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Lo bueno y lo malo que nos dejó Historias de Vendimia

Todos vemos Netflix y nos creemos críticos de cine, pero es mucho lo que se hizo con Historias de Vendimia en sólo tres meses

Uno de los grandes problemas que tenemos los que hacemos contenidos audiovisuales es que muchas veces no contemplamos en su totalidad a quienes nos escuchan, a nuestros espectadores.

Es notorio cómo intentos serios y bien paridos de producción audiovisual se quedan en el camino por no contemplar esta premisa: saber a quién le hablamos, qué queremos decirle y cómo decirlo.

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No le hablamos con las mismas palabras a un niño que a un adulto. Es lógico. Es compartir códigos. Esto no significa una falta de respeto y una degradación del otro, es simplemente ser efectivos a la hora de comunicar para no fracasar en el intento.

Aquí es donde entra en juego el guionista, rara especie de escritor que no escribe libros ni poesías pero que tiene la tarea de contarte una historia que, traducida en imágenes y diálogos, tiene el objeto de que la entiendas, la interpretes y la disfrutes. Y los buenos guionistas audiovisuales son pocos.

Los guiones, no solo de esta vendimia audiovisual sino de las clásicas, en su mayoría responden más al vuelo imaginativo y etéreo de los escribas que a las capacidades de decodificación de los espectadores. Los guiones de Vendimia dan por hecho interpretaciones que no se producen. Esto pasa siempre en Vendimia. Es un problema que no resolvió este formato, sino que lo profundizó cuando el que escribe pretende que el espectador entienda algo para lo que no recibió los elementos necesarios. Esto es algo de lo que adolece la producción argentina, no solo la mendocina, y es por eso que cuando un buen guion entra en escena, se transforma en un éxito, porque lo otro, lo sabemos hacer.

La Fiesta Nacional de la Vendimia optó en esta pandemia por un formato audiovisual, y lejos de salirse de aquella clásica catarata de críticas sobre el espectáculo en el teatro griego, se metió de lleno en un universo similar pero aún más cruel. Porque en esto sí que somos expertos. Vemos Netflix todos los días.

Aburrida, inconexa, tediosa, interesante, profunda, muy vendimial, poco vendimial, lo mismo de siempre, son calificativos que hemos escuchado en las últimas horas sobre los 6 episodios vendimiales. Pero si hay algo que no es cuestionable es la tremenda capacidad de realización audiovisual que tiene Mendoza. El sector necesitaba esta experiencia para decir acá estamos, estos somos, esto hacemos. Podemos ser una herramienta de generación de empleo, recursos y contenidos. Ténganos en cuenta cuando se habla de industria.

La verdad es que estaríamos en deuda si quisiéramos analizar Historias de Vendima bajo la lupa de lo que siempre fue la fiesta y lo que es una película, porque no podríamos hacerlo de manera responsable. No sería justo para ninguno de los dos formatos.

Asistimos a una salida digna y profesional de una encerrona pandémica que nos puso en la disyuntiva de si era posible una Vendimia 2021. Y fue posible. Gracias a quienes decidieron hacerla, al maravilloso y talentoso grupo de artistas y realizadores que se pusieron en sus hombros la noble tarea de tapar ese vacío que hubiéramos tenido en Mendoza. El primer fin de semana de marzo y sin fiesta. Y lo hicieron en tiempo record. Si le mostramos este trabajo a un director de cine profesional no se explicaría cómo se realizó en tres meses, algo que por lo menos necesitaría el doble.

Es verdad que ni los directores audiovisuales pudieron captar el espíritu vendimial, ni los directores de vendimia pudieron salir de su esquema de escenario, pero eso no está mal. Es lógico. ¿Si ni siquiera la tradicional Fiesta en el teatro tiene un género definido, cómo vamos a pretender que la primera experiencia audiovisual lo tenga?

A título personal, me gustaron las historias a cargo de la dupla Conte-González (Inmigrantes) y la de Marabini-Navas (Deme Dos). Fueron las que más entendieron la duplicidad de lenguajes y respetaron los aspectos de una y otra forma. El resto de las historias tuvo por momentos imágenes impactantes, pero siempre remitiendo a un teatro griego que este sábado no estaba en escena.

Es claro que después de esta experiencia habrá un antes y un después en el rol de lo audiovisual en Vendimia. Tenemos poco tiempo para pensar en cómo esta experiencia es un punto de partida y no una anécdota.

El autor es director de cine y TV y es el jefe de Producción y Programación de El Siete.