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Los 10 años y las 50 muestras de la sala de la UTN

Por Fernando G. Toledofgtoledo@diariouno.net.ar

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Desde los prejuicios, el entorno puede parecer poco apropiado: una universidad (la Tecnológica Nacional, Facultad Mendoza), dedicada a los estudios técnicos, duros, con fama de poco interés por lo que no sean cálculos y datos duros. Un claustro universitario, en suma, que condensa una mayoría de carreras de ingeniería.

Sin embargo, hace 10 años, la UTN decidió romper con el gris de esos prejuicios e inauguró, en uno de los pasillos privilegiados de su edificio (en Rodríguez 273, de Ciudad), una sala de arte de la que no se sabía cuánto interés podía despertar.

Hoy, una década y 50 muestras después, la respuesta flota en el aire: la Sala de Arte de la UTN es uno de los reductos mejor asentados en el circuito de espacios para el arte en Mendoza y ha alojado en sus paredes, en este tiempo, a una gran cantidad de artistas, sean consagrados o promisorios.

La celebración, por supuesto, viene de la mano de una nueva muestra (justamente, la número 50), con obras de Antonio Sarelli para el sector de los artistas reconocidos y otra de Valeria Señorans para el espacio de Arte Joven (ver aparte).

“La sala comenzó hace diez años, con un proyecto que al principio ofrecía muestras colectivas, pero desde que yo asumí, hace cinco años, decidí hacer muestras individuales, porque me parecía que de otro modo íbamos a seguir mostrando de manera parcial la obra de nuestros artistas”, recuerda Marcela Furlani, curadora del espacio y quien sucedió en ese puesto a Socorro Cubillos, la primera encargada de la sala.

A la hora de evaluar la importancia de que exista una sala de arte dentro de una facultad con carreras que no tienen que ver con las disciplinas artísticas, Furlani (también ella artista) asegura que resulta “un verdadero privilegio”.

Sucede, explica la integrante de Minas de Arte, que ciertamente la sala genera mucho interés en los alumnos, que son los primeros en ver las obras, y además deja asentado un espacio para que todo el público considere el lugar como uno más para poder apreciar el trabajo de los artistas locales.

“Con las muestras, que siempre van acompañadas por textos, tanto míos como de escritores locales, se provoca una completud en lo que puede proponer la UTN a la comunidad”, cuenta Marcela Furlani.

A la hora de hacer un balance de esta década de arte en un, a priori, “territorio hostil”, Marcela Furlani se siente más que satisfecha: “Creo que en estos diez años se ha impuesto el criterio amplio, porque han expuesto artistas profesionales y vocacionales, y ha terminado siendo una sala muy representativa del arte de Mendoza. Sobre todo por lo que nos han manifestado las personas que han visto las muestras. El balance es muy positivo.

Por aquí han pasado unos 300 artistas, aunque la verdad es que en todo momento ha sido más importante lo que se ha ofrecido en la sala en cuanto a calidad antes que a cantidad”.