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Dirigirá la Orquesta Filarmónica de Mendoza

Roberto Tibiriça: “Cada vez son más los jóvenes que se acercan a la música clásica”

Miembro honorario de la Academia Nacional de Música de Brasil, y reconocido por sus colegas como uno de los grandes directores de América del Sur, el brasileño Roberto Tibiriçá será el encargado de dirigir a la Orquesta Filarmónica de Mendoza que ejecutará obras de Beethoven y Dvorak este sábado, a las 21.30, en el Teatro Independencia.

La otra gran presencia sobre el escenario de nuestro teatro mayor será la del pianista Antonio Formaro, doctor en música, reconocido por sus conciertos junto a las orquestas más importantes del mundo y quien desde 2016 viene realizando la gira de recitales “Las Huellas del Piano” con la que recorre el país, declarada de interés cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación.

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En una charla desestructurada tras el ensayo con el director brasileño Roberto Tibiriçá reflexionamos sobre el lugar que ocupa la música erudita en los países de América Latina y adelantamos cómo será el concierto del sábado.

Beethoven, Dvorak, ya sus nombres resultan de interés para los melómanos ¿Con qué grandes obras nos encontraremos en el próximo concierto?
Con una hermosa obra de Beethoven, su Obertura Criaturas de Prometeo que si bien no es muy conocida es una de las más alegres y graciosas del gran maestro. A su vez el Concierto N 5 Emperador – que será ejecutada por el solista Antonio Formaro - es una de las obras para piano más importantes del repertorio universal.

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En cuanto a la Sinfonía N 8 del compositor eslavo Dvorak, dijo: “su música es folclórica, son melodías fáciles de comprender, su gran atractivo es que uno sale del teatro cantando, no obstante su orquestación es muy completa”.

Esta Sinfonía que tiene cuatro movimientos comienza con un solo de violoncelo, que da lugar a la flauta que canta como un pájaro, un momento de contemplación que anuncia el inicio de una gran obra.

El segundo movimiento es como una canción de cuna, una música que mece y tranquiliza el alma. El tercer movimiento es un vals que inspira las ganas de danzar, en tanto que el cuarto movimiento asemeja más a la fuerza de una marcha militar.

-¿Cómo llega su invitación a Mendoza en este ciclo de la OFM?
-Es una historia interesante. Previamente a la situación social difícil que atraviesa Venezuela yo iba siempre a participar del Sistema de Orquestas, un proyecto social de relevancia que sacó a muchos jóvenes en situación de vulnerabilidad de las calles, los entrenó en música clásica permitiendo el nacimiento de grandes ejecutantes. De hecho más de un millón de músicos venezolanos fueron formados en el Sistema y muchos de ellos son reconocidos en todo el mundo. Allí conocí al asistente del concertino de la Filarmónica de Mendoza Igor Lara, hermano del actual director de la Orquesta de Mendoza, César Lara quien empezó su carrera como percusionista en ese sistema de orquestas, y luego hizo su carrera de director. La comisión artística de la orquesta propuso mi participación del ciclo de este año y el Maestro César que había escuchado hablar de mí en Venezuela lo apoyó inmediatamente. Al llegar tuve la grata sorpresa de volver a encontrar a Igor y a una Orquesta que ha mejorado mucho su nivel desde la última vez que vine a Mendoza de la mano de mi amiga Ligia Amadio.

-Ya que hablamos de Venezuela y de su Brasil natal ¿cómo evalúa el apoyo que recibe la música erudita en la actualidad?
-La música clásica en general en el mundo está con problemas de apoyo. Sí destaco que en América del Sur son los gobiernos los que mantienen las orquestas, a diferencia de lo que sucede en Europa o Estados Unidos donde apoyan la música clásica sponsors privados. En América Latina no tenemos una cultura de larga data en círculos de cultura erudita, así la música clásica es el patito feo del cuento, cuando las sociedades lo que más necesitan son hombres de arte. No obstante veo que en los últimos años se ha dado apoyo y que las audiencias de jóvenes aumentan en los conciertos. Hay como un “revival” del interés por los clásicos. No obstante creo que aún necesitamos más orquestas y más escuelas de música en nuestros países.

-Tal vez habría que desestructurar más el mensaje de la música clásica para las audiencias neófitas, explicar las obras, comunicarse con el público, ¿usted comparte este punto de vista?
-Yo creo que hay que hacer más conciertos didácticos y populares con el fin de lograr eso. Diferenciar las audiencias. Ya que aún existe un público clásico que gusta de la estructura, y otro público que se suma y prefiere la comunicación. También opino que es necesario llevar más las orquestas a los lugares públicos, parques, plazas, playas. Sabemos que no es fácil porque requiere de mucha inversión en infraestructura, pero atrae a mucha gente. En Ipanema (Río de Janeiro) dirigí un concierto de Gustav Mahler ante 150.000 personas y fue una experiencia maravillosa.

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