Por Daniel Quiroga
El autor es actor y mimo mendocino.
Hace 23 años, yo vivía con la mamá de mi hija y no teníamos un mango partido por la mitad. Tanto que los domingos nos alimentaba su familia.
Un domingo al mediodía, como tantos otros, me fui a buscar la comida a lo de mis suegros en el auto de ellos y no quise llevar el carnet de conducir tal como me lo recomendó mi ex mujer, porque no era largo el trayecto.
Fui, agarré la comida en lo de mis suegros y volví a casa tranquilo. Unas cuadras antes de llegar me para la policía, que justo estaba haciendo un control. Yo me quería matar y empecé a recordar las palabras de mi mujer.
En fin, el oficial empieza a pedirme los papeles del auto y yo empiezo a explicarle la situación. De repente, comenzó a decirme: "Sos un maleducado, no aprendiste nada". Y llama a los dos agentes que estaban con él en el operativo. "Vengan -les dice- que les voy a mostrar cómo no se debe actuar en la vida. Este señor es un maleducado, un irrespetuoso. Tenemos que darle una lección".
A esa altura yo estaba muy asustado. Me pide que baje del auto y a mí me temblaban las patas. Llevábamos pocos años en democracia y yo pensaba lo peor, que me iban a llevar detenido, que me iban a golpear.
Cuando bajo del auto, el oficial me recrimina: "¿No aprendiste nada de tu papá anoche? ¿Nada te quedó?".
Y yo no entendía de qué hablaba hasta que me di cuenta de que la noche anterior había dado una función con mi tío, el Flaco Suárez, de Educando al nene. Y en esa obra, que después se convirtió en un clásico de nuestro repertorio, hacemos una escena policial, tal cual este oficial estaba reproduciendo en ese momento.
Ahí me avivé y ahí el oficial me contó que la noche anterior había ido a ver la obra y que cuando me paró me reconoció enseguida. "Vos sos el actor de anoche", me dijo con una sonrisa y me abrazó.
El tipo en ese momento realmente me estaba dando una lección de actuación.




