The Leftovers, drama existencialista que presenta a una humanidad emocionalmente afectada luego de que desapareciera simultáneamente y sin dejar ningún tipo de rastro el 2 por ciento de la población mundial, estrena mañana el primer episodio de la tercera temporada a partir de las 22, por la pantalla de la señal de cable premium HBO (señales 450 y 1040 en HD de Supercanal Digital).
Esta tercera entrega de la serie creada por Damon Lindelof (Lost) y basada en la novela homónima de Tom Perrotta será la última y a diferencia de los diez episodios de los que estaban compuestas sus dos predecesoras, constará de sólo ocho capítulos.
Se retomará la historia del jefe de policía de pueblo Kevin Garvey, su familia y allegados mientras buscan desesperadamente respuestas en un mundo que luego de "la partida" de 140 millones de personas vive sumido en la angustia generada por la falta total de certezas y el miedo de que un evento similar o incluso peor aún pueda ocurrir nuevamente.
El mismo título de la serie, que hace referencia tanto al concepto de restos o despojos como a "aquellas personas que quedaron", funciona como una declaración de intenciones acerca de qué trata la trama.
Es que The Leftovers no descuida la intriga y sugiere con habilidad diversos aspectos sobrenaturales que atrapan al espectador, pero el foco de la historia apunta más hacia cómo el 98% que sobrevive de la humanidad procesa la inexplicable pérdida de millones de personas que a resolver el misterio sobre qué es lo que les ocurrió.
Esa gran incógnita -qué pasó con los que desaparecieron, qué lo provocó, a dónde fueron a parar- se mantiene durante toda la serie y para no repetir la frustración generalizada por el final de Lost (2004-2010), que terminó sin resolver algunos de sus misterios, Lindelof anticipó allá por 2014: "Les aseguro que nunca sabrán dónde ha ido la gente y por qué, pero seguirán viendo la serie porque no creerán todo lo que digo".
The Leftovers podría considerarse como una variante del género posapocalíptico: la historia comienza tres años después de que 140 millones de seres humanos desaparecieran al mismo tiempo en todas las ciudades del planeta, a excepción de una pequeña población del Este de Texas llamada Jarden, en la que se salvaron sus 9.261 habitantes.
Sin huellas, sin dejar señales a la vista que sirvan como pistas para conocer su paradero, esas personas se esfumaron; en un momento estaban ahí, al siguiente ya no.
En Argentina la resonancia del evento disparador de la serie adquiere nuevas dimensiones: es difícil imaginar un televidente de este país que no haya asociado la premisa de la trama con la angustia, la imposibilidad de hacer un cierre, el duelo permanente que en especial sienten hace 40 años los familiares de los 30.000 desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.
Tanto tiempo después de "la partida", los representantes gubernamentales confiesan que tras estudios exhaustivos y el análisis de equipos multidisciplinarios de expertos no están ni un milímetro más cerca de entender qué pasó.



