La magia barroca de Cangemi

Por UNO

Por Cristina Alfonso

El estreno de Rinaldo dentro de la temporada lírica del Teatro Colón le abrió paso al barroco con una obra emblemática: una creación que marcó el rumbo del panorama operístico de Inglaterra y del propio compositor, el alemán Georg Friedrich Händel y que trajo ahora como solista la infalible y prodigiosa voz de Verónica Cangemi. El título ya cumplió sus primeros 300 años. La historia del cruzado enamorado de Almirena que marchó a liberar Jerusalén, enredado a su paso por la hechicera Armida, fue estrenada en 1711, partiendo de la Gerusalemme liberata de Torcuato Tasso.

Siguiendo adelante con la iniciativa encabezada por la Municipalidad de Godoy Cruz y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la transmisión fue en vivo, en pantalla gigante y con entradas gratuitas. La sala del Teatro Plaza no colmó su capacidad, probablemente, debido a la inestable condición climática provocada por un viento Zonda amenazante.

No hubo ni castillos encantados, ni cascadas resplandecientes, ni cuevas. En esta versión de concierto, cantada en italiano y subtitulada, en español el movimiento escénico se limitó a las entradas y salidas de los solistas marcadas en el libreto, mientras que la historia llegó con la expresividad de la palabra cantada y su serie larga de arias y recitativos, acordes con el formato de la ópera del barroco tardío.

La extensa obra, tres actos en tres horas y media, estuvo dirigida por el condecorado austríaco, experto en música antigua, Martin Haselboeck. Los sonidos de las flautas dulces, claves y tiorbas, indispensables para que la magia barroca aflore en su plenitud, se sumaron a la Orquesta Estable del Teatro Colón. Dentro de un elenco con desempeño alto y buen equilibrio, el foco de atención se centró en Rinaldo con la voz de Franco Fagioli y en Almirena con la soprano mendocina Verónica Cangemi. Ambos cuentan con una trayectoria excepcional y fueron dirigidos por expertos como René Jacobs, Nikolaus Harmoncourt y Marc Mincowski.

El contratenor Fagioli, tucumano formado en el Colón, inició su carrera internacional al ganar en 2003 el renombrado concurso de canto lírico Bertelsmann “Neue Stimmen” (Nuevas Voces) en Alemania. Sencillamente, cautivó con su presencia expresiva, voz ágil y a su vez con peso y timbre adecuados para los ornamentos barrocos.

En cuanto a Cangemi, una vez más podemos confirmar que se trata de una de las cantantes liricas más destacadas a nivel internacional, especializada en el repertorio barroco. Para su regreso al Colón, eligió el papel de Almirena, hija de Godofredo (capitán general de las fuerzas Cruzadas).

Fue difícil no recordar aquellas noches de Cangemi en el 2006 en el Teatro de la Ópera de Munich como la hechicera Armida, representada aquí por Inessa Galante. La puesta de David Alden había sido fulminante, compleja pero a su vez genial y Cangemi había tenido que enfrentarse a reiterados cambios de vestuarios y al trabajo en planos inclinados.

Ahora, en su nuevo rol como Almirena y a pesar de tratarse de una versión de concierto, la soprano transitó por toda la partitura como sumergida en una vívida escenificación, interpretando con sentimiento y maestría desde los pasajes instrumentales, hasta los silencios y la coloratura más exigida. Fue una Almirena ideal con fino manejo de la ornamentación, inocente y valiente y con una “Lascia ch’io pianga” muy emotiva (aria interpretada en el 2010, en el teatro Independencia junto a la primera presentación de la Orquesta Barroca Argentina). Su canto mostró, como siempre, justo equilibrio entre el énfasis textual y la música propiamente. Rinaldo sorprendió y tuvo muy buena acogida.  

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