Reapareció la reina hot: "Me llamó el PJ de Las Heras"

Por UNO

Por Analía Gallardo y Adriano Baldo[email protected]

Una noche cualquiera, un jueves o un martes cualquiera. En un bar cualquiera que no es cualquiera. Puede aparecer, sin mayores luces, sin bombos ni platillos, pero con el título a cuestas: señoras y señores, traspasa las puertas de La Reserva la REINA HOT. Una de ellas, de las que se cargó para siempre con ese mote por salirse de la fórmula de la coronita, la banda y el saludito calcado.

Ahí llega Florencia Laguna, una de las que mas “Reina Hot” cosechó en los titulares de diarios, canales y radios. Una de las que más portó el sello en la frente, por ir un paso más: besarse en los bares con otras chicas para vender una bebida energizante. ¡Hot hot hot! ¡Reina hot! “Con lo que le costó a mi mamá elegirme un nombre”, bufa ella enfundada en unas calzas y unas botas taco bajo. El vivo no goza de las mieles del Photoshop.

Compensa con unos ojazos azules que se fijan en el periodista que se para enfrente y dispara: “Sí que me ofrecieron plata y cargos en la política: los del PJ de Las Heras me vinieron a buscar”.

Y recuerda con picardía y un dejo de goce que durante el esplendor de la fama de la Reina Hot de Las Heras un político de la provincia le mandó de regalo a su casa una cadena de oro y dos días después le mandó un mensaje de texto para facturarle en afecto el precio de alhaja. Se ríe no bien lo dice y sin tapujos reconoce que se guardó el obsequio.

-¿En qué andás?-Volví de Buenos Aires y después estuve en Europa de vacaciones. Ahora estoy viendo si entro a un reality en Chile, donde se va a hacer un juego de supervivencia. Me invitó una amiga que es famosa allá.

-¿Te abrió puertas la Vendimia y ser la Reina Hot?-No mi personalidad es la que me abrió las puertas. En este ambiente si no tenés personalidad y carácter no podés.

-¿Te ofrecieron hacer política?-Si cuando salí reina, pero como yo hablaba y decía que estaba en contra de la minería mucho no sumaba. Me llamaron del Partido Justicialista de mi departamento.

Declara. Y se va. Vuelve a las pistas dejando más de una incógnita en sus interlocutores: ¿Quién le regaló la cadenita de oro? ¿quién pensó en ella como una buena candidata a un cargo político? ¿todas las reinas pasan por el tamiz del avance masculino descarado? Ni la noche ni los varones que la cotejan en la pista le sacarán el secreto sugerido un martes o un jueves cualquiera, en un bar cualquiera que no es cualquiera.