Selva Florencia [email protected]
El mendocino debutó el viernes en la comedia musical ...Y un día Nico se fue, junto con Tomás Fonzi. Hará teatro con su mujer, Carolina Barbosa, y un unitario para la TV Pública. Un galán que no le tiene miedo a los desafíos.
Marco Antonio va por todo
Ayer a las 2 de la madrugada, a pocas horas de haberse levantado el telón de la segunda temporada de ...Y un día Nico se fue, el mendocino Marco Antonio Caponi respiró aliviado: lo había logrado. Todavía eufórico por los aplausos del público y por tener que bailar, actuar y cantar sobre el escenario, le dedicó un tuit al director general de la puesta, Ricky Pashkus.
“Gracias @pashkus por este viaje, me siento un avestruz metiendo la cabeza en el país de las maravillas”, escribió en la red de microblogging, y desde entonces cada vez que pudo les contestó, por el mismo medio, a amigos y fans que lo felicitaron por su trabajo en la comedia musical, que está basada en la novela autobiográfica de Osvaldo Bazán y tiene música de Ale Sergi.
Días antes de aquel debut le contó a Escenario por teléfono cómo se preparó para encarnar al personaje de Osvaldo. Durante la primera temporada de la producción, a ese papel le dio vida Walter Quiroz.A pesar de tener sólo 20 días de ensayo, Caponi –nacido en Godoy Cruz y reubicado a los 14 años en Maipú– encaró el desafío de pasar de galán de novelas a actor de comedia musical de forma metódica y sumergiéndose en el estudio.
La obra ...Y un día Nico se fue habla del romance entre Osvaldo y Nico, recorriendo todas las etapas de cualquier historia de amor. La propuesta incluye canciones, coreografías, el coprotagónico de Tomás Fonzi y una orquesta en vivo.
Volver a empezar... en el teatro
Durante la casi media hora que Caponi dialogó con este medio –antes de internarse a ensayar por 10 horas– habló no sólo de trabajo sino también de su Mendoza natal y de los proyectos que le esperan para el resto del año. Aseguró que quiere hacer teatro y lo hará de la mano de otro ex Graduados, Luciano Cáceres. Ese actor los dirigirá a él y a su mujer, Carolina Barbosa, en la obra El acto gratuito, que se estrenará en los próximos meses también en Buenos Aires.
La pantalla chica también lo verá volver tras su papel de “canchero seductor” en Vecinos en guerra. Será en junio, en la miniserie 12 casas, que emitirá la TV Pública.
–¿Cómo lidiaste con los nervios previos al debut?–Con mucha presión, como cualquier estreno. Pero este tenía el condimento de estar haciendo algo a lo cual no pertenezco. Traté de contener los nervios para que a la hora de cantar me saliera la voz como debe ser. Hay que estar muy relajado y confiado, pero por como se dio todo, y hemos ensayado sólo 20 días, era mucha información la que recibí. Sin embargo, si hubiese tenido tres meses de ensayo sentiría lo mismo.
–Interpretás al alter ego de Osvaldo Bazán, pero también hacés tu propia creación del personaje...–Claro, pero además no es común tener tan cerca al autor. A la vez, la historia va tomando otro rumbo y no hay que encerrarse en lo que ya se hizo. Hay música, otros actores y dentro de la puesta hay gente que interpreta a parte de mi cerebro. Al tener tan poco tiempo no me quedó otra que trabajar, trabajar y trabajar.
–Habías hecho algo de teatro musical antes, ¿por qué volver ahora?–Tenía una pequeña experiencia de una obra anterior, que la hacíamos acá en Buenos Aires, en una fábrica abandonada que ahora es un centro cultural, pero cantábamos una cancioncita de 25 segundos. Lo que me pasaba era horrible: cada vez que tenía que cantar se me cerraba la garganta (risas). Tenía muchas ganas de aprender a cantar y bailar. Apareció esta oportunidad y me pareció un desafío que estaba bueno experimentar. No tengo absolutamente nada por perder sino, al contrario, todo por ganar. Con ganar me refiero a que indudablemente esta experiencia me va a dar herramientas que voy a poder usar durante el resto de mi carrera. Es importante que un actor pueda cantar y bailar aunque sea un poco.
–¿Cómo se hace para llegar al día de estreno con 20 días de ensayo?–En mi caso fue levantarme a las ocho de la mañana, leer la obra dos veces, ir a ensayar 10 horas, quedarme una hora más en la sala, llegar a mi casa, dormir una siesta, seguir estudiando hasta las dos de la mañana y levantarme otra vez a las 8. Eso, durante 20 días seguidos. No tenía tiempo para nada más.
–Venías de encarar a un ganador en Vecinos en guerra y ahora interpretás a un hombre homosexual que atraviesa una ruptura, ¿cómo fue esa transformación?–En teatro, durante dos años trabajé con Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó, y fue muy distinto, como hacer un estudio de teatro clásico y contemporáneo al mismo tiempo. Esto, en cambio, es algo fuera de lo común y tenía ganas de romper mi cabeza y mi estructura. Quería cortar un poco con lo que venía haciendo en la tele. Salirme un poco de ser ese objeto de deseo masculino para las mujeres y contar una historia de amor que trascendiera las barreras. Es una historia de amor y de desamor. Interpretar un personaje que es gay y totalmente asumido, me parecía un desafío hermoso. Si va bien o mal, se verá. Uno siempre quiere que todo vaya bien, pero todos los días estoy aprendiendo y tengo compañeros excelentes.
