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El músico Diego Vainer promete inundar el Le Parc este jueves con su envolvente arquitectura musical
“Estamos confeccionando la nueva forma de la música”
Nada de profecías estériles y burdas. Ante el espectro musical de evolución y cambio sempiterno, Diego Vainer mantiene firme su proa voraz. Su horizonte es el hoy, el aquí y ahora, y el disfrute del juego, la emoción, la curiosidad ante lo nuevo. De la música académica a la más hipnótica electrónica, del piano a la laptop, este compositor y productor porteño y “mendocino por adopción” (ver aparte) volverá a tocar en la provincia este jueves.
Dentro del ciclo VeraNeo del Le Parc, el músico, que ostenta trabajos con Daniel Melero, El Otro Yo y el trío de productores Terraplén –el equipo se completa con Gaby Kerpel y Daniel Martín con un coach como Santaolalla–, compartirá fecha con otro talento: Axel Krygier.
Ambos artistas, Vainer y Krygier, han sabido poner sus tramas sonoras al servicio de otras artes como el cine, la danza y el teatro, pero ahora, más allá de esos puntos en común, cada uno traerá un set personal.
Diego lo adelanta de este modo: “Van a escuchar la parte que incide y persiste como laboratorio personal de todas las ideas musicales y todas las inquietudes que surgen sin que ningún otro artista me pida. Es decir, mi proyecto Fantasías Animadas. Voy a trabajar obras nuevas, otras que datan de algunos años, básicamente me voy a meter más por el lado ambiental. He visto muchas imágenes del espacio Le Parc, que me parece hermoso, y siempre he tenido como un vínculo bastante estrecho con la arquitectura a nivel musical (de hecho el tercer disco de Fantasías Animadas se llama Arquitectura). Tengo mucha sensibilidad con respecto a eso y me dieron muchas ganas de inundar ese espacio o sumergirlo con un rumbo más ambient”.
Esos envolventes climas cinematográficos Vainer los alcanza mediante dos espacios. “En vivo me gusta tener lugares informatizados en donde los cálculos tienen ciertas precisiones, es decir computadoras, controlador, para poder hacer algo más gestual. En la música me gusta tanto la abstracción como la gestualidad. Por otro lado siempre toco con un sintetizador analógico que es como mi lugar de caos, donde la predicción no siempre va a responder de la misma forma. Mi forma de presentarme en vivo tiene que ver con tener a disposición una gran cantidad de materiales y en vivo recombinarlos y armar situaciones únicas”, explica.
–¿Similar a la labor de un DJ?–No, no es un rol donde me he desarrollado. No paso música, compongo música y cuando toco trato de tener un comportamiento musical por más que los medios sean electrónicos. Una generación sin mucha experiencia puede decir que soy un DJ porque me ven con una computadora, que muevo unas perillas y suena una sonoridad electrónica. Yo prefiero pensar que lo que estoy haciendo es tocar de la misma manera en la que me siento a tocar mi piano en casa pero con otras herramientas.
–¿Por qué siempre incursionás en proyectos tan disímiles?–Es bastante característico en lo que hago el sumergirme en proyectos muy distintos en donde pueda sentir la emoción del juego. Meterme en cosas tan disímiles hace que pueda sentir la emoción y la curiosidad de descubrir algo que no transito habitualmente. Cuanto más distinto es lo que tengo que hacer, más me atrapa magnéticamente. Eso conserva que yo sienta que no utilizo fórmulas sino que en ese mismo momento me replanteo qué es la música, qué es el sonido, qué es escuchar y qué significa trabajar en esta parte del arte que tiene que ver con la audición.
–¿Y qué elegís como oyente?–No quiero entrar en el discurso de que “escucho de todo” porque de todo no escucho. No tengo tiempo para escuchar cosas que no me interesan. Hay muchísima música que se está produciendo, pero está mucho más atomizado hoy y al nosotros estar también dentro de eso, no podemos ver bien. Nada alcanza a tener la notoriedad, la difusión y el consenso que antes era más fácil de visualizar. Lo fascinante de este momento es que nosotros estamos moldeando nuevos formatos después de toda la revolución cultural de los últimos 15 años que tiene que ver con las redes. Eso es lo apasionante. Hay gente desconcertada con comentarios casi apocalípticos y se la pasan comparando con otras edades de oro pero bueno, estamos confeccionando lo que va a ser la nueva forma que va a tener la música.
–¿En qué estado está hoy Fantasías Animadas?–En realidad eso es un alias que nace en el año ’93 como mi espacio personal de investigación y producción. Es donde realmente produzco la música y la sonoridad que no tengo que consensuar con nadie… más que conmigo. Ese muchas veces es el gran problema (ríe). Es un lugar de mucha libertad, suelo sacar discos, ahora hace mucho tiempo que no saco discos físicos pero tengo material guardado como para tres.
–¿Por qué?–Lo que pasa es que hay un cambio en la comunicación, la difusión y el consumo de la música. Por eso todavía estoy investigando cuál va a ser el canal. Nosotros somos de una generación en la que la música siempre tuvo soporte físico y es un cambio de paradigma importante desprenderse de ese fetiche que es una cajita y una tapita. En mis discos siempre le he puesto especial atención a la parte gráfica, porque es un lugar también de conceptualización de la propuesta, pero ahora se anula el objeto.
–¿Hacia dónde pensás que se dirige esa tendencia?–En este momento no necesitamos poseer físicamente a la música. Vamos a distintos sitios y se sigue consumiendo música, tal vez mucho más y en momentos distintos a través de las unidades móviles. Se consume mucha más música pero el ritual está desarmado y se está rearmando. Falta volver de esa instancia en donde lo más importante es la circulación y la conectividad, el gran paso es volver a enamorarse de la calidad de lo que escuchamos. Se ha privilegiado que pueda circular fácilmente en detrimento de la calidad del audio, que se comprimió. Hay que volver a lo que fue la carrera del siglo XX, el WiFi. La imagen sí está en ese momento, el HD es un valor hoy. En la música no, todavía no.



