En 2001, antes de comenzar el rodaje de 'Lara Croft: Tomb Raider' Angelina Jolie no era la conocida actriz, directora y filántropa que es ahora. De hecho su popularidad se debía más a su vida personal y sus truculentas relaciones con su hermano y su por entonces pareja Billy Bob Thornton. Se rumoreaba que estaba empezando a jugar con las drogas y parece ser que cargaba al cuello un colgante con la sangre de Thornton. Sin embargo, nada de esto parecía importar a Simon West, director de 'Lara Croft' que de hecho pretendía utilizar los problemáticos y peligrosos aspectos de la actriz para enriquecer el personaje y vender la película.
Durante la preproducción de la película basada en la heróina de videojuego, Jolie se encontraba grabando 'Inocencia interrumpida', film por el que conseguiría su, hasta ahora, único Oscar. West viajo hasta el rodaje en Nuevo México dónde ella le dijo: "Quiero hacer la película pero conozco mi reputación y haré lo que sea para demostrar que soy digna del papel. Seré responsable, iré y trabajaré duro. No me importa si el estudio quiere hacerme controles de drogas cada día". Y así fue, la palabra de la actriz no fue suficiente y la sometieron tanto a pruebas antidroga de orina y de sangre, pruebas que, para consuelo (y sorpresa) de todos, salieron negativas. Sin embargo, como Sherry Lansing (por aquel entonces directora ejecutiva de Paramount) cuenta en su nueva biografía la preocupación por la actriz no mermó lo suficiente: "Le pusimos un equipo con dos fines.: uno realmente práctico, conseguir que se pusiese en forma para la película [...]; pero también había cierta sensación de que teníamos que darle apoyo espiritual y psicológico".
El paternalismo que el estudio y los miembros de la película ejercían sobre Jolie complicó las cosas para todo el equipo. West decidió contratar a Bobby Klein, un antiguo fotógrafo y terapeuta, para supervisar el trabajo y el estado emocional de Angelina Jolie. La simple presencia de Klein ponía de los nervios al productor Larry Gordon: "Vestía completamente de negro. Era un tipo de aspecto extraño con barba y pelo blanco. Muy esotérico, me dio una cosa que supuestamente si la llevaba puesta no tendría cáncer, una mierda de esas. Dijeron que iba a ser de gran ayuda y que iba a hacer grandes cosas". Pero la realidad fue muy diferente. Klein tomó el control de la preparación física de Jolie y contrató a un supuesto experto en salud que pretendía que la actriz tomase baños de leche y practicase yoga y meditación. Lloyd Levin, el otro productor de la cinta lo describió como "una broma espiritual".
Aunque a excepción del director nadie parecía demasiado feliz con Klein, hizo falta que comenzase a acosar sexualmente a una de las asistentes del director para que fuese expulsado de la producción, pero nada de eso impidió que finalmente cobrase por su "trabajo". Después de la salida de Klein, Jolie fue, en palabras de Lansing, un sueño: "Cogió un personaje de cartón y le añadió capas de misterio, emoción y humanidad".


