Hablamos de los Oscar, los famosos y Damián Szifron  con Axel Kuschevatzky, quien conducirá el domingo próximo la  antesala de los premios y está nominado por Relatos Salvajes

Derribando el mito de la película favorita

Por UNO

Selva Florencia [email protected]

“Estoy corriendo de una punta de España a la otra, ¡es una cosa terrible!”, dice entre risas el siempre dispuesto conductor de televisión y productor de cine Axel Kuschevatzky. El periodista de 42 años habló con Escenario a fines de enero cuando estaba en ese país europeo atendiendo compromisos de la película Relatos salvajes, de la cual fue coproductor.

Desde entonces, la cinta escrita y dirigida por Damián Szifron –que en 2014 se convirtió en la más vista en la historia de las salas de cine de nuestro país– siguió arrasando en cuanta ciudad del mundo se estrenó, además de consagrarse recientemente como el mejor filme iberoamericano en los premios Goya.

Por estos días, Relatos salvajes espera ganar la estatuilla más codiciada: el Oscar, ya que compite en la categoría de mejor película de habla extranjera.

Además de sus responsabilidades como jefe de desarrollo y producción de cine de Telefe (que es el mayor coproductor de cine del país), Kuschevatzky se está preparando para conducir por onceavo año consecutivo la transmisión que el canal TNT pone al aire durante el paso de las estrellas por la alfombra roja de estos premios que tendrán su ceremonia el 22. Ese trabajo lo realiza junto con su fiel compañera, la mexicana Liza Echeverría.

Si bien Kuschevatzky es un cinéfilo, conoce a las estrellas que transitan esa alfombra a la perfección y es un gran estudioso de su profesión, reconoce que es inevitable sentir ansiedad o nervios de cara a la noche más importante del séptimo arte mundial. El show es visto por unos 120 millones de personas en toda Latinoamérica.

A la presencia argentina que significó la nominación de Relatos salvajes, que es la séptima  producción nacional que aspira al Oscar, se le sumó la de dos argentinos que coescribieron el guión de la cinta que –se espera– gane como mejor película.

Se trata de los bonaerenses Armando Bo y Nicolás Giacobone, quienes se pasaron varias noches en vela escribiendo los diálogos de Birdman junto con Alejandro González Iñárritu y Alexander Dinelaris.

Sin dudas, el próximo domingo será un día importante para la industria cinematográfica nacional, sea cual sea el resultado. Hay que tener en cuenta que en los últimos años el desarrollo de producciones audiovisuales creció exponencialmente en el país.

Para conocer cómo viven el éxito de Relatos salvajes quienes fueron sus mentores y cómo es prepararse para entrar en los hogares de cientos de millones de personas, dialogamos con Axel Kuschevatzky, quien es además codirector de la revista La Cosa cine, desde 1995. Lo que se dice, un experto en la materia.

–Relatos salvajes hizo un camino similar al de la anterior producción argentina ganadora de un Oscar, El secreto de sus ojos, ya que no fue nominada a los Globos de Oro, pero sí a los premios de la Academia. ¿Qué expectativas tenés para el domingo que viene?

–Soy muy juicioso con el Oscar porque, debido a su naturaleza, uno no puede sentarse y pensar si el camino que recorrió una película o el tipo de cinta que es puede aportar pistas acerca de lo que puede suceder el día de la ceremonia. Mi experiencia acompañando a Juan José Campanella con su película fue que nada está escrito y que no existe la película favorita, porque El secreto de sus ojos no lo era. Soy partidario de no enloquecer (risas) y tomarlo todo con tranquilidad, lo que no quita que todo el equipo esté muy feliz e ilusionado con lo que ha pasado. Es un orgullo que la Academia reconozca el talento nacional que hay en esta producción.

–Más allá de que es una gran película, Relatos salvajes tuvo una importante campaña de marketing en Argentina. ¿Creés que eso fue determinante para que se convirtiera en la más vista de la historia del cine argentino?

