El cineasta Ettore Scola, autor de clásicos como Feos, sucios y malos, El baile y Un día muy particular, dejó tras de sí un legado de comedias que marcaron la época dorada del cine italiano y europeo. El guionista y director falleció el martes, a los 84 años, en Roma.
Nacido el 10 de mayo de 1931 en Trevico, sur de Italia, el creador se encontraba en estado de coma desde el domingo pasado en un policlínico de la capital italiana y falleció, acompañado por su esposa Gigliola y sus hijas Paola y Silvia.
Formado en la tradición de la comedia italiana de posguerra, escribió numerosos guiones antes de debutar como director con Parliamo di donne, de 1964. Su último trabajo fue el documental Qué extraño llamarse Federico, acerca de su amigo y colega Federico Fellini.
Scola fue, no cabe la menor duda, uno de los grandes cineastas italianos de todos los tiempos y sus obras siguen siendo objeto de admiración más allá del paso del tiempo.
Merecedor del premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1976 por Feos, sucios y malos, una de sus comedias más demoledoras y agridulces, al año siguiente, ese misma encuentro cinéfilo volvió a distinguirlo con un premio especial del jurado por Un día muy particular, uno de sus dramas más conmovedores.
En la Argentina, Feos, sucios y malos estuvo prohibida varios años por la censura, dado que su mirada ácida a las clase marginales romanas, a las que observó impiadosamente pero con un toque de humor negro, generó polémica y a la vez admiración. Es considerada por muchos de sus seguidores como una auténtica obra maestra, en la que se destaca el trabajo de Nino Manfredi.
Incisivo, a veces polémico, innovador, pero por sobre todas las cosas, fue un agudo observador de los tiempos que le tocó vivir.
Cuando tenía 16 años, empezó a colaborar en una revista satírica en boga, Marco Aurelio, primero como dibujante y luego como periodista que redactaba pequeños "cuadros" de la vida italiana. Allí, conoció al que sería uno de sus grandes amigos: Federico Fellini.
Al promediar la década del 50, Scola dejó la carrera de abogacía para dedicarse al cine primero como guionista en línea con Ruggero Maccari, con quien trabajó en numerosas oportunidades, pero también con Agenore Incrocci y Furio Scarpelli, en filmes como Las noches de Cleopatra, de Mario Mattoli, con Sofía Loren y Alberto Sordi, o La marcha sobre Roma, de Dino Risi.
Precisamente, con Maccari, y Tulio Pinelli, escribió para Dino Risi el guión de Un italiano en la Argentina (1965) con eje en un agente de prensa que encabeza una delegación italiana que viaja a Buenos Aires para participar en el Festival de Cine del Mar del Plata.
Sin embargo, su verdadera fortaleza se materializó en las películas que él mismo dirigió a mediados de la década del '60, con obras que muchas veces asumieron un fuerte compromiso a la hora de tocar temas dramáticos con un humor muchas veces corrosivo.
Un autor con vuelo propio
Scola se impuso como un peso pesado del cine peninsular en 1974 con el filme Una mujer y tres hombres, relato agridulce del destino de tres ex partisanos antifascistas, enamorados de la misma mujer.
En 1977, el emocionante e improbable idilio de la visita de Hitler a Roma, entre Marcello Mastroiani, intelectual homosexual, y Sophia Loren, esposa frustrada de un militante fascista en Un día muy particular, le brinda una notoriedad mundial y una lluvia de recompensas.
En tanto que Nos habíamos amado tanto, con Nino Manfredi y Stefania Sandrelli, es otro de sus clásicos y aborda la historia de Italia, desde la posguerra hasta la década del 70, narrada a través de un grupo de amigos izquierdistas.
Temas recurrentes de su cine
Algunos de los temas que exploró en su propia cinematografía fueron: la amistad; la familia; la ambición social y la vida en Roma. Esta última es la protagonista de una de sus joyas de la pantalla grande: Gente de Roma, que es a su vez su penúltima obra, filmada en 2003.
En general, eligió los espacios cerrados, como una terraza romana (La terraza), un salón de baile (El baile) y el interior de una diligencia (La noche de Varennes), para contar sus historias.
"Utilizar espacios cerrados me permite estar muy cerca de mis personajes y de lo que piensan", explicó a la prensa años atrás.
Fuentes: AFP, AP y Télam.


