Fito Páez celebró los 30 años de "El amor después del amor" en Mendoza con un gran show en el Multiespacio Cultural Luján de Cuyo. Fue como abrir la cajita de un CD atesorado durante todo este tiempo para escuchar, una vez más, el disco más vendido de la historia del rock nacional. Pero esta vez junto a 8.000 personas que disfrutaron cada canción a pesar del frío y la lluvia de este sábado.
Fito Páez volvió a Mendoza con un gran concierto para una noche inolvidable
A las 21.10 se apagaron las luces y, segundos después, se escucharon los 4 golpes al hit hat que inconfundiblemente abren "El amor después del amor", canción y disco. La banda subió al escenario, pero la voz de Paez se escuchaba en off (como si se estuviera reproduciendo el CD), entre los contragolpes de la caja de ritmos y el glorioso teclado de su noventoso hit. Fito hizo su aparición en el escenario en el momento que el tema explota, para abrir una noche mágica e impecable.
Con una banda prolija y elegante, en un escenario con tres pantallas (a cada costado de las tablas y detrás de los músicos) y un sonido de altísima calidad, Fito tocó, tema por tema, el disco "El amor después del amor".
Los fanáticos saben el orden de las canciones de memoria: "El amor después del amor", "Dos días en la vida" (en la que la voz de Mariela Vitale hizo que nadie extrañara a la querida Fabiana Cantilo), "La Verónica" (para que Fito muestre que puede cantar como siempre), "Tráfico por Katmandú" (para que Fito desafine un poco, como siempre), "Pétalo de Sal" (bellísima canción para extrañar a Luis Alberto Spinetta), "Sasha, Sissí y el Círculo de Baba" (para que se luzca la guitarra), "Un vestido y un amor" (para que canten y se emocionen todos), "Tumbas de la gloria" (para disfrutar esta montaña rusa musical y emocional en vivo), La rueda mágica (para pensar qué estarán haciendo Charly y Andrés), "Creo", "Detrás del muro de los lamentos" y "La balada de Donna Helena" (para bajar un cambio), "Brillante sobre el mic" (para que todos se lleven un recuerdo en sus celulares) y "A rodar mi vida" (para saltar y revolear lo que hubiera a mano).
Las canciones sonaron mejor que en el disco de 1992. Si bien el rosarino respetó en un 95% (por poner alguna medida) las versiones de la placa, el 5% restante fue de tremenda calidad: los arreglos musicales fueron notorios, especialmente el set de vientos (saxo, trombón y tuba) que le otorgó fuerza y belleza a cada pasaje de esta primera parte del show, que duró exactamente una hora (como el disco).
Diez minutos de intermedio -cronometrados en la pantalla del escenario- y Fito volvió para regalar muchas de sus canciones que, a esta altura, tienen chapa de "clasicos del rock nacional".
Los mendocinos Alejo Llanes y Valentín Castro, Alejo y Valentín, le dieron la fuerza que necesita "Es solo una cuestión de actitud" para lograr una versión muy power junto a Páez.
Después, en medio de una lluvia muy fina y por momentos intensa -que curiosamente jugó a favor de la puesta en escena- fue el turno de una seguidilla de hits: "Al lado del camino", una nueva y preciosa versión de "11 y 6", "Circo Beat", "Ciudad de pobres corazones" (cada vez más rockera y fuerte, aunque un poco larga), "Mariposa Tecknicolor" (canción que -en su momento- se quedó afuera del disco que motivó este concierto) y "Y dale alegría a mi corazón", para cerrar un show que no defraudó a nadie y mostró a un Fito elegante, ajustado y alegre que supo regalar una noche especial a Mendoza.




