Por Selva Florencia [email protected]
Este sábado, a las 22, el uruguayo ganador de un Oscar presentará, junto con su banda, el disco Bailar en la cueva. Antes habló con Diario UNO desde Madrid.
Jorge Drexler: “Con este disco quise salirme de mi área de comodidad”
Son las seis de la tarde en Madrid. El sol empieza a ponerse y Jorge Drexler está listo para contestar preguntas de periodistas de toda Latinoamérica. Su gira, con la que está promoviendo el disco Bailar en la cueva, lo tiene motivado y atento a saber qué tópicos les interesa conocer de su proceso creativo a los críticos del mundo.Sorpresivamente, y tras una larga charla sobre temas tan diversos como las clases de biodanza que está tomando y los nuevos modos de consumos de entretenimiento, a este ciudadano del mundo se le escapa un halago para nuestra provincia.
–Más allá del video de Universos paralelos y de los recitales que estás dando, ¿en qué otros momentos baila Jorge Drexler?–Un momento en el que solemos tener muchas ganas de bailar con los músicos de mi banda es después de los conciertos. Quedamos con una carga dinámica en el cuerpo que nos encanta sacudir. Una gira es una colección de viajes y te obliga a pasar mucho tiempo sentado en aviones, trenes y micros. Hay mucho tiempo estático. Después de un show, dan muchas ganas de quemar energía. Es un momento buenísimo. Además, durante mucho tiempo estuve yendo a un centro, en Madrid, de biodanza, que combina la terapia y la danza. Fue liberador.
–Entonces, bailar se ha convertido en una forma de terapia...–Exactamente. El baile es una serie de cerrojos que he ido abriendo, a nivel personal. Es una inhibición personal que he ido caducando.
–El video de Universos paralelos lo hiciste con amigos y el director David Trueba, ¿cuánto les demoró aprenderse la coreografía? –Somos un grupo de amigos, tenemos una tertulia y nos juntamos seguido a comer. En una de esas comidas, les comenté que tenía que filmar el video, que la producción me estaba apurando y no sabía qué hacer. No me interesaba hacer un videoclip como los que me proponían, quería que hubiera una coreografía, pero no quería bailarines profesionales. De repente, les pregunté si querían bailar ellos que, se nota en el video, no saben (risas). Y lo que se ve allí es verdad, cuatro amigos en un galpón, bailando en público por primera vez. Nos llevó una semana aprenderla, con ensayos todos los días. Hay gente que dice que no se nota el trabajo, pero está ahí.
–Bailar en la cueva, al haber sido grabado en Colombia y con músicos de todo el continente, es tu trabajo más latinoamericano…–Sí, y refleja la ampliación de mi territorio identitario. Además de incluir mis pies en las canciones, también amplié mi terreno de lo local a lo regional y de lo regional a lo continental.
–Destacaste que estas canciones están más enfocadas en la música, en decir cosas más allá del texto, ¿eso habla de querer salirte de tu lugar de comodidad?–La clave estuvo justo en eso. Con este disco quise salirme de mi área de comodidad: quise tirar el hilo de la caña lejos de mi sitio. Buscar cosas nuevas. Uno tiene una especie de contrato con la canción. Es un compromiso de buscar que mis canciones tengan un aspecto renovado. Buscarles una faceta diferente. Eso lo represento en la bola de espejos que llevo en estos shows, que es un espejo refractante, que me da múltiples versiones de la realidad. En este caso, las canciones entraron desde los pies, desde el ritmo. Pensé en las canciones para que generen movimiento.
–¿Cómo surgió la colaboración con Caetano Veloso?–Fue una alegría enorme. Nunca pensé que se fuera a hacer realidad. Se dio mientras estaba grabando el disco en Bogotá. Me avisaron que tocaba Caetano y me puse en contacto con su gente para ir a verlo. Luego del concierto, Caetano nos invitó a cenar. Fue maravilloso. En un momento, un desconocido, al que siempre le estaré agradecido, preguntó que cuándo íbamos a colaborar juntos. Caetano dijo que le encantaría y le conté que estaba grabando un disco y que tenía una canción que podía servir. Se la mandé al día siguiente a Río, allí su hijo hizo de productor y la grabó. Cuando la terminaron, su hijo me dijo que le había gustado mi “cumbia tropicalista”. Y la verdad es que el tema tiene integración sonora. La definió muy bien.
–Por lo general, los médicos se quejan de que sus amigos les hacen consultas en reuniones. A vos, ya no te debe de pasar, a vos te deben de pedir que toques la guitarra….–Me pasaba mucho antes, pero la gente evidentemente desconfía de mi aptitud como facultativo. Hace 19 años que no ejerzo la medicina. Yo recomendaría no atenderse conmigo (risas). Me piden más que toque, pero luego se arrepienten porque hay que hacerme callar.
–Se vive en la industria de la música un tiempo de encontrarle la vuelta al modelo de la mano de la tecnología. Tu disco lo habilitaste en Spotify, por ejemplo ¿Cómo accedés vos a la música o al cine? –Utilizo todo. Compro el formato físico y escucho por streaming, porque tengo una cuenta paga en Spotify. Pero con el tiempo, le estoy viendo el lado negativo al acceso irrestricto a toda la música que uno quiera al instante. Es muy fácil decir que uno se controla, pero es como soltar a un niño en una fábrica de caramelos. Creo que los límites son buenos en el consumo. Hace muchos años que no escucho un disco entero, escucho un par de temas y salto a ver qué más hizo ese tipo. En cambio, cuando pongo el formato físico, es otra cosa. Si ponés un vinilo, es muy difícil pasar de canción en canción, es una actitud vertical de escuche. Te obligan a concentrarse en cada track y en el todo. Esa actitud no es menor. Es la diferencia entre leer relatos breves o tuits y leer una novela. Te hace un llamado de atención. No es cierto que por tener tanto acceso, uno realmente aproveche todo. Intento tener un abanico amplio: leo en formato digital, pero también en papel. Con los discos pasa lo mismo.
–¿Pensás volver a actuar?–Me encantaría, pero debería ser algo que posea el nivel de convicción del guion que me mandó Daniel Burman. Para dejar tres meses la música y sumergirme en otra cosa. Debería estar muy motivado.
Para saber
- Cuándo: hoy, a las 22
- Dónde Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz)
- Entradas: $180, $260, $330, $410, $460 y $500, a la venta en la boletería y Maxi Mall Urbano




