Espectaculos Viernes, 1 de junio de 2018

Fragmentario muestra la miseria del ser humano

Agamenón. La obra de Esquilo, que se actualiza en esta versión dirigida por Rubén González Mayo, se pondrá en escena hoy, a las 22, en La Casa Violeta.

La miseria del ser humano se desteje. El encuentro es inesperado. Las verdades ocultas y la hipocresía se salen del eje para darle paso a la tragedia.

Rubén González Mayo, dramaturgo mendocino, es quien, a partir de la clásica tragedia, se anima a hablar poéticamente de violencia de género y trata de personas.

En diálogo con Diario UNO cuenta todo sobre la obra junto con una de sus actrices, Celeste Álvarez, que interpreta a Casandra.

-¿Qué es lo que resulta más atrapante de esta obra?

Rubén González Mayo (RGM): -Se toma como referencia Agamenón, primer libro de la Orestíada, de Esquilo. Agamenón sale de la cárcel y, luego de una larga ausencia, vuelve a su casa. Allí se encuentra Clitemnestra, quien junto con Egisto, primo de Agamenón y amante de su esposa, desean tomar venganza por la desaparición de Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra. La miseria del ser humano se desteje. Creo que lo más atrapante de la obra es la vigencia que tiene la obra hoy en día. Eso llama la atención y cautiva.

-¿Cómo se desencadena el tema de las miserias humanas y de allí la tragedia?

RGM: -Esta es una historia de periféricos, de marginales. Y no hablo de una clase social en sí. Las miserias existen en todas las clases sociales y se transmiten desde el interior más oscuro de estos personajes. La marginalidad es entender la promiscuidad como algo normal, por ejemplo. Lo promiscuo está en el interior de estos personajes y no solo en las acciones sino en el pensamiento interno. Y mientras más promiscuo, marginal o enfermo que esté creo que la emoción de la ausencia y lo que provoca la injusticia en este caso deviene en tragedia.

Celeste Álvarez (CA): -Cuando Rubén nos hace la propuesta, y al leer los textos, nos damos cuenta de que estos textos antiguos tienen una actualidad y una temática que te acercan a una realidad que aún vivimos. Es como que con los mitos podemos volver a hablar de cosas que a lo largo de la humanidad siempre han pasado. Rubén le da un carácter moderno, sin tiempo y con un lenguaje con palabras cotidianas y muy mendocinas.

-¿Cómo fue que el director los eligió y se fue gestando la obra?

CA: -Rubén es mendocino y tiene una trayectoria muy importante a nivel nacional. Se fue un tiempo a San Juan y ahora regresó a Mendoza. Él nos hizo esta propuesta a los actores para interpretar su texto y lógicamente nosotros dijimos que sí. No solo por ser la versión que es, sino por cómo está escrita. Los cuatro actores somos mendocinos y tenemos una larga trayectoria. Juntos fue que decidimos trabajar con esta obra en La Casa Violeta, que dirige Andrea Simón. También elegimos montar y presentar esta obra como teatro independiente. Esto habla de mucho esfuerzo, de hacer todo a pulmón y también de mucho amor.

-¿Se pude hablar de una versión moderna de la obra de Esquilo?

CA: -La historia sucede en el comedor de una casa que perfectamente podría ser de cualquier barrio marginal o de clase media de la actualidad. El texto es muy lindo. Ensayamos mucho hasta que volvimos cotidiano este texto poético, con determinadas características en dramaturgia. Hemos trabajamos en la puesta intensa, hay muchos enfrentamientos de sentimientos y a través del trabajo de cada actor se despliega en el escenario. Si bien el estreno fue en diciembre aún hoy estamos con el desafío de trabajar el teatro como un hecho vivo, mejorando casa día y poniendo todo.

RGM: -Se puede hablar perfectamente. Los griegos plantearon una tragedia que actualmente se puede ver. Agamenón sacrifica a su hija a cambio de una conquista. Al tomar esta referencia del no me importa la vida del otro, en este caso la de su hija, nos encontramos en una situación de poder que nos ronda actualmente. Yo, yo, después yo y de lo que queda de mí te puedo dar algo, de lo que sobra. La cuestión ideológica es sectaria. Los valores están degradados, porque lo más importante es lo material.

-¿Cómo es actuar e interpretar a Casandra?

CA: -Es un personaje que acompaña a Agamenón, que luego de estar preso diez años llega a su casa una noche. Allí se encuentra con su esposa y su amante. Entre estos cuatro personajes se desata la historia. Mi personaje es una adivina, ella va leyendo el futuro y desencadenando los acontecimientos. Entonces sale la verdad a la luz. Uno de los temas que salen a luz es cómo los padres sacrifican a sus hijos por su futuro.

-¿Qué me podes contar de los otros personajes de la obra?

CA: -Clitemnestra y Agamenón son los personajes principales. En la tragedia griega mi personaje aparece dos veces. Es un personaje arquetípico complejo y atrapante. Como actriz para mí fue un personaje muy atractivo. Además mis compañeros son actores que admiro profundamente y no me podía perder la oportunidad de trabajar con este elenco. El teatro es un acto de fe rotunda, sin eso no podríamos estar horas y horas ensayando y luego vivir ese momento mágico cuando la gente, el público, viene a vernos. El teatro más allá de la tecnología sigue siendo mágico.

-¿Qué hace potente a la obra?

RGM: -El texto hace que la obra sea potente. Tiene un peso a nivel interpretativo en cómo se conjugan las palabras, sus metáforas y su relación tan cercana con Mendoza. Por otro lado las actuaciones de los actores hacen que este texto se pueda sostener con una apuesta muy dinámica, acompañada por música y luces de manera maravillosa.

-¿Qué impulsó en vos escribir esta obra?

RGM: -Esta realidad concretamente que me invade. Quiero ser testigo y contar lo que sucede en la esquina de mi barrio. Y esta obra está relacionada con lo que sucede con tantas chicas violadas o desaparecidas en diferentes lugares del país. No puedo ser indiferente a la hipocresía de la Iglesia, de la familia, del que dirán. Es una sociedad enferma de consumo, muy banal. Esto es lo que me motiva a escribir obras como Fragmentario u otras que andan vuelta por ahí.

-¿Cómo es la puesta en escena?

CA: -Es muy sencilla. El despliegue de los actores y del texto, y de entrega hacen a la puesta en escena. Es un trabajo puro de interpretación. En general la puesta es muy sencilla pero profunda y comprometida.

RGM: -Es muy despojada, dos sillas, una mesa, una maleta y un lugar donde sacan y ponen dos botellas. La puesta son los actores. Además la puesta trasmite poéticamente la ausencia de Ifigenia.

-¿La tragedia tiene un mensaje iluminador al final?

CA: -La tragedia es iluminadora, las personas se van pensando en su realidad por lo que vieron sobre el escenario. Los espectadores se van llenos de preguntas. El teatro es iluminador. Representamos historias en la que las personas se ven. Es un gran espejo de la humanidad. A partir de la posibilidad de mirarnos, podemos revernos a nosotros mismos. Es un momento de reflexión interna. Eso es un verdadero milagro y un acto de fe.

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