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El escritor Hernán Casciari no es actor profesional. Tampoco lo son su mamá, hermana, hija, sobrinos y primos. Pero Una obra en construcción, que se presenta en Mendoza el fin de semana que viene, es un suceso

Cuando la escena queda en familia

Hernán Casciari es a todas luces un hombre inteligente. No sólo por el talento que imprime a su dramaturgia (es, por ejemplo, autor de Más respeto que soy tu madre, que Antonio Gasalla presentó con éxito varias temporadas) a su trabajo como escritor o periodista -trabajó en los diarios españoles El País y El Mundo y en La Nación- sino por su capacidad para adaptarse a las circunstancias, aunque éstas resulten adversas. Como lo que sucedió hace más de un año, cuando luego de vivir 15 años en España, estaba en Montevideo y tuvo -con algo más de 40 años- un infarto. Esta experiencia lo impulsó a no postergar situaciones que deseaba para su vida y de este anhelo surgió Una obra en construcción, donde el autor gana la escena -a pesar de no ser actor- junto a un elenco de intérpretes no profesionales: su propia familia. De esta manera, su madre Chichita, su hermana, primos, sobrinos y su hija Nina son algunos de los familiares que lo acompañarán el fin de semana que viene cuando se presente en Mendoza, en el teatro Selectro.A días de llegar a nuestra provincia, Hernán habla de su elenco familiar y la singular experiencia de recorrer el país en un micro lleno de parientes.-¿Cómo es hacer "Una obra en construcción" con tu familia?-Es raro, pero sobre todo divertido, porque mi familia no tiene absolutamente nada que ver con subirse al escenario y yo tampoco, pero tanto las personas que estamos en escena como los técnicos y la producción, somos todos parientes. Somos 16, todos parientes.-Qué suerte tener una familia numerosa...-(Risas) Tampoco es que sea tan numerosa, sino que llevamos primos, cuñados, sobrinos, novios de sobrinas y parece que somos numerosos. En el núcleo más pequeño estamos mi madre, mi hermana y yo y ahora viene mi hija de Barcelona. En Buenos Aires a veces se suman algunos amigos de la infancia, siempre es así, entre amigos y parientes. Tenemos un micro gigantesco con Play Station, cuchetas, como si fuésemos una banda de rock.-Tenemos la suerte de que tu hija Nina (12) va a sumarse en Mendoza a la obra...-Ella viaja desde Barcelona cada dos meses y siempre le gusta venir cuando vamos a hacer un viaje lindo. Estuvimos en Mar del Plata y la Patagonia, ahora en Mendoza y después vamos a Cosquín. Como le va bien en el colegio puede hacer este viaje cada dos meses.-Es algo que les permite mantener el vínculo...-Ella y yo estamos felices, porque no sólo nos permite mantener el vínculo, sino que ella mantenga un lazo con su segundo país. -¿Cómo vive Nina estas giras?-Pensá que mi ex mujer en Barcelona es hija única, es decir que mi hija allá tiene a su mamá y a sus dos abuelos, pero cuando viene acá generalmente se sube a un micro y está con su familia y cientos de espectadores todo el tiempo. Después hacemos fotos o vamos a notas en la tele o en la radio. Vive como una doble vida muy divertida, que por suerte lleva con mucha serenidad.-¿Les sirve tener a un familiar cerca para enfrentar al público, ya que no son actores profesionales?-A todos nos sirve mirar para los costados y ver gente tan conocida todo el tiempo, creo que nos hubiera resultado muy difícil subir al escenario sin esa cercanía fraternal y sin que el público espera algo. El público no espera nada de nosotros, por suerte (risas). Lo primero que les explicamos es que no somos actores y que lo importante no es tanto la perfección, sino esas peculiaridades.El viaje interior-¿Cuál fue la génesis de esta obra?