Tiene rasgos árabes bien marcados. Sus curvas atrapan a muchos y su baile cautiva a hombres y mujeres. Josefina Mazzanti Nacif tiene 20 años y el fin de semana pasado se consagró princesa en el certamen Miss Líbano Argentina. La competencia, que reúne todos los años a decenas de chicas que son descendientes de árabes, se realizó el 8 de julio en Rosario. Allí la joven recibió la corona como una de las mujeres más lindas de la Argentina y conocedoras de la cultura ancestral de Medio Oriente. El certamen estuvo muy peleado y si bien no se llevó el título de reina, Josefina trajo por primera vez un galardón de este tipo a esta provincia. Durante los años que la Unión Cultural Argentino Libanesa de mayores organiza esta competencia nunca tuvo una sanjuanina como ganadora de estos atributos.
“Estuvo muy difícil porque todas tenían condiciones. Se midió la belleza y los conocimientos, porque la que ganaba tenía la oportunidad de viajar al Líbano representando a la Argentina”, destacó la joven que en el 2006 ya se había consagrado como reina de las colectividades en San Juan.
Las caderas no mienten
Su nombre es Josefina, sin embargo todos la conocen como Amaal Nacif, la diosa del belly dance. La joven es profesora de árabe y brinda shows en varios locales sanjuaninos. Sus movimientos son envolventes y muy agitados. Con estos atrapa a todas las generaciones y recibe las mejores críticas de sus pares, además de varios premios regionales y nacionales.
“Empecé a bailar a los 10 años a partir de la insistencia de mi abuelo. Al principio estudié belly dance y después me interesó el dabke, que es el folclore típico libanés con túnicas. Con el tiempo me di cuenta que quería dedicarme puramente a esto y no me equivoqué. Hoy vivo de la danza”, señaló con orgullo la mujer que siendo muy joven comenzó a dar clases en un instituto y luego fue convocada para shows privados.
Actualmente estudia en una de las academias de árabe más grande de la argentina en Buenos Aires. “Son 5 años y quiero recibirme ahí. Lo que más me gusta es el baile original, lo tradicional. No soy de hacer fusiones porque creo que es muy importante mantener la esencia. Y la danza es una forma que tengo de expresar lo que siento. Significa mucho para mí, lo llevo en la sangre y me gusta respetar las culturas”, sentenció Amaal, cuyo nombre significa esperanza en árabe, y lo eligió por la fuerza de su concepto y todo lo que transmite.
La dirigente
Uno de los requisitos para las mujeres que se presentaban fue saber hablar de sus orígenes. Esta carta fue lo que más hizo lucir a Josefina. Es que prácticamente dio cátedra a los presentes de cómo se vive y se siente la cultura libanesa. Pero toda su exposición no fue un discurso aprendido de memoria sino un relato de lo que su abuelo le contó cuando ella era niña. Sentada en un sillón o al costado de la mesa, su infancia estuvo nutrida de charlas e historias que su abuelo le narraba y que a ella la hacían viajar con la mente a aquellas tierras originarias.
“Tanto me habló él del Líbano que me creó el sueño de un país al que nunca fui y amo tanto como a la Argentina. Me generó ese deseo intenso de conservar la cultura y luchar por ella acá”, agregó.
María Josefina actualmente es presidenta de la Unión de jóvenes libaneses y todos los jueves reúne en el Sirio Libanés a los chicos que tienen deseos de conocer un poco más de su cultura. Con el objetivo de “construir puentes entre todas las generaciones de descendientes para perpetuar el legado del país de los Cedros y poder preservar la identidad de su milenario pueblo (como señala la carta de la UCAL)”, la sanjuanina encabeza distintos talleres sociales.
No a la discriminación
Ser árabe para muchos es una mochila. La visión de la gente con respecto a las comunidades de Medio Oriente son muy diversas y algunas generan estupor. Y éste es un punto sobre el que muchos luchan. “La discriminación nace de la desinformación. La mayoría de la gente opina a partir de lo que escucha pero no saben cómo son las cosas. Meten a todos en la misma bolsa y se mezcla. Creen que todos los árabes hablan y se visten iguales; se imaginan que hay camellos en las calles y desierto por todos lados, y no es así”, señaló la joven notoriamente indignada por los conceptos que muchas veces se vierten sobre estas comunidades.
Lejos de aquellas túnicas y los complejos velos que sólo permiten ver los ojos en las mujeres, Josefina es una chica que no tiene problemas en mostrar los “atributos que Dios le dio”. Sus medidas son casi perfectas. La talla es de 90-62-92 y sus rasgos son bien árabes. Ojos negros, cejas anchas, pelo azabache y piel bien blanca forman parte de esos puntos que la diferencian del resto y la hacen dueña de una belleza muy particular.
Lejos de una gran timidez, Josefina luce siempre sus curvas y reconoce que las religiones son las que hacen que en el Líbano, las mujeres estén cubiertas o que transiten con libertad. “Hay muchas religiones en el mundo árabe que son completamente diferentes. Hay algunas que no dejan a la mujer mostrar el cuerpo y otras sí. Lo bueno es que allí se respetan entre sí. Mi abuelo era cristiano maronita y la tradición de ellos es muy parecida a la nuestra. No se escandalizan por temas como ése”, finalizó la bailarina, quien aún no conoce el país de sus ancestros pero habla de éste como si hubiera estado allí más de una vez.
Por Cecilia Montero, para Suplemento VOS. SANJUAN8.



