Selva Florencia [email protected]
Desde hoy a las 20.30, el referente de la escultura local Chalo Tulián exhibe Vehículos infernales, en la Nave Cultural
Muestra infernal
Un referente en materia de escultura hecha en madera y metal. Un profesor que ha influenciado a artistas jóvenes con sus clases en la Universidad Nacional de Cuyo. Un provocador armado con un torno. Juan Carlos Chalo Tulián puede ser definido de muchas formas, pero la más acertada es la de artista sin condicionamientos, como él mismo se describe al dialogar con Escenario mientras monta alguna de las 25 obras que pueblan su más reciente aventura escultórica, Vehículos infernales.La exhibición inaugura hoy, a las 20.30, y se podrá visitar en la Nave Cultural hasta el 22 de marzo próximo, con entrada gratuita.
Cuatro años lleva trabajando en estas obras el artista de 68 años oriundo de San Juan.Hay un avión de seis metros de largo y seis metros de ancho, un barco de tres metros de largo y otra veintena en las que el incansable creador expresa interrogantes sobre el paso del ser humano en la tierra, los medios de locomoción utilizados para trasladarse o transportar instrumentos que causan dolor y muerte, o goce y placer.En esta entrevista, Tulián, cuya obra forma parte del patrimonio de los museos Eduardo Sívori y Palais de Glace, de Buenos Aires, reflexiona sobre su inspiración y cómo pudo vivir del arte sin vender su obra o sacrificar sus principios.–Hace cuatro años que trabaja en esta muestra, ¿cómo nace Vehículos infernales? –En cierta manera es una continuación de la anterior muestra que traje a la Nave, que se llamó La mesa donde desayunó Mandinga. Si bien esa refería a otro tema, trataba de un elemento que usamos todos los días: la mesa. En este caso, los vehículos también son un elemento cotidiano que usamos los humanos. Esa inquietud la fui relacionando con aspectos de mi propia experiencia y utilicé vivencias de cuando era chico y algunas actuales. Sentí que era un momento para resumir todo lo que hice y he vivido con esta idea: el vehículo que nos hace circular en esta vida, ya sea por necesidad o placer, sumado al dramatismo propio del castigo que recibimos cada ser humano como si el infierno estuviera aquí, con nosotros, cada día.–¿Hace referencia al caos del tránsito de la Ciudad? Algo que se está volviendo cada vez más infernal... –No puntualmente, pero sí está presente. Hay una obra que está creada con restos de motos, que se llama Feria franca ambulante. Tiene que ver con la destrucción del vehículo y de la vida humana, y por eso incluye cadáveres. Eso es algo que me preocupa también y que surgió como reflexión mientras trabajaba en el taller.–¿Cuánto demora la confección de cada una de sus obras? –Puedo estar años trabajando sobre una misma obra. No de corrido, pero sí mejorándola, aunque suelo crear en abanico, elaborando varias a la vez. Pueden ser hasta 10 al mismo tiempo. Mi necesidad al usar este lenguaje (la escultura) es jugar y así expresarme con cada obra.–Hay humor e ironía en su trabajo, ¿es algo necesario para contrarrestar la crítica o la violencia que existe en otras de sus obras? –Es algo inherente a mi personalidad porque con cada obra vuelvo a la época en la que era un niño y jugaba con elementos que encontraba en mi casa. En aquel momento hacía cochecitos y jugaba en la vereda. Todo tiene un carácter festivo en su base. Lo que denuncio, mis recuerdos y lo que hago, siempre está hecho con ironía, risa y juego.–¿En qué se basa la escultura Una silla para Galileo Galilei? –Está basada en el mártir Galileo, a quien torturaron y mataron por no pensar como quería la iglesia Católica. Hace referencia a que el tiempo va en círculo porque, muchos siglos después, aquí también fuimos torturados por pensar y expresarnos de manera diferente. Es una característica de la humanidad y el principio del eterno retorno. Todo empieza, se suaviza, pero después regresa y se genera más violencia. Eso es el infierno para mí: este regreso constante provocado por personas que tienen cuerpo y, generalmente, botas. Hago alusión también al proceso militar de 1976.–Alguna vez dijo que no vende su obra o, por lo menos, no crea esculturas para venderlas. ¿De qué vive entonces? –Me acabo de jubilar porque fui profesor titular de la Universidad Nacional de Cuyo, además cobro una pensión vitalicia por un premio que gané en 1997. Eso último siempre lo invertí en mi obra, pero nunca condicioné mi trabajo a que fuera más agradable o más fácil de digerir y así se vendiera. No tengo condicionamientos porque no vivo de esto, por eso comprendo a quien sí vive de esto y tiene otra actitud.