–¿Cómo es trabajar con Tomás Fonzi, quien hace de tu pareja?–Él me ha ayudado un montón: ¡Es un genio! Confiamos absolutamente en el vínculo que podemos crear. Además, tengo compañeros en la comedia que son muy talentosos: cantan, bailan, hacen de todo. Hay que tener fe y construir. Con poder estar ahí y cantar a tempo, ya es suficiente para mí.
–Con tanto ensayo, ¿te encontraste cantando en la ducha? –Uno siempre tiene la fantasía de cantar bien. Los argentinos, por lo general, siempre piensan que les gustaría haber sido músico o jugadores de fútbol (risas). Es extremo, pero es así. Me empezó a llamar la música ahora que estuve escuchando tantas melodías, pero me gustaría estudiar. Es muy interesante que uno pueda dejar salir la voz y generar armonías con eso. Toco la guitarra, pero de oído. Quisiera canalizar esto y que me retroalimente, como hobby.–¿Te tocó en lo personal el papel que interpretás o los temas que aborda la historia?–Cuando leía la obra me pasó en varias partes, pero no porque haya tenido miedo, sino porque siempre me dio miedo ser de otra forma. Por el qué dirán y es horrible vivir con esa sensación: de que si uno no es como debe ser, según las estructuras, parece que estás poseído por el demonio (risas). Lo bueno de esta producción es que no intentamos transmitir más que un hecho artístico, no bajamos línea.
–Vas a hacer otra obra que te va a reunir con un ex compañero de Graduados, Luciano Cáceres... –Sí. Estamos preparando una obra que se llama El acto gratuito, de Gonzalo Demaría. Ahora termino estos ensayos y empezamos con esa otra producción, que es independiente y en la que también va estar mi mujer, Carolina Barbosa. También aparece Guillermo Bertol y estamos esperando la incorporación de un nuevo actor, que va a ser una sorpresa y queremos que se dé.
–Más allá de la excelente química que tenían en pantalla con Luciano, ¿son cercanos en la vida real?–Con Luciano teníamos muchas ganas de laburar juntos, yo quería que él me dirigiera. Es un gran director y una persona con la que conecté mucho trabajando en Graduados. La idea es montar un espectáculo en el que hagamos lo que tengamos ganas de hacer y donde nadie nos imponga lo que tenemos que contar.
–¿La televisión queda fuera de los planes para este 2014?–Hice un unitario, que se llama 12 casas, de Santiago Loza. Se va a ver por Canal 7 (Televisión Pública), a fines de junio y fue una experiencia genial. Son 12 capítulos que muestran a una virgen que está un mes en cada casa y refleja todo lo que moviliza una virgen en cada hogar. Después veré. Quiero hacer teatro y buscar cosas a corto plazo que me den experiencia. También quiero estudiar dramaturgia y meter cosas en mi cabeza. Siento que tengo más para dar.
–Con la fama que alcanzaste en los últimos años, quedaste más expuesto a los medios. ¿Te afecta lo que se dice de vos en revistas y sitios de chimentos?–El fin de los chimentos es que uno los pase por su boca para que se vuelvan más ciertos. Si alguien escribe algo, y yo lo verbalizo, automáticamente lo paso a decir yo. Por mí, que digan lo que quieran: de lo que no sale de mí no me hago ni cargo. Me puede generar una molestia que se me pasa tomando dos mates, te juro. Las notas son parte de una ficción de la cual nosotros no tenemos que ver. Con que la gente que me conoce me mire a los ojos y me crea, me basta, pueden inventar lo que quieran. Algunos en el medio buscan generar eso, pero a mí no me sirve para nada.
–¿Qué pasó con el auto que te ganaste en octubre en el programa de Susana Giménez?– Todavía estoy esperando que me lo den...
“Mates con la familia y fernet con los amigos”
En la charla que Marco Antonio Caponi, de 30 años, mantuvo con Escenario, no quedó afuera su querida provincia. Esa que lo vio crecer, estudiar Educación Física y dejarlo todo para perseguir una carrera de actor en Buenos Aires.
–¿Venís seguido a Mendoza?–Voy de vez en cuando. La última vez fue hace unos cuatro meses. Cuando arranquemos con la obra me podré pegar una escapada de 48 horas, ponele, un lunes y martes, como mucho. La idea es ir más seguido.
– Y cuando venís, mucha gente debe de querer verte...–El año pasado traté de ir un poco más seguido y se calmó un poco eso. Pero sí, tenía que hacer muchas cosas en poco tiempo. ¡Me volvía loco! Lo que más hago es ir a la montaña, ver a mi familia, a mis amigos.
–Pero en esas escapadas, ¿qué no puede faltar?–Un asado e ir a una bodega a tomar vino. Sería algo así: un día de mates con la familia, una noche de fernet con los amigos y ya estamos.



