Espectaculos Domingo, 4 de febrero de 2018

"No trabajo con facetas de mi personalidad sino con la imaginación"

Miguel Ángel Solá protagoniza este filme que trata sobre un judío que huye de Buenos Aires a Polonia a buscar a un viejo amigo que lo salvó de la muerte en la época nazi

Miguel Ángel Solá volvió al cine, en este caso con El último traje, un filme de Pablo Solarz que se estrenó y en el que da vida a Abraham Bursztein, un anciano judío sobreviviente del Holocausto, en un papel que mezcla el cálculo con la fidelidad y el subsistir, y en el que el intérprete recurrió a su imaginación e intuición.Desde el primer momento en el filme de Solarz, Abraham negocia económicamente con una bisnieta para sacarse una foto; o entrega su casa a sus hijos a cambio de declaratorias de amor o miente en un hotel para conseguir un buen precio, pese a que lleva un dineral en su bolsillo.Sin embargo, tras esa apariencia de fenicio se enciende un personaje que guarda fidelidad con un viejo amigo, quien lo salvó de las peores consecuencias, y para quien deja todo en pos de cumplir con su promesa y terminar su vida como él quiere."No creo que se pueda tachar de 'calculador' a un hombre de 88 años, que lo único que quiere es que no le amputen una pierna, que no lo encierren en un asilo y que le permitan seguir siendo él mismo, tanto como él trabajó para que sus descendientes pudieran ser ellos mismos", advirtió Solá en una entrevista con la agencia Télam.

"¿Que es un pícaro? -sostuvo el experimentado actor- ¿que quiere sacar ventaja? Sí. Tiene la escuela del superviviente. Pero es un hombre que ha dejado, en vida, los ahorros de todo su quehacer, su casa, a sus hijas, con la promesa 'verbal' de poder seguir viviendo y de morir en ella. ¿Qué calculador cree en las promesas verbales?; ¿qué calculador deja su casa en vida?; ¿qué calculador paga mil dólares por una foto con su nieta?".Para Solá, se trata de "un anciano lleno de miedos, de dolores, de heridas sin cerrar, no de un 'calculador' que medra con la vida y la muerte de otros". "Creo que Abraham es como todos aquellos nacidos en el peor lugar y en el momento menos oportuno", argumentó.-¿Cómo fue la construcción del personaje?-Criando hija. Lavando ropa. Llenando cajas, llevando bolsas, mudándonos. Yendo allá y acá en subte, colectivo o taxi. Fregando. Amando. Barriendo suelos. Comprando comida. Confiando. Haciendo valijas y teatro en una gira dificultosa (se encuentra en tablas con Doble o nada, de Sabina Berman). Entretanto: estudiando letra e imaginando cara, rostro, atrofias del cuerpo, dolores del alma, riquezas y miserias encadenadas. Haciendo lo que hace casi todo actor y actriz en sus tiempos libres. Los del Tercer Mundo lo hacemos así.-El filme narra la vida de uno de los millones de sobrevivientes del genocidio nazi. ¿Estudiaste sobre el tema o te guiaste por el guión?-El "nunca más" vive en mi corazón desde que nací, soy inmediato a la segunda posguerra y criado con ideales de libertad y justicia. El Holocausto, si a eso te referís, es un tema lacerante que habla de la crueldad del hombre. Pero la película nos cuenta lo que quedó, muy poco de lo que fue. -Una característica de este personaje es el dolor físico, algo que vos sufriste hasta hace poco. ¿Recurriste ahí para expresarlo en el papel? -No, no trabajo con facetas de mi personalidad, sino con la imaginación, golpes de intuición y llenando de ideas cada emoción y de emociones las ideas. Lo "natural" como método es, a mi juicio, la "estampita" de lo real, su caricatura. Y lo "real" es una mínima expresión de la verdad. Prefiero, como todo actor que se sale de su vía expresiva "confortable", transformar la ficción en verdad, ser verídico a ser "natural".-El personaje se encuentra en un momento de análisis de vida. Si bien la diferencia de años entre él y vos es amplia, ¿vos también lo hacés? ¿Cuál sería?-No veo al personaje analizando su vida, sino huyendo hacia el futuro incierto que le espera. Tampoco yo estoy haciendo un análisis de mi vida. No tengo ni tiempo que perder, ni ganas de emplear mis energías en otra cosa que no sea vivir lo que me quede por vivir como pueda, y, si es posible, quiera vivirla.-¿Cómo te llegó este papel?-En estos casi veinte años, sólo Luis Puenzo (en una coproducción en la que yo venía pagado por España), y Héctor Olivera (con quien no pude filmar, desafortunadamente), me invitaron a hacer cine. Y, también, que sólo Roberta Sánchez (Germán, últimas viñetas) y Tristán Bauer (Bruno Sierra), se acordaron de mí para intentar darme pantalla en televisión. El último traje, me llegó gracias a que Héctor Alterio, Pepe Soriano y Norman Brisky, por diferentes causas no pudieron hacerlo. Recién ahí se pensó en mí, en este caso, afortunadamente.-Decís que "el teatro es lo que ocurre entre el espectador y el actor". ¿Y el cine? ¿Cómo lo definirías? -Como un entramado en el que el actor pasa a desempeñar uno de los tantos roles para comunicarse con el espectador. En un filme trabajan decenas de especialistas en todo, hasta en actuar. Lo que no logra quien carga la película en cuerpo y rostro, lo solucionan otros. Lo que no sale en la toma cuarenta, lo amalgaman en la cuarenta y uno, con ayuda de la doce, un suspiro de la tres y dos pestañeos de la diecisiete, mucho más y mejor hoy en que no se precisa ahorrar celuloide. En el teatro no se pueden esconder las mediocridades ni las limitaciones, en cine todo es posible.-Hace cuatro años regresaste al país ¿Estás cómodo? -Luchar es sinónimo de estar vivo. Aunque no sea todo lo cómodo que uno quiera. Aunque a veces te desvele y no encuentres el camino correcto para vos.-¿Qué semejanzas y diferencias encontrás entre la Argentina que dejaste y esta de ahora?-La dejé un poco antes de que el fútbol fuera todavía cuestión de todos. Volví con estadios vacíos de anfitriones y huéspedes porque se matan. Creo que tenemos un problema de convivencia por arreglar, ¿no?

Dejanos tu comentario