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La increíble historia de la Isla de las Rosas: un hecho real que supera a la película

Se puede ver por Netflix, se trata de una historia es tan increíble como magnífica, donde la realidad superó ampliamente a la ficción

Netflix se ha convertido en un poderoso inversor dispuesto a apostar por producciones que por sus costos (como El irlandés, de Martin Scorsese) o por no cumplir con los estándares de consumo masivo (como Mank, de David Fincher, rodada en blanco y negro), los grandes estudios dejaban pasar.

Tal fue el caso de la comedia italiana La increíble historia de la Isla de las Rosas, estrenada el pasado 9 de diciembre, del director Sydney Sibilia. Se necesitaba, nada más y nada menos, que construir una plataforma marítima para intentar recrear la insólita historia que se hizo muy famosa en 1968 en Rímini (Italia), pero que no alcanzó la misma popularidad en el resto del país y del mundo.

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Un año antes, el ingeniero italiano Giorgio Rosa se dispuso a construir su “propia isla”, que en realidad era una plataforma marítima ubicada a unos 12 kilómetros de la costa de Rímini, en aguas internacionales, con lo cual las autoridades italianas no tendrían ninguna jurisdicción al respecto.

La construcción de este espacio fue un verdadero desafío (algo que refleja el filme), pero a partir de sumar a un relacionista público, la isla se convirtió en un bar en el medio del mar que se hizo muy popular entre los jóvenes. Con el tiempo, Giorgio Rosa se declaró presidente de la República Independiente de las Rosas y buscó ante el Consejo de Europa ser reconocido como tal. Esta nueva nación declaró como idioma oficial al esperanto, tuvo su propia bandera y otros servicios, como un restaurant y una oficina de correo en sus 400m2.

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Por supuesto que este “país soberano” no le hizo ninguna gracia a Italia, que veía la construcción de Rosa como una excusa para tener un negocio lucrativo sin necesidad de tributar impuestos. Por eso el conflicto entre las partes fue in crescendo, pero no contaremos el desenlace, porque para eso está el filme.

Hasta aquí la historia de este hombre que en 2017, a los 92 años, dio su autorización para filmar esta película, cuando por lo general era bastante reacio a hablar sobre el tema. Murió ese mismo año.

La plataforma de ficción se construyó en una piscina infinita en Malta, uno de los costos que los estudios no estaban dispuestos a asumir y Netflix sí. Para darle vida a Giorgio Rosa está el experimentado actor italiano Elio Germano y como su novia, la ascendente Matilda De Angelis, quien hace poco fue Elena en la serie de HBO The Undoing.

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La comedia comienza con ritmo, pero a los pocos minutos pierde el encanto y la potencia iniciales, centrándose en aligerar la batalla de este hombre contra el sistema, sin tener en cuenta todo lo sucedía a fines de los años 60 del siglo pasado, desde los movimientos por los derechos civiles hasta la revolución sexual, aspectos que hubiesen ayudado a perfilar a este ingeniero que se ganó el mote de “príncipe de los anarquistas”. Aquí sólo queda como un hombre enamorado y despistado, como en cualquier comedia básica, que tiene un sueño y que se empeña en mantenerlo (amor incluido). Los diálogos son pobres, la mayoría lejos de la intención cómica que promete y sólo un par de momentos consigue su objetivo. El final, además de previsible, es bastante cursi.

El elenco acompaña correctamente al protagonista, pero con el escaso lucimiento que le permite el guion. ¿Por qué recomendar verla? Porque la historia, aunque no cuente en detalle todo lo sucedido, es tan increíble como magnífica. En este caso, la realidad superó ampliamente a la ficción.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE LA ISLA DE LAS ROSAS Tráiler 2020 Subtitulado