Espectaculos Domingo, 10 de junio de 2018

Norma Aleandro: la alegría de actuar

La destacada actriz argentina de renombre internacional dirige Escenas de la vida conyugal, obra que la semana entrante llega con Ricardo Darín y Andrea Pietra. Charla exclusiva

La inolvidable pieza teatral Escenas de la vida conyugal, escrita por el guionista y director de teatro y cine Ingmar Bergman, llegará la próxima semana al teatro Plaza con los protagónicos de Ricardo Darín y Andrea Pietra. La dirección de la obra está a cargo de Norma Aleandro, dama de nuestro cine, teatro y televisión e inspiración de varias generaciones de actores.

Su impronta está grabada en esta producción que entre los tres han compuesto, elaborado, vivido. Y ella, una de las responsables de que Argentina consiguiera su primer Oscar en 1985 con La historia oficial, atiende el teléfono de su casa y en esta charla exclusiva con Diario UNO habla del oficio de actuar, del proceso de dirigir y de llevar adelante una profesión que, según sus propias palabras, sigue viviendo y disfrutando con alegría.

-¿Va a acompañar a Darín y Pietra en sus presentaciones en Mendoza?-No, lamentablemente no puedo, tengo compromisos en Buenos Aires y me es imposible. Lo que hago es llamarlos todo el tiempo (se ríe).-Los dos han coincidido en que usted es como una mamá para ellos y en la ficción los dos han sido hijos suyos...-Es verdad, los dos han sido hijos míos en la ficción. Los quiero mucho, son gente excepcional, como actores y además como personas. Y cuando eso realmente se da, es de agradecer. He trabajado con ellos con alegría y ellos están trabajando con alegría. Las cosas que me dicen por teléfono todos los días... "¡La pasamos bárbaro!" u "Hoy pasó tal cosa...". Me van contando lo que pasó en la función y lo que se divierten trabajando, que es realmente la mejor manera de hacer nuestro trabajo, que es de alegría real, de poder gozar una cosa que no tendría que llamarse trabajo porque es realmente para gozarla, que es la actuación.

-¿No hay veces en que ese trabajo se vuelve un poco arduo?-El trabajo arduo es cuando estás armando el personaje, hay técnicas, a veces necesitás una, a veces otra y vas probando hasta llegar a armar una persona, porque los personajes son personas. Uno tiene que armar una persona con su carácter, su alma, sus deseos, sus amores y desamores. Y en este caso Bergman, que es el autor, es un talento que nos dio tanto en el cine y que dio tanto también en el teatro en su país, en Suecia.-Su faceta teatral quizá sea la menos conocida para nosotros...-El hizo la película primero (Secretos de un matrimonio, 1974), que es realmente trágica. Está muy bien hecha, pero tomando de este matrimonio otros aspectos, él armó otros fundamentos para hacer esa película. Y después de muchos años, luego de hacerla para televisión, estaba viviendo en Alemania y le pidieron que la hiciera para teatro y armó esta obra que es una delicia, porque realmente es una mezcla de comedia, de comedia sentimental y drama, no tragedia. Es una mezcla de cosas que para un actor es una fiesta y para el público también, porque puede ver en un matrimonio común, porque esas son también las habilidades de Bergman, mostrar gente común que se parece en todas partes del mundo, que se parece a tu vecino, que se parece a vos...Reconocemos los estados de esa gente y armó esta obra con una habilidad y con un genio que para el público es bárbaro, pero para los actores pasa lo mismo. Es una alegría poder hacerla.-Creo que la clave pasa un poco por lo que dijo recién, que el trabajo arduo pasa por armar el personaje para después crear a la persona. Esta obra exige que realmente nos encontremos con las personas que componen este matrimonio, que son Juan y Mariana...-Exactamente. Encontrarse con esas personas que están cuando empieza la obra de una manera determinada, en una situación determinada de pareja y va avanzando la obra, van pasando cosas y van cambiando ellos, no como seres humanos sino sus actitudes, porque van cambiando sus vidas. Sus ambiciones y deseos son otros y también sus odios y sus alegrías. Como nos va pasando en la vida si pudiéramos analizarla minuto a minuto. Y al final de la obra, que han pasado ya años, esto es muy lindo también, porque se ve correr el tiempo de esta pareja, individualmente y juntos; vemos que han aprendido una cantidad de cosas y que otras quisieran seguir aprendiendo. Como nos pasa a los seres humanos. Es muy bella y creo que es una de las pocas obras de pareja tan bien construida y en profundidad.

