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El cineasta de Tunuyán programa el ciclo de cine inédito que por tres meses se instalará todos los miércoles en el espacio Le Parc

Fadel o cómo eludir la brutalidad del mercado

Por UNO

Por Ramiro Ortizortiz.ramiro@diariouno.net.ar

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Alternativo, independiente, autogestionado, no comercial, periférico. Esos términos pueden referirse a muchas cosas pero, en este caso, refieren al arte, a un arte, al séptimo. Sí, sucede que esta noche comienza “Cine Inédito, ciclo de cine argentino actual”, propuesta que coloca al Le Parc como un nuevo espacio de proyección y que cuenta con el trabajo de Alejandro Fadel como programador.

Fadel, por si no lo recuerdan, es un guionista y realizador mendocino que ha trabajado durante años con Pablo Trapero y con la productora La Unión de los Ríos, de la que es uno de los fundadores. Su ópera prima, Los salvajes –aquí se vio en el Bafici y en el cine Universidad–, obtuvo el premio de la Semana de la Crítica en Cannes en 2012 y desde entonces sigue recorriendo el circuito mundial de festivales cinematográficos.

Este hombre, orgullo provincial, es quien ha elegido las cintas que los miércoles de este mes y los próximos abrirán cabezas mendocinas. Cuáles y por qué, lo detalla él –Fadel– recién llegado de países como Francia y Rumania, en esta tarea de hacer accesible un cine casi inaccesible.

–¿Cómo es esto de ser “curador”?–El cine tiene una palabra más bonita que es “programador”. Fue una propuesta que me hizo Florencia Juri, la productora del ciclo. Y lo primero que se me ocurrió es que teníamos que programar películas argentinas que no tienen llegada a la cartelera oficial y grandes cines, que cada vez es un mercado más reducido para cierto tipo de películas y de estéticas. Me pareció que era apropiado proponer una

revisión de películas de los últimos dos años que, a mi entender, tienen cierto riesgo estético y político. Cierta mirada nueva. No hay ninguna película que se parezca a El secreto de sus ojos.

–¿Es una oportunidad para mostrar algo diferente?–Está bueno, es un panorama sobre cierto cine argentino muy independiente que no tiene la posibilidad de ser exhibido en las grandes salas o de ser sometido a la brutalidad del mercado. Y es interesante ver qué sucede con estas películas en la provincia, sobre esa cosa que sentimos constantemente de que no hay espacios suficientes para la cultura. Bueno, ver si hay un deseo de ver este tipo de películas.

Estaría bueno que la gente se acerque a verlas y a discutirlas.

–Claro, habrá debate también...–La función inaugural va a ser con La chica del sur, de José Luis García, una película que me encanta y creo que en algún punto (es una palabra fea), pero es la más “madura” del ciclo. Tiene una claridad conceptual y estética muy definida. A través de un tema que a simple vista parece un poco ajeno, con un personaje en Corea, se vuelve una película muy interesante para pensar el estado actual de las cosas acá. Me pareció que tenía la suficiente complejidad como para llevar al director y que el público pueda discutir con él.

–¿Cómo fue el resto de la selección?–La selección fue natural, simplemente propuse películas que fui viendo y me interesaban, me parecía que proponían algo nuevo. Traté de que fueran películas que no se habían proyectado antes en la provincia y que tuvieran un amplio recorrido en festivales, algo que les da prestigio. Quizás alguna se vio en el Bafici, pero no creo. También traté de que el panorama fuera lo más amplio posible en cuanto

a diversidad de miradas. Que no todas las películas tengan una coherencia estética unas con otras. Hay una comedia de terror como Diablo, pero están Germania y Leones, que se manejan con otro registro temporal y otra sensibilidad narrativa. Cada semana cada película va a proponer una experiencia diferente. Así que si no les gusta una, se pueden acercar la semana próxima y seguro ven algo distinto.

–No sólo son películas que no están en las salas comerciales, sino que además la entrada es mucho más barata...–Sí, es muy económico, 10 pesos, no hay motivos para quejarse. Desde el Le Parc colaboraron para que tuviéramos una buena calidad en la proyección. Si logramos eso, creo que sería redondo. Es importante no sólo por el ciclo, sino por abrir nuevos espacios de exhibición, porque se propone un modo de producción alternativo y un sistema de exhibición alternativo. Eso acá siempre lo ha ocupado el  cine Universidad, que ha sido fundamental –al menos para mí lo era cuando vivía en Mendoza, supongo que para las nuevas generaciones también–. Y luego el Bafici Itinerante. Es un pequeño aporte para esas películas que son expulsadas automáticamente del mercado.

–¿La idea es que esto se prolongue en el tiempo para poder mostrar más?–Sí, pero no pretende ser exhaustiva la muestra, sino generar curiosidad, preguntas y la búsqueda de otras películas, ganas de acercarse a otro tipo de cine. Son espacios que nos tiene que interesar, como ciudad, cuidarlos y quererlos. Son como espacios de resistencia, el mercado dirige la mirada hacia lo que rinde económicamente, también la política intenta dirigir y construir la mirada. Creo que el arte tiene que estar ahí para quebrar esa mirada que quiere imponerse y ser un lugar donde la mirada esté un poco más libre, donde el espectador puede acercarse a una experiencia estética y a un pensamiento.