Enrique Pfaab
Fue un largo adiós, como si el aplauso lo hubiera obligado a regresar al escenario cien veces antes de que el telón cayera definitivamente. Preparó a su público, para que todos pudieran aceptar su partida. Se fue suavemente.
La noche del 12 de abril de 2010 Gustavo Adrián Cerati comenzó a despedirse, sin saberlo, cuando se subió al escenario del mendocino auditorio Ángel Bustelo. Iba a ser la última vez que se presentara frente al público argentino. Su última gira para el lanzamiento de su último disco, Fuerza natural, esa misma fuerza con que ya tenía fijado su destino.
La gira lo llevaría a Perú, después a Los Ángeles, luego a México, a Acapulco, a Miami, después a Colombia y finalmente a la capital de Venezuela. Tocó en Caracas la noche del 15 de mayo. Sería la última vez que escucharía el aplauso del público. Esa madrugada se descompensaría y le diagnosticarían un accidente cerebro vascular que lo mantendría en coma hasta este jueves. Más de cuatro años ya fueron suficientes para aceptar que el telón cayera definitivamente.
Gustavo Cerati, considerado por muchos el músico argentino más completo y talentoso de los últimos 50 años, nació el 11 de agosto de 1959 en el barrio porteño de Barracas. Fue el hijo mayor de Juan José Cerati y Lilian Clark.
Cuentan que desde muy chico se percibía su vocación artística. Alguna vez contó que su primera experiencia musical fue con un grupito de compañeros de la escuela primaria que usaban palos de escoba como instrumentos.
Pero, además, dibujaba y creaba personajes de cómics. Uno de los que recordaba con más cariño era Supercerebro, una especie de hombre volador y todopoderoso.
También tenía virtudes deportivas. Era un buen nadador y un atleta veloz. Uno de los trofeos que guardaban sus padres era aquel que le había dado la revista Billiken por haber obtenido el segundo puesto en un certamen intercolegial en los 100 metros llanos.
Pero el arte era lo que más le apasionaba a ese pequeño Gustavo. Era un preadolescente todavía cuando dirigió el coro de su colegio, el Instituto San Roque. Su espíritu era desestructurado e irreverente, demasiado para un colegio católico: las autoridades lo suspendieron cuando se le ocurrió eructar en plena misa.
A pesar de que tuvo que acomodarse un poco al sistema para crecer, trabajando como visitador médico para un laboratorio internacional y cumpliendo el servicio militar obligatorio, su destino artístico ya estaba definido.
En esos años de juventud formó tres grupos musicales y en 1982, con Zeta Bossio y Sandra Baylac fueron The Morgan que, quizás, puede considerarse su primera banda formal y la semilla de Soda Stéreo, que se conformaría definitivamente con la llegada de Charly Alberti.
“Se fue una de las personas con mas luz que conocí y estoy absolutamente agradecido a la vida por haberme cruzado con él y haber hecho lo que hicimos entre los tres, que fue algo magnífico, cada uno aportando lo que tenía”, dijo el baterista apenas se enteró de la partida de Cerati.
Y Zeta dijo: “Lamentablemente es cierto, el León dejó de luchar. ¡Qué día triste! Gracias por lo que nos diste, genio, único. Gracias por estar en mi vida, hasta siempre”.
La larga despedida
La noche del 15 de mayo de 2010 Gustavo Cerati presentó su show en Caracas en el estadio de fútbol de la Universidad Simón Bolívar. Apenas terminó su presentación se descompensó y fue internado.
Tres días después, el neurólogo Vladimir Fuenmayor informó oficialmente que el músico había sufrido “un evento vascular isquémico, con afasia de expresión". Lo operaron, pero el diagnóstico no sería alentador. “No volverá a ser el mismo", dijo uno de los médicos después de la intervención quirúrgica.
En la mañana del 7 de junio de 2010 el avión sanitario N601CV despegó del aeropuerto Simón Bolívar: Gustavo Cerati regresaba en estado de coma a la Argentina, controlado por el médico Antonio Martinelli, jefe de la unidad de cuidados intensivos del Centro Médico Docente La Trinidad. En el avión también viajaban la madre y su hermana, Laura Cerati.
Desde el mismo momento de su internación comenzó a especularse sobre su estado de salud. Algunos quisieron detectar indicios de recuperación y otros, más crueles, llegaron a anunciar su fallecimiento.
Lo cierto es que el 24 de octubre de ese año fue ubicado en su última cama, en la clínica ALCLA. Los partes médicos informaron una y otra vez que “el paciente Gustavo Cerati continúa en el mismo estado neurológico que el informado anteriormente”.
Así fue hasta el mediodía de este último jueves, cuando el director médico de la Clínica ALCLA firmó un parte que decía: "Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio".
Los grandes medios periodísticos son crueles. La mayoría de ellos tienen preparadas las historias póstumas de todos los personajes más importantes, aún cuando gocen de la salud más perfecta. En el caso de Cerati el presagio de su muerte era más previsible, aún cuando muchos esperaban un milagro.
Apenas se confirmó la noticia los medios y las redes gritaron adiós. La historia ya estaba escrita.




