Espectaculos Martes, 23 de octubre de 2018

Michael Caine mira hacia atrás en nuevo libro de memorias

Michael Caine ha estado mirando hacia atrás, y en general le gusta lo que ve. ¿Remordimientos? Pocos.

El actor de 85 años, astro de las películas "Alfie" ("Alfie, el seductor irresistible"), "Get Carter" ("Carter, asesino implacable") y "The Dark Knight" ("El Caballero de la Noche"), entre muchas otros, rememora su pasado con cariño en el libro "Blowing the Bloody Doors Off", cuyo título adapta una línea de su aventura de ladrones de 1969 "The Italian Job" ("Faena a la italiana"). Publicado el martes en Estados Unidos por Hachette, es en parte memorias, en parte manual de consejos para aspirantes a actores y cualquiera que alienta un sueño esquivo de éxito.

La mayoría de los consejos son decididamente a la antigua. Apréndanse sus líneas. Trabajen duro. Sean gente buena. Y tengan suerte. Caine sabe que ha sido extremadamente afortunado.

"La suerte que he tenido, no pudieras haberla inventado", dijo Caine durante una entrevista en su apartamento en Londres con vista panorámica al río Támesis. "Quiero decir, incluso una vez que tuve éxito, hice muchas películas que fracasaron. Pero solo hice tres a la vez antes de tener un éxito".

En papel y en persona, Caine describe su éxito como una secuencia de buenas rachas. Su primera gran oportunidad, como un oficial del ejército británico en "Zulú" en 1964, fue seguida por un papel de espía cansado del mundo en "The Ipcress File" ("Ipcress, archivo confidencial"). Tras esto vino su éxito como un hombre de mundo insensible en "Alfie". Esa cinta hizo del actor rubio con gafas un símbolo del Londres alegre de los años 60, lo dio a conocer en Estados Unidos y le mereció su primera de seis nominaciones al Oscar.

Llegó a ganar dos Premios de la Academia, por "Hannah and Her Sisters" ("Hannah y sus hermanas") y "The Cider House Rules" ("Las reglas de la vida"). Luego llegó el papel de Alfred, el mayordomo y mentor de Batman, en tres películas dirigidas por Christopher Nolan. En el camino se convirtió en un ícono, y sus característicos anteojos y acento de Cockney desataron miles de imitaciones.

Caine dice que su actitud optimista está enraizada en sus penosos primeros años. Nacido Maurice Micklewhite en una familia de clase trabajadora en Londres, era un niño durante el bombardeo alemán de Londres y más tarde, como un adolescente llamado a filas, fue enviado a pelear en la Guerra de Corea.

"Se me ha hecho muy fácil ser feliz desde entonces", apunta en su libro. "Una vez que has estado en maniobras en Corea, todo lo demás parece bastante divertido".

Cuando volvió a Londres a un trabajo sin futuro en una fábrica de mantequilla, Caine decidió que sería actor, aunque no tenía idea de cómo lo lograría.

"Yo era un nadie de ninguna parte que no sabía nada de nada", dijo. Su impulso por triunfar nacía de la "desesperación, de la determinación de convertirme en algo más que un empleado de fábrica".

"Mi padre fue un ejemplo de lo que yo era y de cuán afortunado fui de haber nacido todos esos años después", dijo. "Mi padre era un hombre extremadamente listo e inteligente pero completamente sin educación, una completa pérdida de cerebro. Y eso es lo que me estaba pasando a mí, podía verlo".

Un anuncio clasificado llevó a pequeños papeles en una compañía de teatro provincial. Entonces vinieron trabajos en las tablas de Londres, papeles de televisión, papeles de cine y el estrellato global. Si tiene un secreto, dice, es que siguió adelante cuando los otros se rindieron.

"Si alguien me rechazaba, nunca me preocupaba por eso", explicó. "Probaba de nuevo, porque mi única alternativa era volver a trabajar a la fábrica de mantequilla".

"Pero el momento oportuno también jugó un papel decisivo en mi carrera".

Caine estaba comenzando justo cuando una nueva generación de escritores estaba emergiendo: dramaturgos como John Osborne y Harold Pinter, con historias sobre la vida de la clase trabajadora.

"De repente cada chico de clase trabajadora que iba a trabajar decía: 'Al diablo con esto. Voy a hacer algo que yo quiera hacer y lo haré a mi manera'", recordó. "Y de ese modo empezaron los 60".

Los 60 hicieron de Caine una estrella, y no solo a él. De pronto, escribe en el libro, "todos mis conocidos parecían convertirse en personajes famosos".

Caine disfrutó la fama cuando llegó, pero también trabajó extremadamente duro: en un momento hizo 12 películas en cuatro años.

El resultado es un currículum con más de 100 largometrajes, de variada calidad. Caine se toma alegremente los puntos bajos, películas como la secuela de mal gusto "Jaws: The Revenge" ("Tiburón 4: La venganza") o "The Swarm" ("El enjambre"), un desastre del que Caine y sus compañeros de elenco aprendieron otra lección: nunca trabajes con abejas.

"Ninguno de nosotros se dio cuenta de que era un desastre hasta que estábamos como a la mitad, cuando aparecieron las abejas", dijo Caine. "Estábamos haciendo una escena y todas nos cagaron encima".

"Aprendí de ellas. También aprendí de ellos", dijo de sus fracasos de crítica. "Recibí la misma suma de dinero por los fracasos que por los éxitos".

Cuando dejaron de ofrecerle papeles estelares, Caine se retiró por tiempo breve. Las últimas dos décadas le han traído algunos de los papeles más gratificantes de su carrera, incluyendo sus seis películas con Nolan, a quien califica como "un director brillante... el nuevo David Lean."

Por estos días, Caine está contento de mantenerse activo, balanceando su trabajo y su tiempo en familia con Shakira, su esposa por 45 años; sus dos hijas y sus nietos de 9 y 10 años, de los que está "enamorado".

"La paso tan bien con ellos", dijo Caine. "Me impresiona todo lo que saben. Es como hablar con alguien de 20 años".

De sus películas recientes, siente especial orgullo por "Youth" ("Juventud") del director italiano Paolo Sorrentino, en la que interpreta a un director de orquesta envejecido.

"No hago papeles protagónicos ahora: caramba, estoy demasiado viejo para levantarme cada mañana a las seis y media", manifestó. "Solo acepto papeles pequeños y me divierto un poco".

Agregó que "uno no deja las películas, ellas te dejan a ti. Y mientras reciba estos papeles, seguiré haciéndolos".

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