La columna de Stamateas: "Aprender a pedir"

Por UNO

De la misma forma que les damos a otros, debemos pedir lo que deseamos o necesitamos sabiendo que el otro tiene todo el derecho de responder que sí, o que no. Sea cual sea la posición que tengamos en la vida, todos precisamos aprender a pedir. Y, sobre todo, a hacerlo de manera clara o explícita, para que el otro no tenga dudas de lo que queremos.

Mucha gente nunca pide nada. La razón es que no saben cómo hacerlo o no están dispuestos a pedir por distintos motivos. En algunos casos, las personas sienten vergüenza. Esto suele suceder con aquellos que se encuentran en un lugar de liderazgo con un grupo a su cargo. Su pensamiento es: “¿Cómo les voy a pedir yo algo a ellos?”. En otros casos, las personas sienten que no deberían molestar al otro. Y en otros casos, las personas tienen miedo de ser atacados o rechazados. Piensan: “¿Y si no le parece bien y se molesta conmigo y no me quiere ver más?”.

Lo cierto es que negarnos a pedir esconde una sensación de omnipotencia: “Yo puedo solo/a y no necesito a nadie”. En una ocasión, una señora me compartió que ella siempre se había dedicado a ayudar a la gente, en especial a sus seres queridos. Estaba disponible para los demás todo el tiempo y no era capaz de negarse a nada. Pero con el tiempo su actitud hizo que terminara enfermándose. Aunque esta persona se dedicaba a ayudar a todos, no podía pedir que alguien la ayudara a ella. Entonces como no logró pedir con palabras, lo hizo a través de su enfermedad.

Pero no necesitamos enfermarnos para pedir ayuda o descansar. Tenemos que comenzar por darnos permiso para pedir y “creer” que somos merecedores de que los demás hagan algo por nosotros. La omnipotencia, que casi siempre no es reconocida, nos conduce a pensar a nivel inconsciente que podemos soportar y no nos va a suceder nada malo… hasta que nuestra salud se ve afectada. Muchas veces, estar enfermos o no sentirnos del todo bien es un pedido de ayuda a gritos.

Se necesita valentía para pedir ayuda, incluso más que para brindarla. Es preciso ser fuerte porque pedir nos hace vulnerables y echa por tierra todo el orgullo que podamos tener; mientras que dar nos coloca en un pedestal y alimenta nuestro ego. Pero hallar esa fortaleza que nos permita pedir es posible, solo hay que reconocer nuestra condición de humanos que no lo pueden todo, todo el tiempo.

En algunas familias, cuando uno de sus miembros siempre está dando y nunca pide nada para sí, cuesta aceptar que en algún momento necesita ayuda. La gente se acostumbra fácilmente a recibir (a todos nos gusta que nos den) y encuentra difícil tener que darle, de repente, a quien siempre fue su fuente de ayuda y/o provisión. Aquí es oportuno mencionar que nadie puede dar lo que no tiene. Esto significa que para ser capaces de dar a otros, uno tiene que comenzar por amarse, respetarse y cuidarse a sí mismo.

No pedir nunca (por sentirnos omnipotentes) resulta tan dañino como pedir todo el tiempo (por sentirnos inseguros). La actitud más adecuada para disfrutar de una vida equilibrada es estar dispuesto a dar, siempre que podamos hacerlo; pero también aprender a pedir eficazmente, sin que para el otro sea una obligación, ni con indirectas y, mucho menos, con agresión.

sto último implica dar libremente pero dejar bien en claro lo que esperamos del otro. Cuando nos tomamos el tiempo de explicar lo que estamos esperando, no solo alejamos la frustración de nuestra vida sino que además nos convertimos en personas sanas que dan y también piden, porque saben que se lo merecen.

Ya próximos de comenzar un nuevo año, hagamos un balance y dispongámonos a comenzar el año de una manera diferente, pidiendo y dando equilibradamente.

Temas relacionados: