Espectaculos Sábado, 21 de abril de 2018

En tiempo de fados en el Independencia

Esta creación de las hermanas Fusari se montará este sábado en la noche y este domingo en la sala máxima de la provincia. La propuesta se estrenó en 2006 y la de ahora es una reversión de esa puesta en escena.

Por María Echegaray

Valentina y Lucía Fusari son una marca registrada de la danza contemporánea mendocina. Su sello inconfundible se aprecia en cada movimiento, en cada mirada, en cada luz y hasta en el más mínimo detalle que sube al escenario.

Cumpliendo más de 30 años desde la creación de su prestigioso estudio de danza, las hermanas vuelven una vez más para deleitar al público con En tiempo de fados, la exitosa obra que estrenaron en 2006 y que ahora se presentará nuevamente en el teatro Independencia. Las citas son hoy a las 21.30 y mañana a las 20.30.

En tiempo de fados es una obra que abreva en el universo de esta expresión de la música tradicional portuguesa y genera un espacio-tiempo lleno de emociones que a su vez transitan diferentes planos de abstracción.

Lucía Fusari es la encargada de trazar esta nueva reposición caracterizada por un mayor número de bailarines, y cambios coreográficos que le dan frescura, virtuosismo, riqueza escénica y una apertura con artistas invitadas denominado "4 cellos + 2 actrices".

De esta manera, En tiempos de fados comienza con Trébol (ensamble de cellos integrado por Gabriela Guembe, Noelia Pavez, Lelé Bengolea y Lilian Giubetich) interpretando diversas obras musicales mientras las actrices Celeste Álvarez y Valentina Aparicio hacen lo propio con la poesía de Fernando Pessoa.

El escritor portugués es quien luego abre paso a los fados profundos y desgarradores de Misia; a las exquisitas intervenciones sonoras de Maytilli Devi, y a la interpretación de la Compañía de Danza Contemporánea de Lucía y Valentina Fusari y el Ballet Contemporáneo Ciudad de Mendoza, en calidad de invitado especial.

Antes de la presentación de este celebrado espectáculo de danza contemporánea Escenario diálogo en exclusiva con su creadora y directora Valentina Fusari.

-¿Cómo nace esta obra?

-En tiempo de fados es una obra mía que surge de mi interés por la música, por el fado cantado por la artista Misia. Me inspiró su forma de interpretarlo, su mística y su energía. La primera vez que se hizo la obra, se hizo en mi estudio y tenía que ver más con la especialidad, con la cercanía al público, con algo más íntimo. Ahora pasamos a un lugar mucho más grande, con más bailarines con cambios coreográficos y escenográficos todos a cargo de mi hermana Lucía Fusari.

-¿De qué trata?

-La obra tiene que ver con los sentimientos y emociones que generan los fados, con lo que su música provoca, con lo que las imágenes transmiten, las relaciones, esas sensaciones de nostalgia, de alegría. Es una obra que pasa por las diversas emociones del ser humano. Además, al ser una música de puerto hay muchas imágenes de barco, de espera y de esperanza.

-A diferencia de otras obras de danza en la que prima la música clásica, aquí la música portuguesa es la protagonista...

-Sí, yo siempre he trabajado con música más abstracta e instrumental como Beethoven, Bach o Robert Fripp, pero en esta oportunidad quise elegir algo completamente diferente como los fados. Ver cómo hacía para llevar lo y qué me generaba la canción al movimiento pero sin caer en lo literal de lo que decía la música fue un verdadero reto. Debo decir que En tiempo de fados es todo un desafío entre lo emocional y lo abstracto. Por ejemplo entre fado y fado canta Maytili y va generando una atmósfera como de otro mundo, de otra esfera, entonces ahí se vuelve a producir una contraposición entre el hilo conductor que es Maiytili y las canciones de los fados interpretadas por Misia.

-¿La obra sigue una trama narrativa?

-La obra no es un cuento que vamos narrando sino que son situaciones. Es decir, cada fado en si mismo es una interpretación, hay algunos grupales, hay tríos y hay otro en versión tango. Lo importantes es que no contamos una historia sino que reflejamos lo que nos hace sentir la música. La gente tiene que ir y disfrutar del movimiento, de la puesta en escena, de las imágenes que los fados generan y hacer su propia interpretación. El lenguaje del movimiento genera en el espectador diferentes energías que cada uno las recibe a su modo.

-¿Por qué decidieron hacerla otra vez?

-De vez en cuando está bueno reponer un clásico pero con todas las transformaciones que puedan suceder por los nuevos intérpretes. Que no sea una obra que se estrena en su momento una vez y queda fija para siempre. Esta reposición es porque estamos trabajando con un gran elenco de bailarines muy interesantes que no solo son muy dúctiles sino que tienen una gran capacidad interpretativa; entonces eso está bueno para mantener a la obra en movimiento, transformándose y evolucionando.

-Si tuvieras que describir la obra en tres palabras, ¿qué dirías?

-Es muy difícil elegir. Se me vienen a la cabeza palabras como lontananza, regreso, añoranza, lo humano, la emotividad humana, el sentir. También hay mucha intensidad y, para terminar, frescura.