-Me costó mucho volver a vivir a Buenos Aires, porque la crianza de un hijo no termina nunca y mi hija quedaba en Barcelona. Yo viví allá 15 años. Hice mi carrera en el diario El País, trabajé para El Mundo, hacía televisión y radio y no me volví a la Argentina porque no tuviera trabajo. Tampoco me fui a España porque me faltara trabajo acá, fue una decisión por necesidades más personales, puntuales. El año pasado tuve un infarto cuando estaba en Montevideo y cuando el médico me dijo que por tres meses no iba a poder tomar un vuelo interoceánico me quedé en Buenos Aires y tomé la decisión -muy postergada- de quedarme a vivir acá. Además yo tenía un deseo, que era subirme al escenario a contar mis cuentos con los personajes reales.-Porque tu mamá, Chichita, es un personaje de tus cuentos, por ejemplo...-Claro. Al principio alquilé el teatro Caras y Caretas para hacer dos funciones, a las que llamamos "ensayos con público" y las hicimos frente a 700 personas. Era la primera vez que lo hacíamos y suponíamos que la última, pero esas personas generaron un boca a boca muy intenso. Entonces pusimos una función, pensando que la tercera iba a ser la última, pero hubo una cuarta y después se empezó a llenar con mucha anticipación, por ejemplo con un mes vendido. Tuvimos que cambiar el teatro, porque tenía 300 butacas y nos fuimos a uno de 1.200. Nos ha pasado de poner una función y que se agote en una hora. Ahora la hacemos en Buenos Aires una vez por semana y salimos de gira una vez por mes a lugares que tenemos muchas ganas de ir.-Qué singular que después del infarto hicieras una obra donde están tan comprometidos tus afectos, tu corazón...-Sí, tiene mucho que ver, porque el infarto fue una de las mejores cosas que me pasaron, no desde un costado místico, sino práctico. Me sirvió como excusa para hacer cosas que no me animaba a hacer, entre ellas mudarme de país, empezar a entender la vida desde un costado más diurno y no nocturno. Fumaba mucho, escribía de noche y dormía de día. Esos cambios me sirvieron para conectar también con mi alrededor.-¿La escritura, por ejemplo las columnas en los diarios, están en un compás de espera?-Sí, una de las cosas que pasaron luego del infarto es que dejé de fumar y el hecho de hacerlo era para mí un ritual de la escritura, de lo cual no era tan consciente. Después pude escribir un texto largo, pero no sentía ningún placer. Y como no escribo para sobrevivir, por una cuestión económica, sino porque realmente me gusta, dejé de hacerlo y después de más de un año de haber dejado de fumar, le empecé a encontrar el gustito . Hace unos 15 días escribí un par de cuentos y empiezo a disfrutarlo de vuelta. Mientras tanto le encontré el gusto a subirme al escenario, a contar cuentos y hacer radio en Buenos Aires (Perros de la calle) y también en Montevideo, que salgo desde casa.Vocación de madre-¿Cómo es tu mamá, Chichita, en el escenario?-Chichita este año cumple 70, está en su tercer matrimonio y es una adolescente enloquecida, está contentísima. Cuando mi hermana y yo éramos chicos, mi mamá hizo teatro vocacional, pero dejó de hacerlo por problemas laborales, aunque su ilusión siempre fue el teatro, entonces está cumpliendo ese sueño de la adolescencia. La ovacionan, porque lo hace con muchas ganas y además muy bien. Se siente muy reconocida.-Una buena oportunidad para poder cumplir con ese sueño postergado...-En realidad cada una de las personas que se sube al escenario en esta obra, por las razones más diversas, están cumpliendo un sueño, que no solamente es el teatro. Para alguno de mis primos es el contacto con su hermano, que antes no veía y ahora se ven todo el tiempo; para una de mis sobrinas es reencontrarse con ciertos aspectos de la música, porque hace canciones que no se animaba a hacer y ahora lo hace frente a a miles de personas...Cada uno tiene un por qué en este lugar que es completamente azaroso, pero se genera algo -no sobre el escenario, sino más íntimo, entre nosotros- que es bastante mágico.

FUENTE: borrar

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