-El público puede pensar que ha visto otras obras centradas en una pareja, pero cuando se hace contacto con el texto de Bergman se sabe que no va a parecerse a nada que se haya visto antes...-Exactamente. Son temas elegidos por mucha gente para escribir, pero no se ha llegado a esa profundidad. Es como decir Hamlet y afirmar que vamos a escribir sobre un chico medio desorientado y desesperado (risas). No es lo mismo.-Por eso esas obras se convierten en clásicos...- Así es y en este caso Darín y Pietra la aman y por eso mientras pueden, la hacen. Esto también es muy bueno, porque combinan con otras cosas en su vida, como hacer cine o televisión, y cada tanto se vuelven a juntar y la vuelven a hacer y se vuelven a encontrar más cosas todavía, pero tienen la ventaja de no hacerla todos los días durante muchos años. -¿Es como un descanso para ellos?-¡Claro! La están haciendo desde hace mucho tiempo, pero con descansos y cada vez que la retoman están nerviosos. ¡Me encanta verlos! Porque es un estreno de verdad, aunque la hayan hecho hace ocho meses en Madrid, que es lo que en realidad ha pasado. Es que esos personajes son bellísimos y ellos son bellísimos como actores.Estar del otro lado-Ahora está como directora, pero esta misma obra la hizo usted con Alfredo Alcón en 1992. ¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia?-Fue hermoso. Me costó convencerlo al principio. Me decía: "¿Te parece Norma, yo en un papel cómico?". Porque claro, tiene escenas que son muy graciosas y él no se animaba. Y yo, que lo conocía personalmente, que me había hecho reír tanto como amigo y como pareja durante un tiempo, sabía que tenía un humor excepcional. Yo le decía que usara ese humor y la verdad es que fue una experiencia muy linda hacerla y él se emocionaba cuando la gente se reía, porque no estaba tan acostumbrado a que se rieran...-A escuchar que él provocaba eso en el público...-¡Claro! Fue muy lindo, emocionante y la hicimos durante mucho tiempo. Y es el mismo productor, Lino Patalano, que siempre está a mano para hacer estas cosas y para probar cosas, porque en su momento era un prueba lo que hacíamos. Después fue maravillosamente bien, pero primero tuvimos que pasar la angustia de no saber si la gente la iba a aceptar, si les iba a gustar. Siempre pasa eso en el teatro.-Y luego de haber sido la protagonista, ¿cómo es dirigir esta obra?-No me inspiré en lo que habíamos hecho nosotros porque no tiene sentido. Te voy a contar una anécdota que explica un poco lo que me pasó. Ingmar Bergman estrenó esta obra en Londres y después la hizo en Suecia. Y un periodista español, la nota yo la leí en un diario español, le preguntó cómo era posible que en Londres hiciera una versión tan distinta a la de Suecia. Y el contestó: "Es que los actores eran otros". Es exactamente eso. Es otra gente, otra manera de buscar esa situación o esa verdad, ese equilibrio, esa forma de vivir del personaje. Es otra persona y por lo tanto llegan a otras conclusiones y siempre enriquece. Y el autor tiene que tener esa paciencia que tuvo Bergman, que como director tenía que ver que los actores cambiaran.

