La poeta presenta este viernes en la Feria del Libro su obra en verso, reunida en un solo volumen bajo el título La novela de la poesía. De él habla en esta charla

Kamenszain: “Quiero transitar hacia el neoborroso”

Por UNO

Fernando G. [email protected]

“Deseo puro y salvaje”. Así describe Tamara Kamenszain su pulsión por la escritura poética. Un oficio sale a flote en 1973 (De este lado del Mediterráneo, compuesto por poemas en prosa) hasta La novela de la poesía (2012), el conjunto de poemas que da nombre, además, a la obra en verso reunida por la editorial Adriana Hidalgo y que la poeta presenta esta tarde en la Feria del Libro.

Kamenszain es dueña de una obra referencial en el paisaje poético argentino y, sobre todo, de una voz inconfundible, aunque siempre “en mutación”.

La también ensayista está dictando, además, un taller de escritura poética en Mendoza, que concluye este fin de semana, promovida por el Ministerio de Cultura de la Nación. Antes de la presentación de esta tarde (en la que hablará de su obra Gastón Ortiz Bandes para luego dar paso a lo que todos esperan: la lectura de los poemas), la autora de Solos y solas dice que en su poesía siempre busca romper con lo ya hecho.

–¿Qué reflexión sobre su propia poesía le despierta la observación de su obra, escrita durante 40 años y reunida en un solo volumen?–Curiosamente, los dos libros incluidos en este volumen que más me preocuparon en cuanto a cómo serían tomados por los lectores fueron el primero y el último. El primero, De este lado del Mediterráneo, porque se agotó hace muchísimo y nunca lo quise reeditar. Es que en general son libros un poco naïf. Y La novela de la poesía me preocupaba por razones opuestas y parecidas, porque ahora me quiero sacar de encima, como en ningún otro libro, esas convenciones literarias aprendidas con los años. Reunir mi obra es volver al deseo puro y salvaje que despuntaba en el primer libro, pero de otra manera y

desde otro lugar.

–El libro más nuevo, La novela de la poesía, incluye poemas en los que parecen confundirse las fronteras entre el ensayo, el diario personal y la poesía. ¿En qué momento advirtió que debía tener forma de versos?–Fue al revés, no es que los escribí en prosa y después pidieron ser versos. Siempre el corte de verso se me impone, pero a la vez me pasa que cada vez necesito llevarlo más al límite, ya no puedo cortar el verso como un puro formalismo.

–Usted ha definido lo que está escribiendo como “pospoesía”. ¿Eso significa “dejar la poesía atrás” o “descubrir una poesía otra”?–Creo que todos los artistas (poetas incluidos) trabajan siempre en contra de lo que ya lograron y son siempre “pos”. Si uno repite un formato que ya había alcanzado antes, se podría decir que está en problemas…Por eso yo creo que en un sentido todo poeta es “vanguardista” en relación a su época, porque sin rompimiento no hay arte. Volviendo a lo mío, si Perlongher pasó del neobarroco al neobarroso, yo quiero transitar hacia el neoborroso. Una categoría donde los dualismos se borren.

–Libros como La casa grande, El ghetto, El eco de mi madre o La novela... hacen pensar que para usted la poesía es una autobiografía.–Diría que trabajo una especie de “autobiografía ajena”. No sólo por el consabido “yo es otro” de Rimbaud que ya muestra que es imposible pensarse como unívoca, sino también porque todo mi esfuerzo de escritura me lleva a querer situarme entre lo universal y lo singular.

–Está dictando en Mendoza un taller. Eso le habrá permitido conocer voces nuevas. ¿Cómo ve el paisaje poético actual en la Argentina?–Me interesa lo que escriben nuestras nuevas generaciones. También a ellos de algún modo les robo, pero de un modo diferente que a mis maestros. No creo que un escritor que no lee a los más jóvenes pueda escribir algo interesante, pero no es que tenga que copiarlos. Hay excelentes poetas en nuestro país, cosa que también comprobé en este taller en Mendoza. Desde la llamada generación de los 90 hasta hoy, hay una producción riquísima.

Un poema

Como la torcaza...

Como la torcaza que de transparencia en transparencia anuncia muy claro lo que no sabe [decir mi madre voló llevándose con ella [todo el repertorio duplicó lo que no dijo puso en eco [el viejo acento familiary me dejó sin oído buscando sonidos reconocibles indicios de letra viva bajo la [campana fónica del tiempo porque si es cierto que la voz [se escucha desde lejos aunque nos tomen por locos [tenemos que atrapar en el espiritismo de esa [garganta profunda un idioma para hablar con [los muertos.

Tamara Kamenszain