Espectaculos Martes, 25 de septiembre de 2018

Rojo se estrenó en el Festival de San Sebastián

Argentina. La película dirigida por Benjamín Naishtat, protagonizada por Darío Grandinetti y el chileno Alfredo Castro, se vio el pasado domingo en uno de los encuentros más importantes de la industria cinematográfica.

¿El actor rosarino Darío Grandinetti y el chileno Alfredo Castro alertaron del peligro del regreso del fascismo al presentar Rojo en el Festival de San Sebastián, la película en competencia del argentino Benjamín Naishtat, que coprotagonizan y que propone un viaje a una Argentina de mediados de los '70 al borde del golpe militar.

El filme, en la carrera por la Concha de Oro, "es una buena manera de hablar del caldo de cultivo de situaciones que luego trascienden trágicamente", señaló Grandinetti al presentar el filme.

En su tercer trabajo, tras Historia del miedo y El movimiento, el director propone una película policial de estética retro que transporta al espectador a mediados de los años '70 a un pequeño pueblo. Allí el protagonista (Grandinetti) lleva una vida aparentemente tranquila con su familia, hasta que un extrañísimo suceso viene a perturbarlo y un detective (Castro), a buscarlo.

Todo ello con el telón de fondo de los asesinatos y desapariciones inmediatamente anteriores al golpe militar en Argentina de 1976, que sin ser evidentes están continuamente latentes en la trama.

"Me gustó la mirada sobre este acontecimiento histórico, que se cuenta desde los civiles que aparentemente no estaban metidos en nada", señaló Grandinetti, conocido por sus trabajos con Pedro Almodóvar (Hable con ella, Julieta), con Damián Szifrón (Relatos salvajes) y Eliseo Subiela (El lado oscuro del corazón).

Para Castro es importante que se hable de los cómplices pasivos de la dictadura -tanto chilena como argentina- y de todos los civiles que ayudaron a cuajarla. "No hay militares, no hay tanques, es sólo la historia de un hombre con un gran poder en un pueblo pequeño".

Se trata de una historia que transporta a los '70, desde la forma de contar -con encuadres, zoom y cámara lenta propios de la época- hasta la trama, pasando por las relaciones entre los personajes y la identidad de los mismos.

"Eran tiempos de gran confusión (...), todo estaba bajo sospecha", señaló Grandinetti, que tenía unos 16 o 17 años entonces. "Recuerdo bien ese clima de ocultamiento general".

Una situación que tiene un gran paralelismo con el mundo de hoy, consideran ambos. "Aspiro a que la película sirva para la que la gente (...) aprenda a sospechar. Porque sin la violencia y terror de los '70, existe un plan político y económico similar en toda la derecha latinoamericana y mundial", asegura.

Algo similar ocurre en Chile, opinó Castro, donde está surgiendo un movimiento negacionista de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), dijo recordando el reciente caso del ex ministro de Cultura Mauricio Rojas, que tuvo que dimitir tras señalar que el Museo de la Memoria era un montaje.

Castro saludó el hecho de que cineastas jóvenes, como Naishtat o como el chileno Pablo Larraín -del que Castro es actor fetiche- estén mirando la historia de nuevo para alertar del regreso de la derecha.

Al chileno -conocido por trabajos como El Club, Neruda o No, de Larraín , o por Desde allá, la primera película latinoamericana en ganar el León de Oro en Venecia- le afectó especialmente el robo de propiedades de desaparecidos que muestra la película, una práctica común tanto en Chile como Argentina, y que remite a una corrupción omnipresente. "Robaban los militares, pero con la complicidad de los civiles; yo también viví esto".

"La corrupción forma parte de la condición humana (...), pero se está utilizando para distraer la atención de lo que realmente importa: las políticas que se hacen o que no se hacen", consideró Grandinetti sobre los escándalos que se están destapando del gobierno de la ex presidenta Cristina Kirchner.

"Quieren hacer creer que la corrupción es sinónimo de la política, porque lo que quieren es eliminar la política. Pero entonces aparecen los empresarios, que son una pata de la corrupción de la que nunca se habla: la figura del corruptor", dijo Grandinetti, que trabaja en esta película con su hija Laura.

Pese a lo que se dice, Grandinetti opinó que el cine argentino no está viviendo un buen momento. "Es un sello respetado y cuando aparece una buena película se crea la confusión de que sigue vivo, pero no, la industria se está muriendo por un problema de producción", debido a la falta de acción directa del Estado y al abandono al libre albedrío del mercado, consideró criticando las políticas de los gobiernos de derecha, en referencia el actual de Mauricio Macri.

"Dicen que achican el Estado, pero en realidad lo agrandan con menos ministerios, pero con más empleados públicos y lo que reducen es la acción social y cultural", denunció.

Sin embargo, hay algo que no podrán hacer y es "eliminar la relación con la cultura que tienen nuestros pueblos", dice en relación a Argentina y Chile, añadió.

Grandinetti, que comparte reparto con su compatriota Andrea Frigerio y el chileno Alfredo Castro, así como con su hija Laura, denunció que pese a ello el Gobierno se cuelga las medallas cuando hay algún éxito internacional del cine del país. "Como si ellos hubieran hecho algo alguna vez para conseguirlo", completó.

Rojo, que se estrena en Argentina, es la segunda película nacional que se presenta a competición en San Sebastián después de que Juan Vera inaugurara la Sección Oficial con la comedia romántica El amor menos pensado, protagonizada por Ricardo Darín.

Otro filme argentino estrenado en San Sebastián fue Una noche de 12 años, protagonizada por Chino Darín, Antonio de la Torre y Alfonso Tort. Los tres interpretan a Rosencof, José Mujica, que llegaría a ser presidente de Uruguay, y Eleuterio Fernández Huidobro, ministro de Defensa.

Los tres pertenecieron al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, opositor a la dictadura militar uruguaya (1973-1985), pasaron doce años en la cárcel y sufriendo todo tipo de torturas.