Con la exquisitez y el talento que lo caracterizan, Pedro Aznar presenta en Mendoza Contraluz, su último trabajo discográfico, un libro de cuentos musicales

Ficciones en formato canción

Por UNO

Contraluz, el último disco del genial Pedro Aznar, no es solamente un disco. Es una colección de 13 cuentos. 13 historias que fueron naciendo, de a poco, en distintos lugares, de grandes ciudades a pequeños pueblos junto al mar. Cada uno de esos espacios le dio vida al álbum que el músico presentará el próximo sábado en el show que brindará en el teatro Plaza de Godoy Cruz. En él, Aznar se ha animado a zambullirse en géneros musicales en los que nunca antes pensó que incursionaría, como la ranchera. Él mismo se sorprende; sin embargo, no así quien lo escucha: Aznar es capaz de convertir en belleza cada nota, y Contraluz no es la excepción.-¿Por qué surge el nombre de "Contraluz"? ¿Tiene algo que ver con tu faceta como fotógrafo?-Creo que sí... La canción Contraluz, que le da título al disco, habla de los espejismos, de las cosas que nuestra cabeza inventa o completa a su gusto distorsionando la realidad, como un espejo empañado de parcialidad. Y varios momentos del álbum hablan de eso, desde distintos ángulos. Si bien no es un disco conceptual, algo de esa idea ronda en varias canciones.-¿Cómo se dio el proceso creativo para que fueran tomando forma las 13 canciones de "Contraluz"? -Fui escribiendo esas músicas a lo largo de un año, aproximadamente, en distintos lugares, Buenos Aires, Mar de las Pampas, Santiago de Chile y San Francisco. Fueron surgiendo varias temáticas a lo largo de ese tiempo y esas distintas geografías, hablando de amor desde varias perspectivas: encuentro-desencuentro, nostalgia, búsqueda, multiplicidad; los potenciales y los peligros de las tecnologías exponenciales y la inteligencia artificial; las expectativas que cargamos sobre nuestro destino; cómo nos cambia y nos desafía el paso del tiempo; las grandes preguntas de la vida y el bello misterio que encierran; la enorme alegría y el bálsamo que es la música en nuestra existencia.-¿Cómo has vivido la partida de músicos como Luis Alberto Spinetta o Gustavo Cerati? ¿La madurez de encontrarse con la muerte de cerca se refleja en tu música?-Sí, claro. De eso habla, precisamente, la ranchera Por la vuelta, de lograr que cada segundo cuente, de hacer de nuestro paso por este mundo una huella fecunda que inspire a otros a vivir hondamente, a desarrollar todo nuestro potencial y nuestros talentos, porque a eso vinimos, no importa a qué profesión nos dediquemos. En los últimos cinco años hemos visto la partida de muchos creadores que podrían haber seguido dándole belleza y significado al mundo durante dos o tres décadas más. Es triste si lo pensamos de ese modo, pero si medimos el impacto de sus obras, encontramos ejemplos de gente que buscó con honestidad y coraje en sus corazones y compartió con todos lo que allí encontraron. Eso es algo para celebrar y agradecer, y para tomar impulso para hacer eso mismo desde cada uno de nosotros.-Más allá de que en las canciones de tu nuevo álbum converjan diferentes ritmos, ¿tienen algún hilo conductor o punto en común?-El punto en común es mi mirada. Uso una serie de recursos y herramientas para contar cada una de esas historias, y cada una tiene su color, pero el hilo conductor está en la poética de las letras, en la estética musical y sonora, en la concepción.-¿Hacer música se asemeja al proceso de escribir un cuento o tomar una fotografía, o elaborar un vino? ¿O son expresiones creativas diferentes? -Creo que todo está conectado, y cada disciplina artística impacta en todas las demás. Si no hiciera vino, si no escribiera poesía, si no fuera fotógrafo, no haría la música que hago. Y también se podría decir que gracias a mi amor por la poesía, hago esta música y todo lo demás a lo que me dedico. Lo más importante es, diría, un sustrato, un terreno fértil en el alma donde el viento de vivir va esparciendo semillas. Prestarle atención a eso, cuidándolo y desarrollándolo, es una tarea hermosa, a la que a veces también le toca hundir las manos en el dolor, pero que siempre vuelve del viaje con frutos en las manos. Esa es la obra, puede ser un poema, un vino, una canción o una foto, pero nace siempre de un mismo jardín.-¿Qué música escuchás en la actualidad? ¿Cuáles son tus referentes? ¿Van cambiando con el tiempo, sobre todo en un artista como vos que se apasiona e investiga las músicas del mundo?-Escucho de todo, rock, pop, jazz, tango, folclore, blues, música clásica... Cada estilo tiene su encanto, hay que saber sintonizarlo. Mis referentes son muchos y se van sumando más con el tiempo. Estoy abierto a toda expresión artística de calidad.-¿Hay algún desafío que tengas, que quieras lograr, un género musical en el que no hayas incursionado, por ejemplo?-No lo pienso como un acopio o coleccionismo de estilos, sino que va surgiendo. De hecho, nunca me había planteado escribir una ranchera, hasta que nació la que incluí en Contraluz. Me sorprendió gratamente, y se abrió una nueva puerta.-Llevás muchos años como solista y has consolidado una elogiada carrera en solitario. ¿Volverías a formar parte de una banda? -No lo creo. Estoy muy feliz haciendo mi propio trabajo. De hecho, este año estoy celebrando mis 35 años como solista, con el relanzamiento de todos mis discos remasterizados en un box, en junio o julio próximos.-En este último caso, si pudieras formar "la banda perfecta" a tu criterio, ¿qué músicos elegirías?-No creo mucho en los "seleccionados", ¡fijate lo que le está pasando a nuestro de fútbol! (risas). Sumar virtuosos en cada rubro no te garantiza una buena química musical. Un buen grupo es un mecanismo complejo y necesita de elementos muy diversos. Si todos van para el mismo lado, exactamente, no funciona.-¿Cómo influyó tu padre violinista en tu vida como músico?-Él ya no tocaba el violín para cuando nací, así que no lo vi tocar mientras crecía. Pero claramente me pasó sus genes, y yo solito me apasioné por la música; cuando él vio eso, se entusiasmó y volvió a tocar. Junto con un tío bandoneonista y una prima pianista animábamos las reuniones familiares tocando tangos y valses cuando yo tenía unos 10 años. Mis padres fueron un gran apoyo, me alentaron y me ayudaron incondicionalmente. Mi viejo era mi fan número uno, pero tenía cero imparcialidad (risas). -A propósito de la reedición de tu discografía en formato vinilo, ¿aporta algo en cuanto a sonido, o sólo proviene de la nostalgia esta decisión?-Creo que va más allá de la nostalgia, hay un sonido distinto, del que podríamos discutir horas sobre su superioridad o no. El ritual de sentarse a escuchar un vinilo es lindo, el formato y la gráfica que lo acompaña, también. Y las "imperfecciones" técnicas le aportan una cierta calidez. Algunos insisten en que suena más "orgánico". Yo creo que los aspectos mecánicos y analógicos que están involucrados colorean el sonido de una manera placentera al oído.

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