"Esperame un minuto que voy a apagar el fuego", dice Ricardo Cohen, a quienes todos conocen como Rocambole, el mítico ilustrador de los discos de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota.
Pero seguramente no se trata de la llama que lo ha impulsado a concretar sus talento artístico, vanguardista, innovador y rupturista. Ese fuego sigue ahí, intacto, crepitando arte todo el tiempo. Rocambole fue, es y será el símbolo de una época gloriosa en la que el rock transcendió las formas musicales, y se hizo poesía, pintura, y revolución.
Los mendocinos tenemos la oportunidad de ver sus obras en la muestra que inaugura el próximo viernes, La batalla de las pantallas, en el Espacio Cultural Julio Le Parc.
Se trata de una selección de 20 obras, muchas de gran tamaño, que aluden a la influencia de la imagen técnica en todos los aspectos de nuestra vida.
-¿Cómo has plasmado esta idea en imágenes?
-Es que vivimos atravesados por las pantallas, vivimos en un bosque de pantallas, invadidos por los teléfonos, la computadora siempre vigilante, y la máxima de todas: la del televisor. El poderío de la imagen que nos induce al consumo es una teoría muy vieja. La trabajó Guy Debord, en la década del '50. Desarrolló el concepto de sociedad del espectáculo y de los mecanismos de vigilancia que se ejercen a través de la tecnología.
-¿Vos creés que al utilizar las herramientas digitales los artistas ya no están en contacto con los materiales básicos, que ya no dibujan a mano, por ejemplo?
-En realidad, si profundizamos en la historia de la técnica, ha producido una gran influencia más allá de las artes mismas. Y todos las innovaciones cambian las formas de comunicar y de hacer arte. El descubrimiento de la pintura al óleo, de la perspectiva, cambió la historia del arte. La cámara fotográfica, la invención del cine, la imprenta... Todas estas herramientas fueron revolucionarias a lo que venía de antes.
-Digamos que es un nuevo lenguaje, una nueva forma de expresión...
-La verdad es que hoy tenemos una nueva paleta, una paleta digital. Hoy no hay un ilustrador que no utilice una tableta. Yo siempre parto del lápiz y el papel, pero lo imprimo y pinto arriba del dibujo, lo digitalizo, lo altero, lo trabajo, puedo proyectarlo y pintar sobre la proyección. Son nuevas posibilidades. En realidad, no todo lo que pasa con la tecnología, con las redes sociales, es negativo. De hecho, los artistas pueden difundir su obra, venderla con más facilidad. Aunque el capitalismo quiere dividir a la gente en rubros, todo el mundo tiene derecho al arte. No sólo de producirlo, sino también de consumirlo. Esta es una buena consecuencia de las redes sociales, aunque también existen consecuencias nefastas.
-En general, ¿cómo ves el arte y la cultura en este momento del país?
-La cultura, lo cultural, es imparable. Es como el pastito que crece en las veredas descuidadas, entre las baldosas rotas. Sin embargo, crecería mucho mejor en un jardín bien cuidado. Esto pasaría si el Estado comprendiera que el arte es un bien común. Más acotado aún: si el Estado comprendiera que es un bien.



