Nito Mestre: himnos de juventud, en clave de orquesta

Por UNO

Nito Mestre está apoyado en un auto, en la entrada de calle Espejo del teatro Independencia, rodeado de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Mendoza, preparándose para el ensayo que hicieron ayer a la mañana.

Acaba de regresar de Bolivia, donde se presentó con el cantautor Adrián Barrenechea (con quien está preparando un disco para el 2017) y cuenta cómo se adaptó a poder cantar con la altura. "Antes de entrar tenía que recurrir al oxígeno. Me decían que mascara hojas de coca, pero no puedo cantar así", explica riendo.

En el ensayo se suceden notas que han sido la banda sonora de muchas vidas, como Distinto tiempo, y el maestro Pablo Herrero Pondal dirige a los músicos por este viaje a los clásicos de Sui Generis, el dúo que Nito integró con Charly García, y por su carrera como solista.

Esta noche San Rafael los espera para este espectáculo, en el cual en la previa actuará el dúo local integrado por Maxi Guiñazú y Dorian Maronich.

La última canción que ensayan es Canción para mi muerte. Una de las integrantes de la Filarmónica deja el ensayo tarareando esta última melodía. Al rato, café de por medio, Nito dice que siente que "en estos momentos uno entiende que se desprende de los temas que hizo, unos de Charly, otros míos, que ya no importa quién los hizo".

-¿Cómo encararon los arreglos para una orquesta de estas características?

-No todos los temas se pueden orquestar, por eso es importante la selección que hicimos y el trabajo de Alberto Velasco, que hizo los arreglos y respetó muchos "miniarreglos" que están dentro de las canciones, pero para orquestarlas. Para mí cantar con una orquesta es un ideal, porque mi padre era médico pero también violinista.

-¿De allí tu relación con la música?

-Viene de los dos lados, porque mi mamá cantaba. Mi padre cuando llegaba a casa después de operar tocaba el violín y hacía una especie de playback, porque ponía un disco de música clásica y tocaba arriba. Por eso yo escuché música clásica de pibe, más que folclore y casi nada de tango. Mi madre era danesa, por lo tanto a ella le gustaba la polca y ese tipo de música, pero se adaptó a escuchar música clásica por mi viejo. Por eso tocar con una orquesta es familiar, es como si tuviera un cobertor arriba y allí estás, todo abrigadito. ¡Es estar metido en un tocadiscos!

-Además es un ejercicio musical distinto...

-Sí, diferente a tocar en un trío acústico, con una banda o con Silvina Garré en un café concert.

-¿Vas a venir a Mendoza con ella?

-Lo estamos hablando. Ese espectáculo también es diferente. Uno se predispone de otra manera, contás cosas, pero es divertido, esto te mantiene en movimiento constante. No te tenés que quedar dormido.

-En este show estás con un mendocino, el baterista Oscar Giunta. ¿Cómo surgió la invitación para que te acompañe?

-Él ha tocado con nuestra banda mucho tiempo y grabó conmigo Trip de agosto. Nos conocemos hace un montón de años, cuando me lo recomendaron. Somos como familia. Aparte, ¡lo que toca Oscar!

-¿Qué expectativas tenés para esta noche en San Rafael?

-A mí me encanta tocar en el interior, de hecho yo no toco mucho en Capital. Lo que pasa es que disfruto mucho viajar. Me gusta tanto estar en casa como en los hoteles. Es como viajar con otra familia, mis músicos, porque nos llevamos muy bien. Con Ernesto Salgueiro, Fernando Pugliese, Andrés Dulcet, Oscar Giunta, somos una familia.

-Es un viaje de amigos...

-Sí, se arma un poco como quinto B del colegio (risas). A mí me rejuvenece. Y además estar en Mendoza, que me encanta. Ayer salí a caminar unas 40 cuadras para hacer mis caminatas de mantenimiento.

-¿Tenés una rutina?

-Sí, y si me hago un ratito voy a salir a caminar por San Rafael. Me gusta hacerlo porque además elevás la tensión muscular de la voz. Camino y voy tarareando, haciendo pequeños ejercicios... Es una preparación semiespiritual.

La muerte como una visita amable o "flores en el mar"

Canción para mi muerte es uno de los temas que esta noche van a interpretar Nito Mestre y la Orquesta Filarmónica de Mendoza. Para él, este tema emblemático de Sui Generis ha ido cambiando con el paso del tiempo.

-Cuando ustedes lo escribieron eran muy jóvenes. ¿Ha cambiado la visión de la muerte con el paso de los años?

-Ha cambiado, presupongo. Uno acepta las cosas de otra manera. Los tiempos son distintos. Cuando vos suponés que la muerte puede llegarte a los 18 o 19 es una cosa penosa -siempre es penosa- pero cuando tenés tiempo vivido la lógica empieza a funcionar más, y más después de los 60 -yo tengo 64-. Decís "ojalá que no venga todavía" pero empezás a decir "hice tal cosa, viví, viajé, me casé". Si me tuviese que sorprender ahora, ¡qué le vamos a hacer!

-Igual la letra es esperanzadora, es una recepción amable de la muerte...

-Mi padre falleció cuando yo tenía 11 años y mi madre murió a los 96 años, en el 2007. Por eso escribí Flores en el mar. Lo bueno es que en ambos casos se fueron con mucha altura y esa fue una buena enseñanza que me dejaron. Mi padre era médico, tuvo un infarto de miocardio y él sabía lo que iba a pasar. Mi madre a los 96 decidió que no iba a comer más y se fue despidiendo. Fue amable y lo tomé de esa manera. La muerte se puede tomar como una cosa brusca o como la canción, como una visita amable.

-"Flores en el mar" no es tampoco un tema triste...

-Es otra despedida, fue despedirla formalmente luego de arrojar sus cenizas al mar con sus flores favoritas. Ella sigue estando.

Temas relacionados: