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Noche de rock y nostalgia

Por Ramiro Ortizortiz.ramiro@diariouno.net.ar

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El Frank Romero Day estaba a medias cuando, pasadas las 20 del lunes, Los Enanitos Verdes empezaron a encender la llama rockera que le pondría calor a la segunda repetición de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Y, casi en el mismo estado, el teatro griego despidió a Charly García pasadas las 4 de la madrugada al ritmo de Me siento mucho mejor y de los aplausos de los más resistentes fanáticos. En el medio de esas ocho horas de shows hubo tiempo para muchas cosas, desde corear los clásicos de la banda de Marciano Cantero y Felipe Staiti, bailar hasta la euforia los temas de El amor después del amor que Fito Páez recreó, pasando por el fervor generado por el espectáculo Teatro mágico de piedra y vino, y un recorrido profundo y nostálgico por la discografía de Charly, quien a sus 60 años sostuvo dos horas de un recital con altibajos.

Luego de una hora de hits de los Enanos, ovacionados a rabiar, empezó la primera proeza técnica de montar a toda velocidad el sistema para que entrara Páez. El rosarino interpretó casi completo su disco más célebre, show con el que estuvo girando todo el año pasado, intercalando otras piezas geniales como 11 y 6, Ciudad de pobres corazones y cerrando con las alas de Mariposa Tecknicolor. “Mendoza, prepárense porque ya viene el músico más genial del rock argentino”, se despidió Fito.

A esa altura, cerca de la medianoche, el teatro explotaba y era difícil imaginarse que luego de tanta furia rockera el público se sentara en paz a disfrutar del Acto Central de la Vendimia. Pero eso fue lo que sucedió, y de la mejor manera. Segunda proeza técnica, entonces, a desmontar todos los equipos y barrer rápido porque en seguida ese mismo escenario contendría a cientos de actores y bailarines. Y 90 minutos después, la tercera función del espectáculo de Vilma Rúpolo y Arístides Vargas se concretó con palmas y gritos de emoción. Tercer desafío: armar a mil por hora el set de García y sus 11 músicos (incluidos un DJ y un ensamble de cuerdas), porque ya esa altura de la noche la paciencia empezaba a escasear, por más que fuera el ídolo del rock nacional quien estuviera por llegar.

“El hijo de la lágrima” estaba de buen humor y con ganas de divertirse, por eso empezaba por reírse de sí mismo para hacer reír a los demás. El video introductorio, en el que se lo ve hablando por teléfono con Marilyn Manson, fue la primera evidencia. Arengador suburbano, cuando un aplauso no lo conformaba largaba frases como: “¿Eso es todo lo que nos merecemos?” o “quizá no aplauden por que es música muy vanguardista y no la comprenden… estoy jodiendo”. Entre una escenografía con sillones, maniquíes, relojes o candelabros, García se paseaba con enclenque movilidad, confundiéndose más de una vez de instrumento, de letras o de canción, pero sin ninguna intención de ocultarlo, sino más bien haciendo alarde de ello al preguntar varias veces a su banda, The Prostitution, en qué tonalidad tenía que tocar.

Con ese ánimo desgranó en la primera mitad del show temas de su producción de este milenio, más rockera, desprolija y con poca ayuda del sonido, que hasta entonces no había fallado. Asesíname, Rock and roll yo, Influencia, Tu vicio o El amor espera antecedieron el intervalo hacia la dimensión desconocida (con video incluido con imágenes de The Twilight Zone).

Y ahí estuvo el giro hacia el costado genial, elevado y brillante de Charly, que interpretó en vivo temas inesperados, inusuales y hasta desconocidos por muchos. Viajó en el tiempo hacia Sui Generis con Instituciones y Tango en segunda, pasó por La Máquina de Hacer Pájaros con Marilyn, la cenicienta y las mujeres, así llegó a Seru Giran con Eiti Leda y la instrumental 20 trajes verdes (“¿No les gusta? ¡Es la mejor que tengo!”, bromeó). Así siguió hasta Yendo de la cama al living, Canción de dos por tres, Los Dinosaurios y Ojos de videotape (“Ya no tiene sentido porque el videotape no existe más, pero le da esa analogía…”).

Después de esa entrega ya nadie podía pedirle más, pero él se encargó de dar la estocada final con la aparición de Fito Páez a quien, a esa altura, cerca de las 4, ya nadie lo esperaba. Fito se sentó al piano y tocó Desarma y sangra, mientras Charly cantaba y cerraba así, con ese hilo de voz arenosa, un concierto que quedará en la historia de las repeticiones vendimiales. “Se han portado bien, así que voy a tocar una más, y ahí sí se van a la camita”, dijo antes de despedirse con Me siento mucho mejor.

Perlitas vendimiales

►Fito Páez trajo la misma banda que cuando celebró los 20 años de El amor después del amor. Sólo que esta vez no lo acompañó su voz, ya que al parecer estaba con un problema en su garganta.

►La figura de Fernando Samalea en la banda de Charly fue una presencia enérgica, bailando, percutiendo maniquíes y tocando el bandoneón en temas rockeros como Cerca de la revolución.

►La cantante Rosario Ortega (hija de Palito) y el guitarrista el García López también cumplen papeles cruciales en la banda.

►Como un homenaje sutil, sin anuncios, Los Enanitos Verdes recordaron a Spinetta al interpretar la introducción de la canción Dale gracias.

►Charly dedicó Eiti Leda a la presidenta Cristina de Kirchner.

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