Paola Alé[email protected]
La fachada es antigua y, de verdad, por fuera no difiere de muchas de las típicas “casas chorizo” de la Sexta Sección. La puerta, no tiene, por ejemplo, el aspecto del ropero de Narnia. Ni tampoco parece el agujero del árbol de Alicia. Es la puerta de una casa. Simplemente.Pero cuando suena el timbre, atiende Silvina y con una vocecita suave invita a pasar. Después del zaguán, –con puertas de vidrio, como el que cruzábamos cuando íbamos de visita a la casa de los abuelos– se abre un mundo distinto, un amoroso lugar en el mundo para que chicos y adolescentes disfruten de los libros. Hay alfombras de colores, estantes con forma de casitas, libros para tocar, a la altura y a disposición de los niños y niñas. Los libros están ahí, de cara a sus lectores. Para que los tomen, miren sus dibujos y se relacionen poco a poco con sus historias.
Estamos en presencia del Espacio de Literatura Infantil y Juvenil (Edelij). Un lugar mágico que ha sido reconocido y premiado a nivel nacional y que edita un boletín virtual de literatura infantil y juvenil, que cuenta con 22.000 suscriptores de diversos países del mundo. Edelij, un proyecto que comenzó siendo el trabajo final de un master que Silvina Juri realizó en Barcelona, luego se concretó en un lugar que no puede dejar de abrir la imaginación de los que lo frecuentan.–¿Cómo nació Edelij?–Surgió en diciembre del 2006, como boletín virtual para difundir a nivel local, nacional e internacional la promoción de la literatura para chicos.–¿Cómo te interesaste en esta temática?–Después de haber estudiado en Barcelona el master en Literatura Infantil y Juvenil. Cuando volví a Mendoza y rendí las tesis, se puso en marcha el espacio físico de la biblioteca y el préstamo de libros. Fue bien considerado desde la crítica. Como espacio de difusión recibió dos premios. Uno fue en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el Premio Pregonero de la fundación El Libro y otro, el Premio Nacional y Latinoamericano La Hormiguita Viajera, que otorga la Biblioteca Popular Madre Teresa, de la provincia de Buenos Aires. A raíz de eso empezó a llegar mucho material literario en forma mensual.–Entonces, el boletín virtual quedó chico...–El boletín tiene 22.000 suscriptores de todas partes del mundo, es gratuito y a muchas editoriales les interesa participar en él. Pero la verdad es que se recibían tantos libros que generó que este espacio fuera abierto al público. ¡Es que está buenísimo que nos lleguen tantos libros nuevos! Pero no los podemos tener ordenaditos de cara para adentro de la biblioteca, sino que lo importante es que empezaran a usarse. La biblioteca se abrió al público en el 2008.–¿Específicamente a qué público apunta Edelij?–Es un espacio de lectura para niños y jóvenes. Los lomos de los libros tienen una referencia por color. Los que tienen lomo amarillo, pequeños lectores; azul, lectores avanzados y el rojo, grandes lectores.–¿Sólo apunta a los chicos?–No, también hay mucho material de investigación, que está destinado a mediadores, a adultos. Hay libros de investigación que se utilizan en un ciclo de Literatura Infantil y Juvenil en la UNCuyo. Yo doy clases allí. Muchos alumnos para las tesinas o para los trabajos consultan los textos. Llega mucho material de España.–¿Qué es lo positivo de tu experiencia en la universidad?–Pertenecer a ámbitos académicos es importante, te conecta con la realidad universitaria, de investigación, de estudio, pero lo que siempre me interesó, quizás hasta por una cuestión ideológica, es trabajar concretamente con niños.–No perderte la literatura desde la perspectiva de los niños…–Exactamente, porque nos piden artículos de divulgación del género de la LIJ (literatura infantil y juvenil) pero el trabajo con los chicos alimenta la teoría a veces y otras, directamente, la refuta.–¿No es un poco lo que le falta a la universidad, esa conexión con la realidad de lo que se estudia en la teoría?