Espectaculos Domingo, 21 de octubre de 2018

El cine nacional sigue en constante crecimiento

Este filme, que se estrenó el pasado jueves, es dirigido por el director cordobés y debutante Hugo Curletto

El cine argentino sigue impulsando a los autores de las provincias, en este caso Hugo Curletto, que esta semana presentó La casa del eco, un drama que incursiona en lo fantástico.

Tras un regalo inesperado de su padre el día de su cumpleaños, un lote en un paraje cercano de donde vive pero de difícil acceso, Alejo decide emprender un viaje.

Allí el joven arquitecto sufre un trastorno del sueño que rompe los límites de su realidad, donde confluyen su esposa, un diseño maquetado, una hija acróbata y un baqueano.

Sin embargo hay algo más qué será necesario resolver: el muro -la frontera- que separa la realidad de lo soñado, y que puede enfrentarlo con su ineludible presente.

-¿Cómo comienza tu historia con el cine?

-Hace ya varios años me vine de Río Cuarto a estudiar cine a la Universidad Nacional de Córdoba. Después de terminar la carrera, haber hecho cortos y documentales, comencé a trabajar como camarógrafo en los medios, y dirigiendo algunos programas de televisión, pero siempre el deseo estuvo puesto en escribir y filmar mi propia película.

-¿Por qué un arquitecto?

-Siento una especie de fascinación por los arquitectos. Son personas que saben de cálculos, de historia, y a su vez poseen una gran sensibilidad artística. Proyectan ciudades, diseñan objetos, proyectan una casa. En ese intento de dominar el espacio vacío, encuentro a la arquitectura cercana a lo que hacemos día a día con nuestras vidas.

-En este caso se mezcla con el amor...

-Desde una mirada más pragmática, el amor podría asemejarse a una construcción. Proyectada, diseñada para estar a gusto, y a salvo de un afuera hostil e incierto. Pero a veces algo se mueve, cambia de lugar, aparece eso que creemos que nos falta y esas construcciones se debilitan, se desmoronan, dejando al descubierto lo que no queremos o podemos ver. Esa indefinición, o zona difusa, funciona de alguna manera como una manera de encarnar la angustia y la incertidumbre de Alejo, que vuelve extraño lo familiar.

-Hay dos universos sin solución de continuidad...

-Cuando propuse esta forma de relato fragmentado, nunca puse énfasis en separar el sueño de la realidad. Ambas líneas en la película son partes de una misma historia, dos caras de una misma moneda. Si el espectador sale pensando, o levemente mordido por la historia, por un plano, o un sonido, me resulta más relevante que el hecho de que logre identificar el sueño de la realidad. Después de todo es une película, y el instante de la proyección un hecho que emula el dispositivo onírico.

-¿Dónde se filmó?

-El lugar donde se filmó gran parte de la película posee mucho de mi historia. Hay claramente un componente autorreferencial allí. Alpa Corral es un lugar maravilloso del sur de las sierras de Córdoba, que muchos no conocen. Para mí representa un lugar lleno de mística, un sitio al que cada tanto intento volver, y una historia que aún permanece abierta en relación a un lote desconocido, inaccesible al que mi padre nunca intentó llegar.

-¿Para qué tipo de público es?

-Estoy convencido de que el hecho de que sea una propuesta de cierta singularidad no la vuelve inaccesible al público en general. Creo que es una película que interpela, pero a su vez te mantiene alerta, y puede llegar a tocar ciertas fibras, y eso rompe con el hermetismo.

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