–No, para nada. Todo lo que pasó se dio porque Damián (Szifron) logró una película emocionante, que genera discusión, debate.  Además, contó con un equipo de producción soñado, liderado por Pedro Almodóvar. Después, la comunicación ayudó a amplificar el efecto de la película, pero vos podés usar las mismas herramientas de comunicación con otro filme que, si no tiene esa capacidad de emocionar, no va a trascender.

–¿Se sabe ya si habrá una segunda parte? Quizás, con otros relatos...

–Es la pregunta que más le hacen a Damián. ¡Pobre! (risas). Por ahora, te diría que no. No me imagino que la próxima película de él sea como Relatos salvajes, no.

–En 2010, ya te pasó de estar nominado junto con el equipo de producción de una película mientras conducías la alfombra roja previa a la ceremonia. ¿En esa oportunidad, sentiste más nervios o ansiedad de la habitual?

–La verdad es que me siento afortunado de haber formado parte de proyectos tan prestigiosos, pero trato de no pensar demasiado, aunque es imposible no hacerlo. No hay manera de lograr la calma absoluta o de conseguir que no te afecte el hecho de estar en vivo y encima pensando en que más tarde tu trabajo puede ganar o perder. Sin embargo, cuando estamos en vivo, con Liza (Echeverría), lo más importante es el televidente que está en su casa viéndonos. Trato de que no se me crucen los cables, no porque no puedo estar nervioso, sino porque tengo que estar atento a todo.

–Poca gente sabe que cubrir en vivo la alfombra roja de un evento de esa magnitud implica mucha concentración. Mientras estás entrevistando a Angelina Jolie, por ejemplo, tu productor te habla por la “cucaracha” en inglés, el asistente te avisa que viene el próximo invitado y se oyen gritos de fans y fotógrafos que están cerca. ¿Tenés alguna anécdota vergonzosa que hayás vivido en ese marco?

–No (risas). Debe haber, pero no. Hay famosos que son más o menos permeables, eso lo vas manejando. La realidad es que, a pesar de la adrenalina que se siente ahí, todas las personas que van llegando están muy contentas: actores, directores, productores, todos están chochos de estar ahí. No te encontrás con gente amarga o que no quiere hablar de tal o cual cosa. El que no quiere dar notas, no pasa por la alfombra roja directamente.

–¿Nunca te pasó de olvidarte el nombre de alguien o que la mente se te ponga en blanco?

–No, porque siempre tengo miedo de que me pase eso. ¡Me da un pánico terrible! Es una transmisión que va a 45 países y entra a unos 80 millones de hogares. No lo quiero pensar mucho porque el grado de angustia que me puede agarrar es paralizante (risas).

–Se dio todo un fenómeno extraño alrededor de Birdman (nominada a mejor película), ya que es considerada la película más amada y odiada por igual de la temporada. Muchos aseguran que a eso se debe su éxito en las entregas de premios: a que generó fanatismo en los jurados. ¿Qué te pareció a vos?

–A mí la película me gusta. Es un año en el que las ocho películas nominadas a la categoría máxima son muy interesantes por motivos muy diferentes. La distancia que hay entre una película como La teoría del todo y Whiplash es enorme, pero es muy lógico que ambas compitan por ser la mejor película del año. De las nominadas, a mí la que más me gusta es Whiplash, pero convive con cintas como Birdman, que ha tenido un vuelo impresionante, o El francotirador, que ha sido muy cuestionada por la postura que sienta. Es un año de mucha diversidad.

–Además, se espera la ceremonia sea muy entretenida gracias a la conducción de Neil Patrick Harris...

–Si lo has visto en los Tonys o en los Emmys, sabés que tiene un manejo del timing que es impresionante. Es una gran elección, aunque un poco obvia, por un lado, y bastante cuestionada, por otro. Más que nada porque es un artista muy asociado a la tele (actuó en Doogie Howser, MD y How I Met Your Mother) o a Broadway y no al cine. Aunque este año actuó en el filme de David Fincher, Perdida. De todas formas, a mí me entusiasman los productores de la ceremonia, que son Craig Zadan y Neil Meron, porque saben cómo dar un buen show.