–Totalmente. Muchas veces intentamos aplicar cuestiones que desde la crítica parecen interesantes y no es tan así. El contacto con los chicos refuerza con la práctica lo que la teoría sólo puede enunciar.–¿Con qué compite el libro actualmente? Hay quienes sostienen que el libro desaparecerá por las nuevas tecnologías.–La experiencia de cada chico con el libro es particular. Hay distintos caminos para llegar al libro, y no hay que descartar ninguno. No creo que compita concretamente con nada. Los chicos siguen teniendo al libro como un objeto intimista que los atrae. Hay nuevas propuestas, el libro objeto, el libro arte, el libro álbum. Diferentes propuestas que se adaptan a nuevos lectores.–Es casi como crear un tiempo fuera del tiempo.–Es parar un momento, detenerse en la vorágine diaria, y tener 20 minutos de compartir una historia con los chicos, ir construyendo ese camino lector.“Después de esa historia compartida, en donde hay momentos de tensión, de emoción, de tristeza, o felicidad, los chicos saben que está la voz del adulto que deja resuelto el conflicto. Es un momento por el que no se da nada a cambio, no hay una evaluación”.–¿Qué le falta a la escuela con respecto a la enseñanza de la literatura?–Hay material muy valioso que no se tiene en cuenta. En los últimos diez años ha llegado una enorme cantidad de libros a las escuelas por el Plan Nacional de Lectura. A veces se desperdicia ese material. Los libros muchas veces terminan desbancados, o en cajas, arrinconados, por temor a que se arruinen o se pierdan. Las dinámicas en el aula también tienen que ser modificadas.–¿En qué aspecto se deben modificar?–Si nos paramos desde un lugar de querer imponer respeto sin haber creado el lazo afectivo con los estudiantes, es más difícil llegar. No me puedo parar como autoridad nada más sino crear un enganche con los chicos a través de lo literario.–¿Falta de acercamiento del docente hacia los alumnos?–Creo que pasa por el hecho de no conocerlos, porque si vos conocés al grupo, sus intereses, podés seleccionar un fragmento de una novela, por ejemplo, y leerla entre todos, en clase. O a través de otro tipo de dinámicas, pero si para vos los alumnos son simplemente unos desconocidos a los que tenés que darles clase, ese lazo afectivo no se forma. Existiendo esa conexión, no hay manera de que la literatura no impacte.–Algo así como mirar desde su perspectiva.–Gianni Rodari lo decía en el libro Pedagogía de la fantasía: “El uso total de la palabra para todos me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”. La palabra poética, no sólo de poesía, sino poética en el sentido de lo literario, puede vincularme con experiencias diversas. Yo puedo ser otro siendo uno mismo, volverme más humano después de lo leído, crear subjetividad. Hay libros muy poderosos, que hablan de la sexualidad, de la muerte, de temas fuertes que impactan a los chicos, temáticas atemporales.–¿Depende de la edad son los temas que los chicos prefieren?–Depende de sus intereses, de sus temores internos que pueden canalizar a través de la literatura. Actualmente hay mucha literatura que se está animando a tocar temas que antes no se acostumbraba a tratar con los chicos, y lo hacen desde un lugar muy literario, muy estético. La muerte y la sexualidad, por ejemplo.–¿Hay opciones para mostrar una imagen de la mujer no tan cosificada como lo hacen las princesas de Disney?–¡Hay muchísimas opciones! Princesas olvidadas o desconocidas, que muestran otro tipo de heroínas, con defectos, con problemas, nada perfectas. También está El libro de los cerdos, que realiza un planteo igualitario de las tareas domésticas. O la colección de libros de Carlota, que es una niña distinta, Las opciones están, simplemente hay que buscarlas.-La literatura propone muchas veces soluciones alternativas a los problemas que tenemos en la infancia siempre...–Es cierto, el miedo a la soledad, al fracaso es atemporal, la literatura nos permite hacer un tipo de catarsis, que de repente sin darnos cuenta estamos sanando heridas internas.


