La agrupación porteña presenta  hoy en el Bustelo su placa Ciudad Oculta,  donde Eli Suárez se muestra como compositor.

La nueva etapa de Los Gardelitos

Por UNO

Mientras suelta los últimos acordes de Pájaro y campana –tema incluido en el último disco de Los Gardelitos, Ciudad Oculta–, empuñando su inseparable guitarra criolla, Eli Suárez –con una sonrisa de oreja a oreja– se apura a decir: “Esta canción me nació de lo más profundo, porque es un chamamé que le dedico a mi viejo, a Korneta. Pensé que esto nunca iba a suceder porque me iba a quedar grande un tema dedicado a él”. Con este homenaje a su padre fallecido, ex cantante y líder del grupo, el frontman de la convocante banda de rock barrial se afianza como compositor, dándole rienda suelta a una poesía cruda que va describiendo lo que le pasa a la generación “gardeliana”.

De esta forma, con la placa reciente el grupo meses atrás llegó al mítico estadio porteño Luna Park por primera vez en su historia, y luego arrancó con la Gira Oculta, la misma que recala hoy en el Bustelo.

Eli no se despega de su criolla, pero tampoco se aparta de su expresión tan humilde como sincera.

“El tema a Korneta está hecho de una manera muy sincera, él para mí es uno de los mejores compositores de nuestro rock. Aunque tampoco quise caer en el golpe bajo”, confiesa mientras acuna la guitarra.

–Igual, el 60 por ciento de las canciones de Ciudad Oculta están compuestas por vos...–Es verdad, si bien mi debut como compositor fue en el disco anterior, con Mezclas raras, en esta placa me hago cargo de la mitad de los temas. Para mí es un trabajo divertido, donde pasás noches en vela encontrando las relaciones que existen entre las palabras y lazos que hay con otras canciones. En ese trabajo entrás en un momento de intimidad muy especial, y hacerle una canción a Korneta fue como sentarme a charlar con él, lo sentí como un reencuentro. También fue como revisar la historia personal mía y encontrar todo lo que mi padre dejó en mí.

–¿Qué encierra el título Ciudad Oculta?–Tiene varios sentidos ocultos. Aunque todo lo oculto no significa que sea malo. Hay un montón de bandas under que están tapadas y no es que sean malas. Entonces, hay varios guiños que tienen que ver con cuestiones esenciales que te dan el poder de profundizar y escaparle a lo superficial para poder mirar con los ojos del alma. Entonces es así como uno puede descubrir adentro de uno esa ciudad que está oculta.

–Justamente ustedes arrancaron tocando en el barrio marginal porteño de Ciudad Oculta...–Es que todo arranca por allí y luego se transforma en una reflexión de por qué nosotros empezamos tocando en ese lugar. Mi viejo tenía unos amigos ahí que lo invitaron a tocar, la primera vez que yo me subí a un escenario fue en ese lugar. Los dos temas que toqué ese día, El blues de los pantalones y Una estrella en el mar, están en este disco, Ciudad Oculta. Así que es como un viaje interior. Es más hasta recordé que en Ciudad Oculta a mí me bautizaron, lo hizo un cura tercermundista que se hacía cargo de verdad de toda la marginalidad que se vive en ese lugar. El título Ciudad Oculta es una síntesis de nuestra propuesta, porque “ciudad” hace referencia a nuestra impronta ciudadana y tanguera que tenemos, mientras “oculta” tiene que ver más con lo rockero, eso de decir lo que nadie se atreve a manifestar.

–¿Y ustedes qué se atreven a decir en sus canciones?–Verdades que son cosas simples. Acá se han perdido las ocho horas de trabajo para vivir de manera digna. Hoy si no tenés tres trabajos no llegás a fin de mes. Y el músico, que es un trabajador, vive la misma situación, y eso está bueno poder expresarlo. En uno de los temas decimos: “Somos víctimas de la patota industrial”. Al final, el sistema te somete a que trabajes más de la cuenta para que no tengas viva propia, para que pierdas el contacto con tu familia, con tus amigos y hasta no tener tiempo para uno mismo. Y eso es digno de un análisis. Todo es injusto, cada vez los que tienen más, tiene más, y los que tiene menos, cada vez tienen menos. Por eso está bueno que la gente reconozca al músico como un laburante y no como un personaje de ficción. Como dice el tango: “La fama es puro cuento”.

–¿Cómo fue el paso de tocar en Ciudad Oculta a llegar al Luna Park?–Siempre estuvo la intención de unir una cosa con la otro. Entonces así llegamos al Luna Park. Allí dijimos que íbamos a hacer referencia a la luna que nos alumbra en el arrabal, la misma luna que encandilaba en su momento a Homero Manzi. Y la única luz que brilla en los barrios donde vivimos nosotros es la de la luna. Y esta luz es la que alumbra a los artistas a la hora de la creación, en el momento que llega la inspiración.