Por Ramiro [email protected]
Yamandú Cardozo, líder de la murga habló con Diario UNO antes de su presentación de este domingo en Rivadavia.
“La Catalina va a ser criticona siempre”
De Corrientes a Cosquín con León Gieco, de Buenos Aires, en el Kónex con su hermano Tabaré, al festival Rivadavia Canta al País. La murga uruguaya Agarrate Catalina hace su propio carnaval en una intensa gira argentina que los hará pasar mañana por el festival del Este local en su día final.
Mover a esta veintena de artistas no es cosa fácil, pero ellos disfrutan de esta carrera vertiginosa. “Ahí es donde uno ve la importancia del rol de los tipos que hacen que los artistas, los músicos y los ladrones de gallinas como nosotros tengamos la posibilidad de subir y tocar con todo ordenado”, bromea Yamandú Cardozo, quien oficia de letrista pero también canta y dirige en la Catalina.
La murga se fusiona con el proyecto solista de su hermano y mentor, Tabaré Cardozo, quien desde 2011 se alejó un poco del grupo, se intercambia versiones con León Gieco o con No Te Va Gustar. Se aleja del carnaval, se acerca a las escuelas, a los pueblos del interior del Uruguay y de otros continentes, ya que pronto iniciarán una gira mundial con su espectáculo traducido.
Siempre hay una nueva vuelta de tuerca para los integrantes de Agarrate Catalina, que han modificado varias veces el paradigma murguista tradicional. “La barra es muy inquieta, muy movediza, le gusta el vértigo de probar cosas diferentes que no estén necesariamente metidas en lo que debería ser una murga. Eso me parece muy valiente de parte de mis amigos”, subraya Cardozo.
“Está bueno vernos rockeando un poco sin dejar de hacer lo que hace la Catalina habitualmente: sus cuplés, su sátira política, su caricatura. Pero descontracturado, desde otro lugar. Y eso intentamos siempre, nos parece que está buenísimo. Tenemos una suerte bárbara, como murgueros y como integrantes de este colectivo que es la Catalina. La gente nos da bola, nos escucha nuestras ganas y proyectos. Entonces, si nos quedamos en lo más establecido no contribuimos a empujar un poco la frontera de esto que hacemos. Sentimos que podemos y tenemos la necesidad de llevar el carnaval a otros lugares del Uruguay y a otros países”, asegura Yamandú, quien completa entre risas: “La Catalina absorbe muchísimo, abarca todos los fines de semana, te agarra todo, se te mete en la vida y te termina cagando la vida esta murga de mierda”.
–¿Qué presentan en Rivadavia?–Vamos a llevar un avance de El fin del mundo, renovado, que lo presentamos la última vez en Godoy Cruz, pero también vamos a repasar algunas cosas de otros años. Va a ser un formato de festival y vamos a ir viendo de acuerdo a qué es lo que sucede con la gente, porque en estos eventos masivos hay que ir midiendo la comunicación a ver si hacemos más humor o más canción. Seguro va a ser un repasito de la historia de la Catalina. Y vamos a estar con una murga de Rivadavia, eso está buenísimo, encontrarse con murgueros locales, amigos con los que hemos compartido anteriormente.
–¿No es un dilema el estar a favor del gobierno pero igual tener que criticarlo?–Obvio, pero está buenísimo, porque nuestras posturas personales son críticas. Me parece que la murga ha resuelto muy bien ese dilema. Es un dilema nuevo que le surgió a las murgas con la llegada de la izquierda al poder, porque todas o muchísimas se han manifestado partidarias de la izquierda desde siempre. Y también todas se han manifestado críticas e independientes, y se vio que han sabido criticar muy duramente a la izquierda, algunas de forma muy acertada, de manera artística muy linda y cómica. El género lo ha solucionado bastante bien, se ha parado y ha tirado piedras duras, ha hecho caricaturas acertadas, desde el dolor a veces y también desde la autocrítica. Siempre desde un lugar de mucha honestidad.
–¿No les ha restado independencia?–No. Nosotros siempre intentamos que la Catalina –y es lo que queremos mantener– no se transforme nunca en un brazo político de nada, no operar absolutamente con nada. Nuestros espectáculos tienen que estar libres de cualquier operatividad hacia cualquier bandera política. Tenemos que criticar lo que nos guste criticar, lo que nos aterre, lo que sintamos. Aplaudir y alabar lo que nos esperance, y lo que nos divierta, reírnos de eso y tomarlo como materia
prima para hacer humor.–Imagino que un ejemplo es la legalización de la marihuana en Uruguay... –Con el tema de la legalización tenemos un bloque en el que aprovechamos para despuntar la necesidad de escribir cosas nuevas. Tiene instalado ese filtro entre los ojos y el mundo que es la caricatura. Todo lo caricaturizamos. Entonces armamos un bloquecito sobre la legalización en donde nos reímos de muchas cosas y festejamos un montón de otras cosas. Si hay que criticar duramente algo, hay que hacerlo para seguir en este lugar que le dio la gente a la murga, de juglar irreverente, irrespetuoso, que tiene licencia artística para matar y no se calla frente a nada y no negocia con nadie. Eso es lo que se espera. A veces nos dicen si estamos muy blanditos o si se nos fue la mano.
–¿Cómo fue la historia del jingle que grabaron para la campaña del presidente José Mujica?–Con mi hermano aportamos una canción, que era lo que podíamos hacer, y la regalamos. Luego, la canción explotó y se transformó en el tema oficial de la campaña del Frente Amplio. Eso fue increíble porque gustó mucho. A partir de ahí abrimos la invitación a la murga a que la cante el que quisiera. Estuvo buenísimo el debate y la libertad, y no podíamos ser tan angelitos de pensar que la gente iba a decir: “No, esto es otra cosa, no es la Catalina, son sus individualidades”. De eso nos hemos reído todo lo que hemos podido. Y sabemos que no hemos operado para el Pepe y criticamos con libertad todo lo que nos parece.
–¿Se sufre que los tilden de murga “oficialista”?–Los que podemos ser críticos, opositores o adeptos a un gobierno somos las personas. La entidad murga es un colectivo de gente que piensa distinto. Acá no todos somos del Pepe, no todos lo votaron. En los espectáculos hay un promedio de voz colectiva que intenta ser despojada de cualquier bandera. Yo elijo salir y decir: “yo, Yamandú, lo voto al Pepe”. Le critico tal o cual cosa, pero me encanta él, más allá de su gobierno, lo admiro. Es una persona de las que no hay. Es un precio que hemos pagado, que nos digan “la murga del Pepe”, la murga oficialista. La Catalina tiene una lupa permanentemente presente y lo que sea que haga se magnifica, pero la Catalina va a ser criticona siempre. Yo sentí que el mejor presidente para el Uruguay era el Pepe y lo sigo sintiendo desde mi admiración a Mujica, que implica lealtad pero no obsecuencia.



