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“Hace 50 años que hago teatro, pero 20 que vivo de él”

Por Selva Florencia Manzurmanzur.florencia@diariouno.net.ar

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“Desde que se enteraron de que tengo cáncer de próstata, ahora todos se mueren de eso. Me quieren eclipsar”, les dijo Ernesto Suárez una mañana a Walter Gazzo y a Laura Rombolí, durante una de las más de 20 horas de charlas grabadas que tuvieron con el gran maestro del teatro mendocino para dar vida al libro Lágrimas y risas. Vida y obras de un hombre de teatro.

En ese material –a lo largo de 201páginas– se cuenta quién es y cómo se formó el Flaco Suárez. El título del texto hace referencia justamente a lo que el lector encontrará en las páginas, debido a que esta no es una biografía convencional. Si del Flaco Suárez se trata, claro que no lo es.

La producción periodística estuvo a cargo de María Laura Rombolí y la pluma es de Walter Gazzo, quien tiene una vasta trayectoria en periodismo musical y 20 años de experiencia en medios de comunicación. El libro se edita con fondos del Ministerio de Cultura de Mendoza.

“Nos juntamos tres veces por semana durante unos dos años. Imaginate contar toda una vida. ¿Cuántos tomos necesitás? ¿Cuarenta? Uno empieza con los detalles y no termina más”, le cuenta Suárez a Escenario & Tendencias. El actor es además director, dramaturgo, maestro y un referente teatral en Mendoza y Latinoamérica.

A los 73 años, Suárez por fin cedió y aceptó que alguien escribiera sus vivencias, pensamientos y reflexiones. En el viaje, ese que se emprende cuando se empieza a leer el libro, los mendocinos podrán descubrir cómo fue el delante y detrás de escena de la obra que es su vida. 

La presentación del libro será hoy, a las 21, en el teatro Independencia. Las entradas, gratuitas, deben retirarse en la boletería de la sala durante el transcurso del día. 

–¿Cómo surgió escribir este libro?

–Se le ocurrió a Walter Gazzo. Me dijo que quería escribir mi historia hacía mucho tiempo, pero siempre me negaba. Un poco porque me parecía que no tenía una razón de ser. Después, charlando un poco con mis hijas, mi mujer y con él sobre el tema, se me ocurrió que podíamos hacerlo hablando de la otra cara del actor. Que el espectador leyera sobre el actor y toda la historia que hay detrás, porque a mí me conocen porque han visto mis obras, pero este año cumplo 50 años de teatro. Detrás de esta resistencia de hacer cinco décadas, hay toda una historia de haber dejado algunas cosas, de haber abandonadootras. No es fácil ser artista, porque es como cualquier otro oficio, cuesta mucho dedicarse a esto.

–Pero no es la primera vez que alguien quiso escribir sobre tu vida…

–En Perú y en Ecuador quisieron y acá también alguna vez, pero nunca lo había querido yo.

–¿Por qué dijiste que sí esta vez?

–Me pareció bien el enfoque que le quería dar Walter. Me aclaró que quería hacerlo sobre la base de conversaciones. Hablamos de temas que pueden surgir en una charla de café, pero no es una biografía en el sentido rígido. Está mi lucha por permanecer en el teatro, mi exilio de Mendoza por el tipo de teatro que hacía, mi regreso y mis ganas de quedarme acá.

–En más de dos años, que fue lo que demoró la producción del libro, también pasaron cosas. Falleció Máximo Arias, quien era amigo tuyo… 

–Sí. Estábamos teniendo una de las tantas charlas del libro y me llamó Gladys Ravalle para contarme que se había muerto. Y tuve que parar. No podía seguir hablando. Me puse a llorar. Los dolores están ahí, las lágrimas y las risas están juntas. 

Una vida arriba del escenario

–También hay muchas anécdotas y reflexiones de amigos y colegas. Muestra toda una vida de encuentros y desencuentros, arriba y debajo del escenario…

–Encuentros, desencuentros y elecciones. Nunca lo dejé al teatro. Ni cuando no tenía para comer. Un día me pregunté si iba a hacer teatro sólo por las noches y los fines de semana o hacerlo como formade vida. Y me decidí a apostar todo al teatro. Pero en el camino pasan un montón de cosas paralelas: perdés familia, no tenés plata. Hace 50 años que hago teatro, pero 20 años que vivo del teatro.

–¿Quiénes colaboran en el libro?

–Hay una parte que la escribe Sandra Viggiani, otra Marcelo Lacerna y otra Chicho Vargas, quien es mi compañero de teatro de toda la vida: a él está dedicado el libro. Hay una parte que habla sobre la estética que trabajo en mis obras que la escribe Graciela Díaz Araujo.

–En 2013 cumplís 50 años trabajando en el teatro…

–Sí, 50 años desde la primera vez que hice teatro. Empecé en un elenco de la Facultad de Ciencias Económicas, de casualidad, porque uno de los miembros me llamó y dijo que yo era gracioso, que podía hacer un papelito. Actúe y me enamoré del teatro a primera vista. Conocí en ese entonces a actores como Maximino Moyano, José Chiavetta (padre de Liliana Bodoc) y Cristóbal Arnold. Los vi y pensé: “Estoes lo que yo quiero hacer”. Tenía 27 años, era grande ya para estar empezando, pero lo hice y no paré más. 

–Hacer este repaso de tu vida, ¿te ayudó a recordar cosas que habías olvidado o a hacer reflexiones?

–Después de esto se me ha revuelto un poco la cabeza. Antes de que se fuera Arístides Vargas (quien estuvo en Mendoza porque el guión de la última Vendimia fue escrito por él), estuvimos como dos horashablando del exilio. Pero eso no está en el libro, porque no me gusta hablar del exilio como algo doloroso, sino como una experiencia más. Es algo que me tocó. Me empecé a acordar de cosas que tenía completamente olvidadas, pero en el libro he nombrado a mucha gente que estuvo cerca de mí y muchos se me han quedado en el tintero. Por ejemplo, el Teatro El Taller, que es el futuro, el lugar que va a seguir y que queda en manos de los chicos del elenco.

–¿Nunca pensaste escribir un libro?

–No me llamó la atención escribir. Si bien he participado en muchas creaciones colectivas, siempre han colaborado otros conmigo. Todas las obras que hacemos con el Negro (Daniel Quiroga) son nuestras,las que hago para chicos son mías. No he editado las obras, por más que me lo pidan. Si alguien las quiere usar, las mando por mail y no cobro nada por los derechos. ¿Qué te van a poder pagar? Si cuesta muchísimo hacer teatro…

Si pudiera vender una de mis obras en un montón de guita, lo haría, pero los que te las piden son gente como uno, que está luchando. Es una cuestión de ética.

–Pero es innegable que Mendoza tenía que tener un libro sobre uno de sus referentes teatrales…

–Puede ser. Supongo que quedará como que hubo un tipo de teatro cuyas historias deberían estar y enseñarse en algún lado. Debería enseñarse en las universidades la historia de Gladys Ravalle, de Armando Lucero, de Rafael Rodríguez. Debería ser parte de la enseñanza de la gente que estudia arte o historia.

–¿Cómo está tu salud?

–Bien, gracias (risas). La operación por el cáncer salió bien, pero tengo achaques, como los que tiene cualquier persona que no se cuidó. Mi hija siempre dice que me siguen dando prórroga.

El libro

Las charlas que conforman la materia prima del libro se llevaron a cabo durante dos años en un café céntrico.

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