Por Cristina AlfonsoComo drama danzado El lago de los cisnes es, sin lugar a dudas, el más popular de todos los ballets clásicos y el elegido ahora por María Cristina Hidalgo para festejar la trayectoria de cuarenta años a cargo de su Escuela de Ballet.
Con entradas agotadas el Teatro Independencia ofreció dos funciones de este clásico-romántico con música de Tchaikovsky, argumento de Begitchev/ Geltzer y coreografía basada en la versión original de Ivanov/Petipa.
El equipo encabezado por Hidalgo tuvo como coreógrafas repositoras a Shirley Jorquera (2º y 4º actos), a María Inés Riveros Hidalgo (1º y 3º actos) y a Genoveva Sagués (danzas de carácter). Pero quien definió por último los movimientos de esta cuidada puesta fue Lidia Segni, la actual Directora del Ballet Estable del Teatro Colón, a cargo de la supervisión coreográfica. Recordemos que hace poco Segni visitó Mendoza con su “Carmen” de Wainrot y próximamente ofrecerá “La Sylphide” (por transmisión simultánea en el Teatro Plaza) con coreografía de Pierre Lacotte, según Filippo Taglioni.
De El lago… hay múltiples versiones desde que Lev Ivanov y Marius Petipa presentaron con éxito en 1895 la coreografía completa en cuatro actos, en el Teatro Marynsky de San Petersburgo. En los jardines y salones de Palacio del primer y tercer acto respectivamente, las variaciones coreográficas fueron las esperables, así como éstas fueron sutiles en los actos blancos (el segundo y el cuarto).
Sin perder la línea argumental primigenia, la historia admite un final trágico -el preferido por Tchaikovky, según testimonios de la época- y uno feliz, el representado en esta ocasión. El final feliz era el esperado tratándose de un festejo: cuatro décadas sin altibajos y ofreciendo al medio importantes títulos del repertorio clásico.
La puesta contó con los primeros bailarines invitados del Teatro Colón, Karina Olmedo, Juan Pablo Ledo y Vagram Ambartsoumian y del cuerpo de baile Matías Santos y Maximiliano Iglesias. Completó el elenco Camila Morchio del Ballet Oficial de Córdoba.
La protagonista fue Karina Olmedo, en el doble personaje Odette / Odile y Juan Pablo Ledo como su enamorado, el príncipe Sigfrido. Ambos se complementaron muy bien aunque al príncipe le faltó definición y peso interpretativo, en definitiva, mayor proyección.
Karina Olmedo se mostró versátil en su doble rol, con equilibrio entre expresión y tecnicismo, líneas perfectas, fluidas y un “port de bras” etéreo como Odette (cisne blanco), mientras que la pérfida Odile (cisne negro) tuvo la mirada firme y fría. El pas de deux del tercer acto contrastó - como debe ser- con el adagio etéreo del segundo y lleno de orgullo y arrogancia, representó muy bien la treta de Odile con su risa sarcástica.
En los treinta y dos “fouettes” que lleva el pas de deux del cisne negro, el momento más exigido en cuanto a técnica, Olmedo ofreció, con un perfecto eje, los diez y seis primeros marcando el giro por “attitude”, mientras que se mantenía como “clavada” en el mismo lugar, sin desplazarse del centro del escenario hasta completar la serie.
El cuerpo de baile actuó disciplinado y con estilo. Los pequeños cisnes del pas de quatre estuvieron las dos noches perfectas y se llevaron una de las mayores ovaciones. Entre las solistas locales María Inés Riveros Hidalgo (bailarina y repositora coreográfica) se destacó en el pas de trois junto a M. Santos y a C. Morcos, en los cisnes grandes y en la danza española, por su presencia y fina musicalidad. Mostró giro, salto, batería y balance, con sólida formación. No le faltó nada.
Otro personaje importante fue el brujo von Rothbart, interpretado por Ambartsomian con gran fuerza y cuidado dramatúrgico. Como contrapartida estuvo el bufón de M. Iglesias, con amplio protagonismo y frescura debido a sus brillantes intervenciones que rozan la acrobacia. Fue muy festejado.
Gustavo Lozano de Santa Fe creó la escenografía con telones evocadores de espacios que junto con los tocados y accesorios de Humberto Riveros y el vestuario de Ortiz/Rosales/Baccini terminaron de pintar las escenas de cada acto.
El encantamiento se deshizo con los grandilocuentes compases finales dando paso al amor y al bien. Fue un desenlace feliz, incluso para toda la compañía y una puesta completa en concepción, contenido, y estructura. Perteneciente a la era romántico-clásica, “El lago…” se ubica, en cierto modo, en el punto más alto de la curva de la historia del ballet y como tal, no sólo sirvió para un festejo exitoso, sino que además significó un aporte cultural relevante.
El lago de los cisnes Funciones: 23 y 24 de junio. Teatro Independencia. Dirección general: María Cristina HidalgoPareja protagónica: Karina Olmedo y Juan Pablo Ledo


