Lucio Ortiz
El cielo estaba cubierto y, en las afueras de la ciudad, en La Casona de Pance, lugar de entrenamiento de Deportivo Cali, se desarrollaba la práctica.
Llevaban 10 minutos y sin que cayera una gota de agua, pero del cielo bajó una ráfaga con “el símbolo de la muerte”, una poderosa descarga eléctrica paralizó al grupo de jugadores que trotaban.
Varios cayeron sobre el césped y sobrevino la lluvia. Mientras se levantaban lentamente, a Elkin Murillo, uno de los jugadores, se le vinieron a la mente las palabras que había largado jocosamente Hernán Gaviria, al que apodaban el Carepa: “Antes de entrenar, en el momento de cambiarnos, Hernán vio que el cielo estaba cerrado y la tempestad venía y dijo en tono de risa: ‘Tranquilos, muchachos: yo gracias a Dios no voy a morir por un rayo’. Él decía que iba a morir disfrutando, en una discoteca o algo así. Todos nos reímos con su comentario porque bromeábamos mucho, ese era un grupo muy unido”.
Murillo recuerda que “cuando cayó el rayo yo estaba al lado de Giovanni Córdoba, él se volteó y me dijo: ‘Uy, mira Elkin, a Carepa le está saliendo humo de la cabeza’. Nos fuimos hacia donde estaba Hernán para ayudarlo y recuerdo que Córdoba dio unos cinco pasos, se puso la mano en el pecho y cayó arrodillado. Yo creí que estaba molestando, porque siempre hacía chistes, pero cuando le miré los ojos grité”.
Además de Gaviria y Giovanni Córdoba, fueron llevados al hospital del Valle de Lili los volantes Giovanni Hernández –capitán del seleccionado campeón de la Copa América 2001–, Carlos Álvarez y Julián Espinoza. Unas horas después daban la triste noticia de la muerte de Carepa Gaviría. El jueves 24 de octubre de 2002 quedó como un día nefasto para Deportivo Cali. El volante, de 33 años, había jugado con la camiseta de la selección de Colombia 40 partidos, marcó 5 goles, uno en la Copa del Mundo de EE.UU. ‘94 en el 2 a 0 ante Suiza. Además integró el plantel en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
La despedida de Gaviria embargó de pena a toda Colombia, mientras tres sus compañeros eran dados de alta, pero Giovanni Córdoba no evolucionaba.
Tres días después, el domingo 27, otra noticia fuerte estremecía Cali porque moría el delantero Giovanni Córdoba a los 24 años, que había sido convocado una semana antes a la selección colombiana.
De la trágica tormenta eléctrica habían salido ilesos dos argentinos: el técnico Oscar Quintabani, que en esos momentos estaba en el gimnasio, y el arquero Darío Sala.
En esos días, su hermano Hernán, de 13 años, pidió una prueba en el Cali y lo llevaron a jugar de su Palmira natal (en el Valle de Cauca, a 22 km de Cali) a las categorías infantiles del Verdiblanco.
A los 16 años debutó en la primera del Cali, pero el club decidió prestarlo a Córdoba FC, de la Primera B, en el 2007.
Volvió al Verdiblanco y el volante ofensivo jugó 31 partidos en Primera A. Otra vez fue prestado, ahora a Atlético Huila, en el que había convertido 10 goles en 23 partidos.
El sábado había tenido una gran tarea marcando un gol en el triunfo de Huila ante Deportivo Pereira. Al otro día, el domingo 20 de setiembre de 2009, en una carretera de Neiva conducía su Chevrolet Aveo, en la que iban sus compañeros Mario Beltrán y Juan Restrepo más una amiga.
De repente se encontró de frente con un ómnibus. Tras la colisión ambos vehículos ardieron. Sólo se salvó Restrepo y los otros tres cuerpos quedaron calcinados. Costó identificarlos.
La familia Córdoba volvió a perder un integrante. El fuego del cielo se llevó a Hernán Gaviria y Giovanni Córdoba y el fuego del combustible se llevó a Hernán Córdoba. Demasiadas coincidencias fatídicas.
Fuente: Diario UNO Mendoza