-Ricardo Darín me hablaba de la importancia de mantener el timing de esta obra, porque el público se involucra mucho, pero no hay que dejar que termine controlando el trabajo en el escenario. ¿Ahí está también su mano?-También tiene que ver con ellos y su experiencia en el escenario, porque si el público se ríe y mucho no hay que perder el ritmo de lo que se está haciendo y diciendo, que la risa no acabe con tu interpretación. Y ellos lo logran, por suerte.-¿Es una directora que les da espacio a los actores para improvisar?-Cuando los aportes son realmente inteligentes, algo que tienen los dos, los dejo, por supuesto. Además, ¿sabés qué pienso de la dirección? El director tiene que ser un partero, o una partera en este caso, porque la creación realmente está en los actores, que son los que están en el escenario, son los que arman los personajes y el director tiene que ayudar a que no equivoquen el camino y cuando están en el camino que no se asusten, porque de pronto pasan cosas en los ensayos que te dan la sensación de que no vas a lograr hacer ese personaje y el director tiene que recordarte que sí, que lo podés lograr y ayudarte a seguir ese camino que elegiste para crear. Cuando la creación del director es lo más importante suelen ser actuaciones híbridas. Cuando la creación es del actor y el director lo que hace es ayudar a que se sientan cómodos creando, creo que es la manera correcta.-Es el que ayuda en esa especie de alumbramiento, ese pasaje del personaje a la persona...-Sí, y a no asustarse por estar metiéndote en un mundo que no es el tuyo. Es un mundo realmente armado y es hermoso crear a una persona, tener esa posibilidad en la vida de no ser solamente vos, sino en el escenario ser otro.-Y el director va viendo cómo ese personaje va tomando vida delante de sus ojos...-Exactamente. Y a veces el actor se pierde metiéndose en esos mundos tan diferentes a él y ahí tiene que ayudarlo el director, a que vuelva, tranquilamente.-En mundos muy emocionales, por cierto...-Sí, y que a veces coinciden con desgracias que han tenido en su vida privada y entonces sí que es mucho más difícil.-¿Allí terminan llorando lágrimas propias, no del personaje?-Sí y hay que tratar de que no, hay que tratar que las lágrimas sean del personaje. Eso también es difícil. Hay técnicas que ayudan, pero sobre todo hay una forma de estimularlo desde la dirección al actor, para que no se pierda en lo personal y que viva el mundo del personaje.-Y usted cuando los ve, ¿sabe cuándo son lágrimas propias o del personaje?-Eso se nota y además el actor no queda bien cuando llora sus propias lágrimas. Entra en un mundo que no es el del escenario, que tiene que resolver afuera. Y traerlo de vuelta desde la dirección es un trabajo de amor, no se parece a otra cosa.La actriz-¿Cómo selecciona los personajes que quiere interpretar?-En la medida en que está bien escrito el guión, del personaje lo que me interesa siempre es poder crear algo diferente a mí, que no esté tan cerca de mi manera de ser o de ver. Es decir, que pueda construir más un personaje que copiarme a mí misma. En ese sentido, voy buscando eso. -¿Por qué esa búsqueda de lo diferente? ¿Para aprender?-Se aprende, pero uno se divierte mucho. Imaginá que sos hombre y te dan a hacer Yago. Nunca fuiste tan malo, nunca se te ocurrió hacer esas maldades porque no están en tu espíritu. Tenés que ir a buscar esa forma de hacer las cosas, de pensar, esa forma de sentir. Es muy divertido. Sentir la maldad e ir a buscar por qué y de pronto no tener un porqué, sino que sos así, porque hacer eso es lo que mejor te va, pero no te va en tu vida. O al revés: hacer un personaje maravilloso, exaltadamente buena y no ser tan así en la vida.-¿Hay un límite de edad para empezar a actuar?-Yo he dado clases muchos años, ya no las doy porque cuando estoy trabajando tanto no me gusta faltar a las clases, pero lo que más me gustaba era mezclar los alumnos más jóvenes con los más grandes. Los mayores tenían 70 años o más, porque había gente que en su vida había querido y no lo habían hecho por distintas circunstancias. -Y se daban una oportunidad...-Exacto. Una vez vinieron tres chicas, de treinta, cuarenta años, a inscribir a la mamá. Yo les expliqué que en general no inscribía hasta tener una charla con la persona. "Ay, es que nos cuesta traerla", me contaron. Y siguieron: "Pero la vamos a traer, porque lo pasó con mi mamá, me decían las tres, es que su padre no la dejó actuar. Después se casó con papá y papá no la dejó. Mi papá ahora se murió y apenas se murió lo que queremos es que venga a estudiar teatro". No sabés el talento que tenía esta mujer, tenía 70 o más años, y les hacía tanto bien a los otros actores, porque yo mezclaba los jóvenes y los más grandes porque se dan distintos tipos de pensamientos sobre cualquier cosa, sobre todo, y era ampliarles la visión del mundo a cada uno. Y esta mujer tenía tanto talento y no la habían dejado. O sea que nunca hay una edad para estudiar teatro. Es muy generoso. No es como el canto, que tiene una edad, al igual que el ballet y ellos lo saben desde que comienzan. Pero el actor, en la medida en que no se vuelva loco y empiece a decir tonterías (risas), podemos trabajar hasta cualquier edad. Y es hermoso poder estar arriba de un escenario, o frente a una cámara y hacer esos personajes que no son vos.