celosías seudoárabes de los inmensos ventanales del hotel veneciano. Ya hemos dicho que la noche fue larga. El actor se quita las gafas de sol, las dobla y las deposita con delicadeza encima de la mesa. Parpadea varias veces, pone morros, y se esconde de nuevo tras las gafas entre risas. “Hoy no es el día”. De repente, comienza a reflexionar sobre las relaciones paternofiliales, su carrera, el teatro, su aura de leyenda, sus hijos. La charla, prevista para 20 minutos, se alarga hasta la hora. Por dos veces una representante de la agencia de prensa internacional del filme intenta cortarle. A la primera, el neoyorquino, actor sin el que no se entendería el cine de los años setenta, responde: “Estoy calentando”. A la segunda, solo la taladra con la mirada. A sus espaldas, otro anciano, divertido ante el carajal que ha montado el intérprete con este retraso en el horario del festival, come fruta y queso. “Es un buen amigo. Llevamos juntos... Bueno, cada vez que yo diga algo y él sonría, sabrán que he mentido”. El viejo se parte. “¿Ven?”.""Sé lo complicado que es para un hijo crecer sin la atención de sus padres" “Que todos seamos hijos, y muchos padres, no significa que seamos expertos en las relaciones paternofiliales”, arranca el actor, cuestionado por esa faceta de su personaje en Manglehorn. “Es más, cada uno hace lo que puede, y hay un tópico que hace que parejas rotas sigan unidas por el bien de sus hijos, por el espíritu familiar. Sé que es complicado para un hijo crecer sin la atención de sus padres [Pacino ha dado un requiebro en su respuesta: está hablando de sí mismo, de Alfredo James, hijo de Salvatore Pacino y Rose Gerardi, que se divorciaron siendo su vástago casi un bebé]. Yo mismo no fui buen padre de Julia [su hija mayor, a la que tuvo con 49 años], y las cosas mejoraron con los gemelos [Anton y Olivia, que nacieron a sus 61]. ¿Sabe lo que es un placer? Ver cómo van pasando los años en los tres. Es cierto que los pequeños han afectado directamente a mis ganas de trabajar, porque en realidad prefiero pasar el tiempo con ellos. Me mudé durante 11 años a Los Ángeles porque su madre [la actriz Beverly D’Angelo] vive allí. Han crecido con mi presencia, algo que no le di a Julia. Yo apenas conocí a mi padre, la dinámica familiar me la crearon mi madre y mis abuelos... Tengo recuerdos maravillosos, aunque a mí me costó aceptarme, no fui buen estudiante —no hay más que ver mis notas—. Ahora espero que mis dos críos estén disfrutando de las dos casas, porque en cada una juegan a cosas que en la otra no pueden [se ríe]. He aprendido también a hablar mucho con su madre sobre ellos, para ver cómo avanzan...”.


